J. I. Packer: Llamado para enseñar teología al pueblo de Dios

Nota del editor: 

Este artículo pertenece a una serie mensual de biografías breves que hemos estado publicando sobre cristianos que fueron usados por el Señor para impactar a incontables vidas, y de los cuales podemos aprender. Otras biografías en esta serie: Martyn Lloyd-JonesMartín LuteroGeorge MüllerGeorge WhitefieldJohn NewtonFrancis SchaefferWilliam Wilberforce, Jonathan Edwards, y David Brainerd.

El 19 de septiembre de 1933, la vida de James Innell Packer cambió radicalmente.[1]

Tenía solo siete años cuando, huyendo de un compañero de escuela que le hacía bullying, corrío a través de una calle y lo impactó un camión. Cuando lo atendieron, era evidente que algo andaba mal. Era su cabeza. Había recibido un golpe tremendo.

En la providencia divina, un médico especialista atendió a Packer en el hospital. Luego del accidente, su cabeza presentaría por el resto de su vida una abolladura notable, un poco más arriba de su frente. De hecho, lo obligaron a usar una placa de aluminio en su cabeza como protección, la cual abandonó a los 15 años en un acto de emancipación adolescente.

Debido al accidente, sus padres no le permitieron dedicarse a los deportes ni estar mucho tiempo fuera del hogar. Esto dio fin a su sueño de ser jugador de cricket. Entonces, mientras otros niños jugaban en las calles, Packer descubrió un amor por la lectura y la escritura, algo que sus padres incentivaron para que él no saliera tanto de casa:

“En mi cumpleaños once había arrojado amplias pistas de que esperaba [como regalo] una bicicleta… En la mañana de mi cumpleaños, sin embargo, lo que hallé esperándome fue una vieja máquina de escribir. El regalo fue casi profético”.[2]

Por el resto de su vida Packer escribiría exclusivamente en máquinas así… y sus escritos serían usados por Dios para impactar a millones de personas.

Aunque nunca ocupó un púlpito con alta visibilidad ni trabajó en algún seminario grande, por medio de sus muchos escritos y conferencias J. I. Packer se convirtió en una de las personas más influyentes en el movimiento evangélico en todo el mundo. De hecho, “Packer ha publicado tanto que es imposible compilar una bibliografía de sus escritos”.[3]

Él, quién sigue con nosotros a sus 91 años, ha dejado por la gracia de Dios una huella en la historia moderna de la iglesia. Aunque su nombre no es tan conocido en América Latina, vale la pena considerar su vida y lo que podemos aprender de él, en especial aquellos de nosotros que también amamos enseñar y escribir.

“Tal como soy”

Packer nació el 22 de julio de 1926, en el pueblo de Twyning, al suroeste de Inglaterra. Fue el primer hijo de la familia, teniendo una hermana tres años después. Su padre trabajó como supervisor en una red de trenes.

“No puedo decir que la casa tenía mucho de cristiana”,[4] recuerda Packer, quien se describe a sí mismo en su niñez y años posteriores como “una persona extraña, algo solitaria y, como pensaba y sentía, muy pobre en las relaciones humanas”.[5]

¿Recuerdas la abolladura en su cráneo? Ella lo libró de tener que desempeñarse en el servicio militar a los 17 años, permitiéndole ingresar a la Universidad de Oxford a los 18 años gracias a sus calificaciones. Allí fue influenciado por las lecturas de C. S. Lewis, y obtuvo los títulos de Bachiller (1948), Máster (1954), y Doctor (1954). Sin embargo, lo más importante durante su estadía ocurrió tan solo dos semanas luego de su llegada.

Packer fue a un servicio evangelístico el 22 de octubre de 1944 en la iglesia anglicana St. Aldate’s. Los primeros 40 minutos del sermón lo aburrieron pero, al final del sermón, cuando el predicador habló sobre su conversión, el joven Packer fue impactado. Él necesitaba en verdad la salvación que solo hay en Jesús, y creyó el evangelio.

Más de 50 años después, Packer dijo: “Recuerdo la experiencia como si fuera ayer”.[6] Aunque “no hay forma más común de convertirse que recibir al Señor mientras se canta Tal como soy”, su vida no sería la misma.[7] Desde entonces viviría para el Dios que lo salvó.

Una voz evangélica

Pronto se hizo evidente que Packer poseía un don único para instruir a otros.

En 1948 pasó un tiempo enseñando griego en el Oak Hill College. Luego fue ordenado como diácono en la Iglesia de Inglaterra en 1952, y al año siguiente como ministro. Posteriormente sirvió dos años en una iglesia en Birmingham, en lo que podríamos llamar un rol de pastor asociado. Durante este tiempo conoció en una conferencia en Londres a quien sería su esposa, Kit Mullet, con quien se casó en 1954.

Desde 1954 hasta 1961, Packer trabajó como conferencista en Tyndale Hall, un importante colegio teológico evangélico en Bristol. Luego, por el resto de la década de los sesentas, fue director de Latimer House, un grupo de estudios y reflexión evangélica en Oxford. Este grupo sería el principal centro de recursos para evangélicos anglicanos en Inglaterra. Más adelante, desde 1971 hasta 1979, Packer fue director de Tyndale Hall, alcanzando con su enseñanza una gran influencia en la iglesia en Europa y Norteamérica.

En estos roles, la notoriedad de Packer como líder evangélico a favor de la sana doctrina no hizo más que crecer. Esto siguió cuando, en los ochentas, Packer se mudó a Vancouver (Canadá) para enseñar en Regent College hasta 1996. En ese año asumió el cargo de Profesor de Teología de la Junta de Gobernadores de la institución, el cual conserva hasta hoy.

La autoridad de Dios en la verdad revelada de la Biblia y a través de ella debe controlar y moldear nuestra creencia y nuestro comportamiento.

Packer llegó a ser reconocido debido a sus decenas de libros, entre los que destacan su primer libro, El “fundamentalismo” y la Palabra de Dios (una defensa de la autoridad de la Escritura y su rol en la vida cristiana); y El conocimiento del Dios santo, su texto más vendido.

Asimismo, por medio de escritos y conferencias, Packer contribuyó a la expansión actual de las doctrinas de la gracia y al renacimiento de interés por los puritanos, canalizando la voz de ellos para una nueva generación. “Los grandes puritanos, aunque muertos, todavía nos hablan a través de sus escritos, y nos dicen cosas que necesitamos escuchar en este momento”.[8]

Además, Packer sirvió durante décadas como asesor teológico para Christianity Today, una de las publicaciones evangélicas más destacada en el mundo. Allí ha gozado de libertad creativa para publicar decenas de artículos de todo tipo durante los años (escritos teológicos, de opinión, biográficos, sobre historia, etc.). Si hay una voz que podamos asociar fácilmente con el evangelicalismo, esa es la de J. I. Packer.

Packer y sus convicciones

¿Cómo describir el rol de Packer? En sus propias palabras recientes:

“Si me pidieran que me perfilara en esta etapa de mi vida, debería comenzar destacando mi sentido continuo de ser llamado por Dios, siendo yo un pecador salvo por Él, y debiéndole todo a su gracia, para servir a su pueblo como un ministro-maestro que comunique la verdad bíblica y vivificante de la providencia, la bondad, y el conocimiento del Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, y por lo tanto un acompañante de la formación espiritual y un ayudante de las almas atribuladas”.[9]

Esto ha sido una característica sobresaliente durante su vida, y para comprender lo profundo de sus convicciones evangélicas, hay tres cosas que vale la pena mencionar.

Primero, están sus palabras sobre su servicio como editor de la English Standard Version (ESV, por su abreviatura en inglés), una de las versiones de la Biblia más leídas hoy:

“Cuando pienso en cómo Dios me ha guiado durante los sesenta y seis años de mi vida cristiana, y le agradezco por los libros que he podido escribir, y la verdad que he podido difundir durante esos años, me encuentro concluyendo que lo más significativo que he podido hacer… ha sido servir en la producción de la ESV, una realidad mucho más importante para la iglesia que cualquiera de los libros de Packer”.[10]

A Packer le importa más que la gente tenga una nueva y buena versión de la Biblia, y no que las personas lean sus libros. La Palabra siempre es primero.

Segundo, aunque Packer siempre ha estado comprometido con la Iglesia anglicana, él afirma en uno de sus libros algo que bien podría decirse de casi todos sus escritos: “Antes de ser anglicano, soy evangélico, y he intentado escribir de tal manera que todos los evangélicos, y los aspirantes a ser evangélicos, se beneficien”.[11] La agenda de Packer no es hacer avanzar su denominación; es hacer avanzar el evangelio. En ese sentido, desde el comienzo de su ministerio se ha propuesto enseñar lo que podríamos llamar el mero cristianismo (tomando prestado el nombre del clásico de Lewis) con raíces evangélicas.

Tercero, Packer no ha temido involucrarse en controversias por defender la sana doctrina. Podemos decir esto a pesar de que en el pasado se le relacionó con el ecumenismo.[12] En la opinión de Packer, aquello fue un intento de cooperar contra algunos enemigos comunes al catolicismo romano y el evangelicalismo, sin nunca ceder las creencias evangélicas.

Aunque es debatible si Packer actuó bien al respecto, eso no borra su lucha por la Palabra en distintos frentes. Por ejemplo, escribió en contra de los acuerdos ecuménicos que ignoran los desacuerdos teológicos; refutó el universalismo; y ha combatido varias veces contra enseñanzas erradas sobre el rol y la persona del Espíritu Santo. Suena paradójico que una persona conocida por su amabilidad como Packer se haya envuelto en estas y otras batallas teológicas, pero somos llamados a contender por la verdad (Jud. 3).

Nuestra teología siempre impacta nuestra vida diaria, estemos conscientes de esto o no.

Como prueba de sus convicciones, Packer fue suspendido por la Iglesia anglicana de Canadá debido a su desacuerdo con la postura de la denominación hacia el matrimonio homosexual. Él pertenece hoy a otra denominación anglicana en donde su influencia es fuerte.

¿Por qué Packer no teme involucrarse en controversias debido a sus convicciones? Para él, “la autoridad de Dios en la verdad revelada de la Biblia y a través de ella debe controlar y moldear nuestra creencia y nuestro comportamiento”.[13] Enseñar y defender la verdad no es opcional para el creyente.

Esto nos conduce a lo más importante que él nos enseña a lo largo de su ministerio: nuestra teología siempre impacta nuestra vida diaria, estemos conscientes de esto o no.

La teología tiene consecuencias

“Llegar a ser maduro en Cristo depende… de aprender a pensar en términos de las verdades y los valores bíblicos, y a desaprender todas las formas alternativas de pensamiento que el mundo ofrece”.[14] Por lo tanto, necesitamos estar anclados a la verdad.

Si la iglesia ha perdido fortaleza, el problema empieza con las ideas erradas que cree y la ignorancia de lo que necesita abrazar:

“A medida que pasan los años, cada vez me siento más agobiado por la sensación de que las personas más conservadoras de la iglesia en Occidente… están, si no muriendo de hambre, al menos gravemente desnutridas… La ignorancia sobre Dios —ignorancia tanto de sus caminos como de la práctica de la comunión con Él— está en la raíz de buena parte de la debilidad de la iglesia en la actualidad.”[15]

Packer nos enseña que “una vez que comprendemos que el propósito principal para el cual estamos aquí es el de conocer a Dios, la mayoría de los problemas de la vida encuentran solución por sí solos”.[16] Es por eso que los teólogos, maestros, predicadores, y escritores cristianos deben ser como trabajadores de aguas residuales:

“[La función de ellos] es detectar y eliminar la contaminación intelectual y garantizar… que la verdad vivificante de Dios fluye pura y sin veneno hacia los corazones cristianos. Su llamado los obliga a actuar como ingenieros de agua de la iglesia, buscando mediante su predicación, enseñanza, y exposición bíblica que el flujo de la verdad sea fuerte y constante; pero quiero retratarlos, particularmente, como eliminadores de aguas residuales espirituales”.[17]

En medio del despertar a la sana doctrina que estamos presenciando, estas palabras son relevantes porque nos recuerdan la naturaleza de lo que Dios demanda de toda persona llamada a servir a la iglesia en roles de enseñanza. La iglesia no necesita innovación, sino volver a lo que está en la Biblia, en especial el evangelio.

La ignorancia sobre Dios —ignorancia tanto de sus caminos como de la práctica de la comunión con Él— está en la raíz de buena parte de la debilidad de la iglesia en la actualidad.

Necesitamos purificar el agua doctrinal que consumimos y estar más satisfechos con la verdad eterna, siempre con Cristo en el centro. Como ha dicho Packer: “Desde el principio no estaba dispuesto a permitir que ningún libro [que yo había escrito] no llevara el evangelio”.[18]

Nuestra teología tiene consecuencias. Tomemos la Palabra en serio si hemos de tener un impacto en las vidas de otros. “Toda mi escritura y ministerio ha tenido el enfoque de alimentar [a la iglesia], y todo ministerio que vaya a permanecer en el futuro tendrá el mismo enfoque”.[19]

Apliquemos la verdad a la vida

De esta manera, Packer nos modela también la importancia de aplicar la verdad bíblica.

Sus libros rebosan no solo de teoría, sino de aplicación práctica. Esto es lo que, por la gracia del Señor, hace la diferencia en la vida de muchos lectores. “La buena teología… constantemente exige decisiones deliberadas y responsables sobre cómo vamos a vivir”.[20]

“Hay escritores que piensan que simplemente con formulaciones crudas y ortodoxas de verdad y sabiduría bíblica, sin ninguna búsqueda de aplicación para el lector, están cumpliendo el papel completo de un escritor cristiano, y que no se requiere nada más de ellos. No creo que eso sea así. Ya hay suficiente gente que puede verbalizar la ortodoxia en papel. Lo que no tenemos es escritores que puedan unir la verdad y la sabiduría sobre el Dios de las Escrituras con la comunicación personal… comunicación que golpea el corazón, que te hace comprender que este escritor es una persona que habla con otras personas, que este escritor está tratando de buscarme para ayudarme, y debo dejar que lo haga. Hay un cierto arte y oficio en la escritura de tal manera que llegue al corazón del lector. Creo que a veces Dios me ha permitido hacer eso en cosas que he escrito. No es un accidente, es algo que he tratado de hacer y seguiré intentando hacer. Así que le diría a un incipiente escritor: es una habilidad que debes aprender”.[21]

¿Acaso estas palabras no son también para todo pastor, maestro, líder, y teólogo?

La buena teología constantemente exige decisiones deliberadas y responsables sobre cómo vamos a vivir.

Hoy Packer ya no puede escribir debido a que ha perdido la vista. Pero su ejemplo sigue presente. Recientemente alguien le preguntó: “¿Cuáles serían tus últimas palabras para la iglesia?”, y él respondió: “Glorifica a Cristo de todas las maneras”.[22] Definitivamente, eso lo hacemos cuando atesoramos la Palabra, eliminamos de nuestro pensamos las ideas erradas sobre Dios, llevamos nuestra sana doctrina a la práctica, y contendemos por la verdad.

Demos gracias a Dios por obrar para bien aquel accidente con un camión hace más de 75 años, y oremos que Él levante de entre nosotros a más hombres que entiendan que la verdad importa y debe ser aplicada a nuestros corazones, en vez de simplemente formulada.


[1] El título de esta breve biografía está inspirado en el título del libro, Doing Theology for the People of God: Studies in Honor of J.I. Packer (Intervarsity, 1996).

[2] J. I. Packer: In His Own Words (Crossway).

[3] Ryken, Leland. 10 Things You Should Know about J. I. Packer.

[4] J. I. Packer: In His Own Words.

[5] Ryken, Leland. J. I. Packer: An Evangelical Life (Crossway), p. 21.

[6] Ibíd, p. 38.

[7] Ibíd, p. 193.

[8] Ibíd, p. 197.

[9] Ibíd, p. 414-415.

[10] Ibíd, p. 261.

[11] Packer, J. I. Taking God Seriously: Vital Things We Need to Know (Crossway),  p.15.

[12] Esto lo separó de Martyn Lloyd-Jones y trajo fin a las célebres conferencias sobre los puritanos, en las que ambos trabajaron juntos por varios años. Sobre tal separación, Packer ha escrito en un ensayo biográfico sobre MLJ: “‘¿Alguno de nosotros tenía razón? La historia juzgará, y a la historia remito el asunto’. Después de eso, Packer es completamente elogioso en sus recuerdos de Lloyd-Jones. Él termina diciendo que Lloyd-Jones ‘encarnó y expresó’ la gloria de Dios ‘más ricamente que cualquier hombre que todos hayan conocido’” (Citado en: Ryken, p. 183).

[13] Ryken, p. 255.

[14] Packer, J. I. Caminar en sintonía con el Espíritu: Cómo encontrar la plenitud en nuestro andar con Dios (Publicaciones Andamio), loc. 144-145.

[15] Aquí en realidad hay dos citas de Packer: la primera aparece citada en Ryken, p. 229; y la segunda está en El conocimiento del Dios santo (Editorial Vida), p. 10.

[16] El conocimiento del Dios santo, p. 43.

[17] Ryken, p. 336.

[18] Ibíd, p. 245.

[19] J. I. Packer: In His Own Words.

[20] Ryken, p. 339.

[21] Citado en: Tony Reinke, J. I. Packer’s Advice To Aspiring Writers.

[22] Ivan Mesa, J. I. Packer, 89, On Losing Sight But Seeing Christ.


Imagen: Crossway.
Compartir
CARGAR MÁS
Cargando