«¿Quién va a dar gracias por los alimentos?».
Para la mayoría de los creyentes, la oración por los alimentos es algo natural, que practicamos día a día. Sin embargo, por ser un acto tan repetitivo, podemos caer en algunos errores casi sin darnos cuenta.
A continuación, te comparto algunos de los que considero los errores más comunes al orar por los alimentos. Luego ofrezco algunas ideas para transformar esta práctica en un verdadero acto de adoración a Dios.
Error 1: Orar de manera mística
¿Qué tienen en común los siguientes ejemplos?
- Una familia sale a un picnic y nota que su comida no huele bien, al parecer se encuentra en descomposición por el calor, pero no están seguros. Entonces, por no buscar una alternativa, oran: «Dios, te pedimos por estos alimentos para que no nos hagan daño…», pensando que la oración limpiará los alimentos de las bacterias.
- Una mujer lleva cinco años lidiando con la diabetes, pero le encanta comer pan dulce todos los días, entonces ora pensando que su oración evitará que sus niveles de glucosa aumenten y compensará su falta de dominio propio.
- Una pareja organiza una reunión social en su casa y consideran que tal vez pueden llegar más invitados de los esperados, pero, en vez de ser precavidos, concluyen que si eso pasa siempre pueden orar: «Señor, te pedimos que multipliques los alimentos para que alcancen…», creyendo que la comida se volverá infinita.
Estos ejemplos tienen en común que las oraciones esperan soluciones mágicas, cuando la prudencia y el sentido común nos llevan en otra dirección. A esto se le conoce como misticismo.
Seguramente la mayoría de las personas no hace esta clase de oraciones con mala intención; sin embargo, estas peticiones desafían las leyes naturales de una forma que la Biblia no nos llama a hacerlo.
La oración por los alimentos no es solo una tradición que debemos seguir, es una forma de agradecer a Dios por Su provisión
Aunque Dios puede hacer milagros —multiplicó el aceite de la viuda, el vino en una boda y dio pan a las multitudes en al menos dos ocasiones— no instruyó que esperemos un milagro en cada comida, especialmente si queremos que Él «repare» nuestra negligencia.
En cambio, es fundamental que nuestras oraciones sean coherentes con la sabiduría que Dios nos ofrece. Es apropiado pedir que los alimentos saludables nos fortalezcan y nutran o simplemente agradecer a Dios por el placer de disfrutar sabores como el helado o la pizza en momentos especiales. Además, en algunas ocasiones, es legítimo pedir por un milagro, que el Señor cuide nuestra salud al comer algo o que se multiplique en casos de necesidad.
No obstante, es un error creer que la oración es un recurso mágico que podemos manipular para nuestra comodidad y conveniencia. Orar por los alimentos de esta manera solo nos conducirá a la frustración cuando las cosas no ocurran como esperamos.
Error 2: Orar solo por costumbre
Otro error común al momento de orar por los alimentos es hacerlo rutinariamente, sin razonar lo que estamos diciendo.
Por ejemplo, nuestros labios pueden pronunciar «Gracias Dios por estos alimentos», cuando en realidad no estamos agradecidos. De hecho, somos capaces de pronunciar estas palabras cuando hay queja en nuestro corazón.
También caemos en este error cuando hacemos una oración rápida solo por cumplir y para comer con «una conciencia tranquila». La mayoría de las veces, estas oraciones se transforman en las vanas repeticiones que Jesús nos llamó a evitar (Mt 6:7).
En realidad, la oración por los alimentos no es solo una tradición que debemos seguir, es una forma de agradecer a Dios por Su provisión. En la Biblia encontramos diferentes momentos en los que nuestro Señor Jesucristo oraba por los alimentos para dar gracias al Padre (Mt 14:19; Lc. 22:19; Lc 24:30); nosotros queremos seguir Su ejemplo.
¡Hay tanto por agradecer cuando se trata de nuestra comida! Podemos agradecer a Dios no solo por el alimento, sino por las personas que participaron en el proceso de que llegara a nuestra mesa: los agricultores, los vendedores, las personas que los compraron y quienes se esforzaron por prepararlos.
Error 3: Orar con vergüenza o no orar
Finalmente, otro de los errores más comunes al orar por los alimentos es hacerlo con vergüenza o no hacerlo por miedo a lo que otros piensen de ti.
La oración por los alimentos no es un ritual, sino un medio para recordar la bondad de nuestro Dios al suplir nuestras necesidades
Por ejemplo, estás en tu escuela, trabajo, en un lugar público o en una reunión familiar con personas no creyentes y, para evitar que crean que eres «muy religioso» o un «fanático», decides orar solo en tu mente. Tal vez no eres del todo consciente, pero actos como este demuestran que valoras más la opinión humana que la opinión de Dios.
Querido hermano en la fe, si este (o alguno de los anteriores) es tu caso, quiero recordarte que Dios envió a Su Hijo Jesucristo para morir por nuestros pecados. Aunque Él tenía el derecho de avergonzarse de nosotros por toda nuestra iniquidad, no se avergüenza de llamarnos Sus hermanos (He 2:11). Al contrario, nos ama tanto que aunque lo deshonramos con esta clase de acciones, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad (1 Jn 1:9).
Te animo a orar por los alimentos. Anímate al considerar que orar frente a no creyentes puede ser una oportunidad para testificar que sigues a Cristo y que quieres hablar de Él.
Un recordatorio final
Al orar por los alimentos no debemos perder de vista que la provisión de Dios no se limita solo al alimento físico.
Aunque el Señor está interesado en nutrir y fortalecer nuestro cuerpo, Él también desea nutrir nuestra alma para nuestro crecimiento integral, de modo que reflejemos Su imagen sirviendo a otros. «Pero Jesús le respondió [al tentador]: “Escrito está: ‘No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’”» (Mt 4:4).
Por esta razón, te invito a que aproveches tus oraciones por los alimentos para agradecer por el alimento espiritual que Dios nos ha provisto a través de Su Palabra, la Biblia, por medio de la cual nos hace crecer espiritualmente (1 P 2:2).
La oración por los alimentos no es un simple ritual cristiano, sino un medio para recordar la bondad de nuestro Dios al suplir todas nuestras necesidades. Cuando oramos con gratitud, libertad y conscientes de que Dios nos escucha, comemos con mayor conciencia de cómo lo hacemos ante Dios, y damos gloria a Él al testificar sobre Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable (1 P 2:9).




