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Nota del editor: 

Este artículo es parte de la serie “Biblia para principiantes“, a través de la cual buscamos proveerte recursos útiles para tu estudio y comprensión de las Escrituras.

¿Cuántas biblias tienes? Si eres creyente, imagino que tienes al menos una Biblia en papel, más las que tengas en tu teléfono o en otros dispositivos electrónicos. Sin embargo, pocas veces pensamos en cómo llegó la Biblia a nosotros.

¿Sabías que no hubieras tenido ninguna Biblia, de ningún tipo, si no hubiera sido por el Espíritu Santo? La tercera persona de la Santa Trinidad, el Espíritu Santo, fue quien guió de forma especial a los autores humanos de los libros de la Biblia, incluso en la elección de las palabras que escribieron.

“Ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios” (2 P 1:21). Aquellos hombres de Dios fueron “inspirados por el Espíritu Santo”, es decir, guiados por Él. Como también escribió Pablo: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia” (2 Ti 3:16).

El inspirador divino, tanto de los autores humanos como de las palabras que ellos escribieron, fue el Espíritu Santo. Es gracias a Él que puedes tener y leer la Biblia, la Palabra de Dios. Pero hay más. Si eres creyente, Él no solo te dio la Biblia; cada vez que la abres para leerla y estudiarla, ¡Él obra en tu mente, en tu conciencia, en tu corazón, en tu voluntad, y en tu vida!

Estas son siete cosas que hace el Espíritu Santo cuando lees tu Biblia:

1) El Espíritu Santo te ilumina

Si aún no eres creyente, pero has empezado a leer la Biblia, el Espíritu Santo te ayuda a entender lo que lees —no todo, pero cada vez más— para que te reconozcas y te sientas pecador/a, y para que entiendas (¡por fin!) la buena noticia de que hay un maravilloso Salvador para pecadores como tú y como yo.

Si ya eres creyente, puedes descubrir que el Espíritu Santo te sigue iluminando. Cada vez que te dispones a alimentar tu alma y lees un pasaje de la Biblia, empiezas a pensar sobre lo que has leído y comienzas a entender la lectura y es como si te viniera un rayo de luz desde algún lugar para entender y aplicar el pasaje. Esto es obra del Espíritu Santo. Ahora entiendes la Biblia un poquito más. El apóstol Pablo habló sobre esto, al escribir:

“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, Son las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman. Pero Dios nos las reveló por medio del Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios… Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente” (1 Corintios 2:9-12).

2) El Espíritu Santo te enseña

Jesús ya lo dijo a sus primeros seguidores: “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él les enseñará todas las cosas” (Jn 14:26). Sí, no cabe duda de que el Espíritu Santo enseñaría a aquellos primeros discípulos —que también iban a ser apóstoles— de una manera muy especial.

Cuando lees tu Biblia, el Espíritu Santo, además de herirte con su necesaria reprensión, también te venda con la gloriosa certeza de tu aceptación

Pero fíjate en estas otras palabras, también del apóstol Juan, en su primera carta: “No tienen necesidad de que nadie les enseñe. Pero así como Su unción les enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, y así como les ha enseñado, ustedes permanecen en Él” (1 Jn. 2:27). Esa “unción” se refiere al Espíritu Santo, y enseña a todos los creyentes acerca de todas las cosas. ¡A ti también!

3) El Espíritu Santo te reprende

La luz expone la oscuridad, y la luz de la Palabra de Dios expone la oscuridad que aún queda en tu corazón y en tu vida. ¡Eso duele! ¿Verdad? Sí, duele, pero es necesario e incluso bueno, porque es parte de un proceso que el Señor usará para hacerte más como Jesús.

En la cita (arriba) de 2 Timoteo, ¿notaste que “toda Escritura” es útil “para reprender” y “para corregir”? La persona que de forma especial hace ese trabajo, doloroso pero necesario, en ti y en mí, es el Espíritu Santo.

“Cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”, dijo Jesús (Jn 16:8). Y no solo al mundo. También convence a los creyentes de pecado, para que nos arrepintamos y crezcamos en la santidad de Jesús.

4) El Espíritu Santo te da testimonio

Si la obra de reprensión del Espíritu Santo es dolorosa, su ministerio como testigo divino es muy consolador: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Ro 8:16).

Si eres creyente, creyente de verdad, sigues siendo un pecador que necesita ser reprendido y llevado al arrepentimiento, ¡pero eres un pecador que ha sido adoptado por el Señor como hijo! Cuando lees tu Biblia, el Espíritu Santo, además de herirte con su necesaria reprensión, también te cura con la gloriosa certeza de tu aceptación en el Amado.

5) El Espíritu Santo te santifica

A todos los que el Señor salva por su gracia, por esa misma gracia los santifica. Los hace cada vez más santos, más como Él mismo. Pero ¿cómo lo hace? Pues por los llamados “medios de gracia”; es decir, los medios que Él nos ha dado para nuestra salvación y santificación. Y el medio de gracia número uno es su Palabra, la Biblia (Jn 17:17).

Pero ¿quién te santifica? Aunque la santificación es una obra del Dios trino (1 Ts 5:23), tanto Pablo (2 Ts 2:13) como Pedro (1 P 1:2) hablan de la santificación por el Espíritu Santo. Pablo escribe: “si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán” (Ro 8:13). Así que mientras lees tu Biblia, el Espíritu Santo la usa para santificarte un poco más, para hacerte un poco más como Jesús.

Mientras lees tu Biblia, el Espíritu Santo la usa para santificarte un poco más, para hacerte un poco más como Jesús

6) El Espíritu Santo te guía

La Biblia es tu mapa y el Espíritu Santo es tu guía. Pero más que un guía turístico que te va guiando por lugares pintorescos, es un guía moral y espiritual. Te dice cómo vivir de una manera que honre al Señor. “Cuando Él, el Espíritu de verdad venga, los guiará a toda la verdad” (Jn 16:13). “Si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios” (Ro. 8:13-14).

7) El Espíritu Santo te recuerda lo que lees

Abres tu Biblia, lees y estudias el pasaje que te toca hoy. Luego cierras y guardas tu Biblia hasta la próxima cita. ¿Y después, qué? Querrás recordar lo que has leído, pensado, y aprendido; y querrás ponerlo por obra, vivirlo. Pero normalmente no vas a poder pasar todo el día con tu Biblia abierta y a la vista, ¿verdad?

Pues el Espíritu no solo obra en tu mente, conciencia y corazón. ¡También puede obrar en tu memoria! Te puede traer a la memoria lo que has leído (o escuchado), entendido, y sentido. “El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho” (Jn 14:26).

Sí, tú debes intentar memorizar palabras especialmente importantes de la Biblia, pero te animo a pedirle al Señor que, por su Espíritu, te ayude a recordarlas para que ellas tengan un verdadero impacto sobre tu vida.

Conclusión

La Biblia es única. Es como una carta de amor escrita y enviada por Dios mismo para ti. Cuando la lees, estás leyendo lo que Dios quiso y quiere decirte. ¡Nada menos! Es cierto que no toda la Biblia es fácil de entender, y eso te puede hacer vacilar. Pero el Señor no te ha dejado solo/a. Además de haberte puesto en una comunidad de creyentes, y haberte dado maestros de la Biblia buenos y fieles, te ha dado al Espíritu Santo para que viva dentro de ti y te ayude a entender, sentir, y vivir la Palabra de Dios.

Cada vez que abras tu Biblia —y espero que lo hagas varias veces cada día— pídele al Señor que el Espíritu Santo obre en tu mente, conciencia, corazón, voluntad… en fin, en todo tu ser, para que puedas crecer en tu entendimiento de la Palabra de Dios. Pide esto para que ella vaya moldeando tu forma de ser y para que seas cada vez más como Jesús, para la gloria de Dios.

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