¿Qué pensaba Juan Calvino acerca de los inmigrantes?

Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de La influencia de la Reforma en el trabajo y la protección social (Andamio Editorial, 2018), por José Moreno Berrocal.

Por la extraordinaria y creciente actualidad de la emigración en estos momentos, es muy pertinente que prestemos especial atención a la actitud de Calvino hacia los refugiados. Hemos de recordar que Calvino mismo era en Ginebra un refugiado más. Calvino sostuvo que las nuevas formas de empleo en las innovadoras industrias en Ginebra contribuirían a paliar, de algún modo, su situación.

Además, es preciso recordar que, basándose en la legislación mosaica, Calvino exhortó repetidamente a acoger a los emigrantes que llegaban a Ginebra como refugiados desde muchos lugares de Europa.

Es por ello por lo que, en su exposición sobre Éxodo 22:21: “No maltrates ni oprimas a los extranjeros, pues también tú y tu pueblo fuisteis extranjeros en Egipto” y Levítico 19:33-34: “Cuando algún extranjero se establezca en vuestro país, no lo tratéis mal. Al contrario, tratadlo como si fuera uno de vosotros. Amadlo como a vosotros mismos, porque también vosotros fuisteis extranjeros en Egipto. Yo soy el Señor y Dios de Israel” (RV60), Calvino señala que estos preceptos nos inculcan a que: “Cultivemos la equidad hacia todos sin excepciones”.

El Reformador sostiene que: “Es Dios el que se interpone a sí mismo y su protección, para que no se haga daño a los extranjeros, y, ya que no habrá nadie dispuesto a sufrir maltrato, para defenderlos, están más expuestos a ser tratados con violencia y a múltiples formas de opresión por parte de los impíos”.

Calvino hace hincapié de modo expreso en que Moisés recuerda a los judíos que: “La pobreza y el hambre habían empujado a sus antepasados a Egipto, donde habían sido recibidos con hospitalidad, cuando estaban necesitados de ayuda por parte de otros”. La conclusión a la que llega Calvino tras la exposición de estos textos no puede ser más extraordinaria:

“Por tanto, parece evidente que el calificativo de prójimo no se puede confinar a las personas que son de un tronco común, o con las que estemos, de alguna manera, más o menos relacionadas, sino que se extiende para abarcar a toda la raza humana; como Cristo nos mostró en la persona del samaritano, que tuvo compasión de un desconocido, comportándose humanitariamente con el que había sido abandonado por un judío e incluso un levita (Lc. 10:30)”.

La Reforma nos brinda de modo relevante una manera de guiarnos como cristianos en el trato que debemos ofrecer a los emigrantes y a los refugiados.

La Reforma nos brinda de modo relevante una manera de guiarnos como cristianos en el trato que debemos ofrecer a los emigrantes y a los refugiados de nuestra propia época. Sabemos que el tratamiento justo y adecuado de la migración es, y será, una de las cuestiones más complejas a afrontar en nuestros tiempos. Podemos aprender mucho de Calvino en esta área. Es de justicia, asimismo, poner de manifiesto que la humanidad expresada aquí por Calvino es la que enseña ya la misma Escritura. Es la compasión de Dios hacia el indefenso la que exhibe el Reformador.

Es en Ginebra donde, aparentemente, aparece el primer trabajador social, pagado con fondos de la ciudad, y con la responsabilidad de ser un administrador eficaz de los recursos de la misma. En las ordenanzas de 1541, se legisló que hubiera un hospital público, que incluía diversiones para los enfermos y los ancianos que ya no podían trabajar, es decir, un avance de lo que hoy conocemos como centros sociales y hogares de los jubilados. También debería acoger a las viudas, a los huérfanos, y a los pobres, además de a los viajeros. Ginebra también debería pagar a un médico para ocuparse de los pobres de la ciudad; estaríamos hablando aquí de una especie de sanidad universal gratuita. El profesor David Estrada afirma que a Calvino:

“Se debió la reglamentación de todo un conjunto de normas para el servicio de recogida de basura y de ordenación de los cuerpos de policía y bomberos. También, por iniciativa de Calvino, se implantaron estrictas normas de seguridad en la construcción de edificios y viviendas… fue también a instancias de Calvino que el Consejo de Ginebra, por primera vez en Europa, aprobara y pusiera en práctica normas sociales de ayuda a los parados y a los refugiados”.

Estas ideas estarían, por tanto, detrás de lo que nosotros llamaríamos ahora nuestro moderno Estado de Bienestar. Sería la primera vez en la que, de una manera clara y sistemática, se busca otorgar protección social al conjunto de la población, y no solo a los más afortunados por su posición social y económica. Samuel Escobar señala además que: “Los gobernantes de Ginebra habían dado legislación sobre la duración de la jornada de trabajo y que el domingo fuese declarado festivo, aunque también se suprimieron muchas estas religiosas”.


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Imagen: Lightstock
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