×

Cuando tenía 24 años estaba atravesando varias luchas personales que me trajeron sufrimiento y tristeza, tanto por mi propio pecado como por el pecado de otros hacia mi. Sin embargo, lo que más recuerdo de esa temporada difícil es la fidelidad del Señor a través de hermanos maduros en la fe que no se alejaron de mí y me aconsejaron sabiamente. Ahora puedo mirar hacia atrás y ver cómo la iglesia local ha sido de bendición para mí: me ha guiado, exhortado, disciplinado y amado de muchas maneras.

Así que, escribo esto con mi iglesia local en mi mente y mi corazón, porque los conozco y ellos me conocen. Este artículo está bañado de la dinámica eclesial, pues mientras consideraba qué se debe tener en cuenta a la hora de aconsejar a los jóvenes creyentes, estuve pidiendo consejos, conversando con otros líderes, amigos y hermanos en Cristo.

Entonces, te animo a leer atentamente las siguientes lecciones a tener en cuenta a la hora de aconsejar a los jóvenes de la iglesia local, y que evalúes con sinceridad tu corazón y práctica.

1. Conoce y ama

Es fundamental entender que conocer a alguien y amarle es la puerta de entrada para un consejo verdaderamente sabio y transformador. Amar a los jóvenes de tu iglesia no es o no debe ser un sentimiento pasivo, sino un compromiso activo de encarnar la gracia de Cristo al adentrarnos en su realidad, construyendo una base de confianza y seguridad donde no se sientan juzgados por sus debilidades, sino sostenidos.

La verdadera madurez espiritual no nos aleja de las nuevas generaciones, sino que nos acerca para servirles

Si partimos del fundamento del amor, concluimos que conocerlos no se limita a recopilar datos superficiales, como sus gustos o pasatiempos, sino que implica adentrarse al nivel de su corazón. Cuando nos detenemos a escuchar, estamos comunicando respeto y que reconocemos el valor intrínseco del joven: descubrir sus temores, los ídolos que necesita derribar, las motivaciones profundas y la manera en que perciben su propio sufrimiento o pecado.

Siguiendo el ejemplo de Hebreos 4:14-16, nuestro fin es que ellos experimenten la misma compasión y comprensión que Cristo nos ofrece. Al tomarnos el tiempo para escuchar con paciencia y hacer preguntas sabias que revelen lo que realmente gobierna sus vidas, les ayudamos a que se conozcan a sí mismos a la luz de las Escrituras.

Solo cuando un joven se siente genuinamente amado y profundamente comprendido en su humanidad, baja sus defensas. Esto permite que el consejo bíblico no sea recibido como una regla impuesta o moralista, sino como un bálsamo de gracia y una guía práctica y esperanzadora para su transformación espiritual. Además, debemos conocerlos para saber qué conviene hacer en cada situación, de acuerdo al mandamiento bíblico: «Les exhortamos, hermanos, a que amonesten a los indisciplinados, animen a los desalentados, sostengan a los débiles y sean pacientes con todos» (1 Ts 5:14). No podemos exhortar, amonestar o animar si no sabemos lo que están pasando en sus vidas.

2. Predica el evangelio 

En el proceso de aconsejar a los jóvenes, es clave presentarles el evangelio. Muchas veces corremos el riesgo de aconsejar a jóvenes que en realidad no han nacido de nuevo. En vez de ayudarlos, quizás estemos cargando en sus hombros algo que, aunque es ligero por el evangelio, es imposible de llevar sin el Espíritu Santo en nosotros. Así que asegúrate de que tus consejos recuerden el evangelio una y otra vez. Quizás el Señor despierte a algunos de ellos a Sus maravillas.

Pero aun si son creyentes, siempre es bueno predicar el evangelio. Todos, creyentes y no, necesitamos oír cómo la obra de Cristo nos ayuda en la vida diaria. Cuando puedas, haz preguntas para averiguar qué saben del evangelio. Encuentra oportunidades para que te expliquen con sus palabras qué es el evangelio, quién es Dios, quién es el Hijo y quién es el Espíritu Santo. Eso te ayudará también a ver su cosmovisión y sobre esa base puedes dar consejos con sabiduría y prudencia.

3. Sé bueno modelando

El discipulado sabio no se limita a las respuestas que damos en una cafetería o en una silla los domingos, sino que involucra abrir nuestras vidas. Consiste en invitarlos a compartir nuestro tiempo, nuestra casa y nuestra cotidianidad.

Recuerdo haber caminado con grandes mujeres que me guiaron y aconsejaron (y lo siguen haciendo). Ellas me invitaban a compartir sus vidas. Invitaciones como «Mañana tengo que ir a visitar a tal hermana, ¿me acompañas?» o «¿Quieres venir a almorzar el domingo?» eran constantes. De igual manera, mi vulnerabilidad encontraba espacio en sus vidas, pues me sentía cómoda de preguntar: «¿Puedo ir a tu casa esta tarde?» o «No quiero estar sola, ¿puedo quedarme?».

Aconsejar se trata de tener un corazón tan impactado por Cristo que tus acciones modelen de forma natural lo que es vivir la Biblia

Estas mujeres modelaron para mí lo que significa vivir para Cristo. Su cotidianidad fue una gran escuela. Así aprendí que aconsejar no se trata solo de ser un conocedor empedernido de la Palabra, dominar los puntos de la teología reformada o saber sobre la historia de la iglesia. Se trata de tener un corazón tan impactado por Cristo que tus acciones modelen de forma natural lo que es vivir la Biblia.

Pablo enseñó a sus lectores originales que lo imiten a él (1 Co 11:1; Fil 3:17), pero no lo hacía desde el orgullo o la arrogancia, sino que esto era lo mismo que le encargaba a quienes discipulaba, como le dijo a su joven discípulo Timoteo: «Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza» (1 Ti 4:12).

Mi punto no es fomentar confianza plena en las personas, porque claramente todos los creyentes estamos en nuestro propio proceso de santificación. Sin embargo, sería una hipocresía que un cristiano pretenda aconsejar algo bajo la premisa de: «Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago».

4. Ofrece consejos anclados en la Palabra 

Es importante señalar que, a la hora de aconsejar a los jóvenes en la iglesia local, los consejos no se deben sostener sobre la base de nuestras mejores opiniones o experiencias. En cambio, nuestros consejos deben estar profundamente arraigados en la autoridad y la suficiencia de la Palabra de Dios.

Recordemos que los jóvenes, en general, están atravesando un momento que se caracteriza por la búsqueda de identidad, presión social y decisiones trascendentales, por lo que darles meros consejos personales o soluciones solo pragmáticas son insuficiente y hasta es peligroso para sus vidas. En cambio, busquemos que mantengan sus mentes ancladas a la Palabra, para que no terminen moldeando a Cristo a la imagen de ellos, sino que ellos sean transformados a la imagen de Cristo.

Discipular no se trata de dar un buen consejo de nuestra parte y nada más. Nuestro objetivo al discipular no es ser la fuente de consejo de nuestros amigos, sino aconsejar la Palabra a nuestros amigos. Esto es una gran verdad que debemos recordar y vivir.

El hecho de aconsejar desde la Palabra te libera de la frustración de creer que tú puedes cambiarlos. Recuerda ser fiel y Dios hará Su obra (Fil 1:6).

5. Persigue la humildad 

Hay un peligro que corremos cuando intentamos aconsejar a los jóvenes en la iglesia: nuestro propio corazón.

Considera el siguiente escenario. Un joven, cuando se acerca pidiendo consejo, viene en un estado de vulnerabilidad. Probablemente esté triste, sufriendo o enojado. Encontrar a un líder que se presenta como un experto que no falla o con un aire de superioridad moral, probablemente, hará que se aleje o que se encierre.

Siempre se trata de Cristo, que nuestros consejos sean canales hacia El

La verdadera madurez espiritual no nos aleja de las nuevas generaciones, sino que nos acerca para servirles. Al mirar a Jesús, comprendo la esencia del discipulado: el Dios del universo se despojó de Su gloria para lavar los pies sucios de discípulos egoístas y falibles (Jn 13:1-11).

Mientras un joven te pide un consejo, te animo a que clames en tu corazón por humildad y por sabiduría divina, pidiendo al Espíritu que controle tus reacciones y guíe tus palabras. Solo cuando cultivemos este corazón de siervos que dependen totalmente de la sabiduría del cielo, podremos reflejar el amor auténtico que no es solo de palabra, sino de hecho y en verdad.

6. Sé paciente y persevera

Por último, pero no menos importante, cuando nos acerquemos a los jóvenes para aconsejarlos debemos ser pacientes y perseverantes. Recordemos el primer punto (conoce y ama): para conocerlos debemos ser pacientes. Ya sea que el joven necesite exhortación, amonestación o ánimo, debemos practicar la paciencia con ellos en cada área sobre la que aconsejamos.

La realidad es que cuando somos jóvenes —y en toda etapa de la vida— es común que luchemos con el egocentrismo, queriendo hacer siempre nuestra voluntad. Pero ante esta realidad, debemos ser honestos: el cambio real y duradero no se logra con fórmulas mágicas de internet ni con soluciones exprés de cinco minutos. Todo lo contrario, es un proceso largo, diario y continuo que involucra tres pasos clave: (1) confesar nuestros pecados sin poner excusas, (2) cambiar de rumbo con un arrepentimiento genuino desde el corazón y (3) poner toda nuestra fe en Dios.

Acompañar y aconsejar a un joven se convierte en un lugar de oración continua, de dependencia total del Señor y de Su Palabra. Intentamos guiarlos desde allí, no para ganar una discusión, sino para conducirlos a la cruz, mientras confiamos plenamente en que Aquel que inició la buena obra en ellos la perfeccionará a su debido tiempo. Recuerda: siempre se trata de Cristo. Que nuestros consejos sean canales hacia El.

Recibe cada día los artículos, podcasts, y vídeos más recientes.

Lo más leído

CARGAR MÁS
Cargando