La Reforma transformó el trabajo: Entrevista a José Moreno Berrocal

El trabajo no es una maldición, es para lo que fuimos hechos. La Biblia nos enseña que Dios nos creó para glorificarle cultivando el jardín de este mundo. Tuvimos la oportunidad de hacer algunas preguntas a José Moreno Berrocal sobre cómo la Reforma transformó el concepto del trabajo. Moreno Berrocal es autor de La influencia de la Reforma en el trabajo y la protección social.


¿Cómo se concebía el trabajo antes de la Reforma? ¿Cómo es que la Reforma ayudó a revolucionar ese concepto?

Conforme la iglesia cristiana fue alejándose de la Escritura, algo que alcanzó su punto álgido durante la Baja Edad Media, se fue progresivamente perdiendo de vista el concepto bíblico del trabajo. Este fue sustituido por el pagano. Es decir, se concibió el trabajo como algo que evitar, como si fuera una especie de castigo divino. Pero la Biblia, concretamente el texto de Génesis 3, que nos enseña acerca de las consecuencias de la Caída del hombre en pecado, no dice que el trabajo sea una maldición. Lo que dice el pasaje es que la tierra producirá espinos y cardos y que el hombre se cansará en su labor (Gn. 3:18). Es decir, la maldición es el cansancio y la frustración en el trabajo, no el trabajo mismo.

La Reforma, precisamente porque significó un retorno a la Biblia, restauró también el concepto bíblico del trabajo como una de las llamadas ordenanzas de la creación, como una bendición de Dios a los hombres por el que podemos glorificar a Dios en toda nuestra manera de vivir, y ser de utilidad a otros. La Reforma reconoció los efectos de la Caída en el trabajo, pero conservó esa visión positiva del mismo tal y como enseñaban pasajes como Génesis 2:15-20.

¿Por qué solemos olvidarnos del impacto de la Reforma en el trabajo y la protección social?

En general, el mundo cristiano evangélico ha sido muy influenciado por una teología y cultura evangélica escapista, de huída del mundo ante lo que se percibe como una realidad de creciente e irremediable corrupción, y la inminente venida de Cristo para solucionar todos los problemas. Se ha creído que esta visión pesimista del mundo era el auténtico consenso evangélico. Pero esto está muy lejos de ser cierto. El Gran Despertar Evangélico del siglo XVIII siempre valoró muy especialmente que la vida cristiana tendría que impactar en la sociedad como conjunto. Es un hecho histórico que la recepción del evangelio llevaba, a los que se habían arrepentido de su pecado y puesto su confianza en Jesucristo como Señor y Salvador, a conducirse de una manera diligente y fiel en el trabajo, y a los patronos a remunerar adecuada y puntualmente la obra realizada, adornado así, como se dice en Tito, el evangelio (Tito 2:10). La evidencia de la conversión para los primeros evangélicos era una vida social intachable que incluía un trabajo honesto y bien hecho.

En cuanto a la protección social se debe al hecho de que en Occidente, particularmente, somos presa de una cultura muy individualista, incluso en el mundo evangélico, que descuida la dimensión social de la fe. Muchos han olvidado que somos responsables del hermano (Gn. 4:1), y que la parábola del buen samaritano es de aplicación para todos hoy. Esto lo vemos también en que muchos creyentes solo se centran en su relación personal con Jesús, y olvidan que la fe cristiana solo se puede vivir en comunidad; de entrada en una iglesia local, pero después en la sociedad para ser así sal y luz en la misma (Mt. 5:13-16). Que el trabajo tiene un indudable sesgo social lo demuestran pasajes como Efesios 4:28, donde se exhorta a trabajar para compartir con el que padece necesidad.

¿Qué es el “estado de bienestar”? ¿Por qué es importante para los creyentes saber acerca de este concepto?

El estado de bienestar se refiere a un modelo de organización social en el que el Estado asume, por medio de una imposición justa y progresiva, funciones asistenciales y redistributivas de la riqueza de la nación, entre todos sus ciudadanos sin exclusión. Esta configuración del Estado hunde, en parte, sus raíces en la labor de los diáconos en la iglesia primitiva y en la enseñanza de textos como 2 Corintios 8:15: “El que recogió mucho no tuvo más, y el que poco no tuvo menos”, que, a su vez, es una cita que hace el apóstol Pablo de Éxodo 16:18. Es una extensión a la sociedad de estos y otros principios bíblicos que se aplicaban en las iglesias primitivas, y que se recuperaron durante la Reforma protestante del siglo XVI.

Ciudades como Ginebra, Glasgow, o Copenhague entre otras muchas, lugares donde la Reforma impactó, fueron ejemplo y modelos para el desarrollo de lo que hoy conocemos como este estado del bienestar. Los cimientos del mismo se encuentran en la Reforma del siglo XVI, con esa consideración integral de la persona, el prójimo, buscando su bienestar espiritual, indudablemente, pero también material.

¿Cómo puede el comprender la influencia de la Reforma en el trabajo, la protección social, y el estado de bienestar afectar la manera en que hacemos nuestras labores?

Debe impactar en muchas áreas de nuestras vidas cristianas. De entrada, nos muestra que la vida cristiana es un llamamiento para vivir para la gloria de Dios en Cristo de una manera integral. Es decir, todo lo que hacemos es espiritual. Este es el concepto que se redescubrió en la Reforma y que se ha perdido en muchos sectores cristianos. Bíblicamente no puede haber una separación entre las actividades llamadas seculares y las llamadas sagradas. Todo lo que hacemos, desde barrer la casa, cuidar de la familia, estudiar, asistir a la iglesia, y cumplir fielmente en nuestros empleos, es aceptable en Cristo, y debe ser realizado para la gloria de Dios (1 Co. 10:31).

Por otro lado, el cristiano debe defender y procurar desarrollar aquellas influencias bíblicas que han hecho bien a la sociedad en su conjunto, como es el estado de bienestar. En este sentido, siempre me pareció magnífica la afirmación de sir Fred Catherwood que fue vicepresidente del Parlamento Europeo y yerno de M.D. Lloyd-Jones: “El estado de bienestar ha hecho más que cualquier otro en la historia para proteger a los miembros más débiles de la sociedad”. En este sentido, apuntalamos estos logros, mostrando que su origen, en parte, se encuentra en la predicación de Cristo y este crucificado (1 Cor. 2:2), quien al transformar a las personas, ha cambiado también las sociedades. Los que son reconciliados con Dios en Cristo han sido siempre agentes de bendición para este mundo y así deben seguir siendo.


Imagen: Unsplash
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