¿Cuál es tu historia favorita? Seguro que tienes un buen motivo para que lo sea. El storytelling, aunque ahora está de moda en la creación de contenido para redes sociales y para ventas, no es algo nuevo. Es una práctica tan antigua como los seres humanos. Yo fui consciente de la importancia de las historias al leer de adolescente la biografía de Bruce Olson, Bruchko.
Olson fue un misionero a los motilones, un grupo indígena ubicado en las selvas del río Catatumbo, entre Venezuela y Colombia. Esta tribu tenía una leyenda en la que un hombre vio a unas hormigas en peligro y quiso ayudarlas. Sin embargo, cada vez que se acercaba, ellas huían aterrorizadas porque era demasiado grande y diferente. Él comprendió que las hormigas nunca entenderían sus intenciones si seguía siendo un hombre, así que decidió hacerse hormiga. Vivió entre ellas, habló su idioma, caminó como ellas y compartió su vida. Solo entonces las hormigas dejaron de tenerle miedo y pudieron recibir la ayuda que quería darles. Cuando terminó su misión, volvió a ser hombre.1
¿Te resuena esta historia con otra más grande? ¿Quizás con la historia de un Dios hecho hombre que vivió entre nosotros? Bruchko (como le decían los motilones a Olson) aprendió, allí mismo en la selva, la importancia de entender bien las historias, los anhelos humanos que hay detrás, y cómo poder conectar estas cosas con el evangelio. ¿Qué pasó con los motilones? Quiero dejarte con la intriga por ahora, mientras seguimos reflexionando en las historias.
Las historias y el evangelio
¿Por qué las historias nos gustan tanto? Una investigación de Paul Zak revela que las narrativas que tienen una buena trama alteran la química de nuestro cerebro.2 Las historias liberan hormonas como el cortisol y la oxitocina, las cuales promueven la atención y la empatía. Pero más allá de cómo modifican nuestro cerebro, es interesante considerar cómo las historias nos conmueven y transforman, puesto que están ancladas en realidades que conocemos y, en muchas ocasiones, en algo que no conocemos, pero que anhelamos profundamente.
Todas las historias pueden conectarse con el evangelio. Solo necesitamos una mente entrenada para ver las tensiones de las narrativas que nos rodean
Por ejemplo, si escuchamos con atención muchas de las historias que nos rodean, notaremos que están construidas alrededor de un tema común: el bien vence sobre el mal. «¿Podría ser que nos sentimos atraídos a estas historias porque en el fondo sabemos que resuenan con la realidad?». El hecho de que amemos que el bien triunfe sobre el mal muestra que «la historia del cristianismo está reflejada en nuestras historias favoritas, algunas veces deliberadamente, otras veces, accidentalmente».3
Por esta razón, las historias son una muy buena herramienta a la hora de evangelizar. Porque como seres humanos estamos diseñados para conectar con ellas, para involucrarnos emocionalmente y para, incluso, dejar que nos transformen.
Piensa en tu historia favorita, en la última película de moda, en el libro que todo el mundo está leyendo, incluso en el cantante que suena por todas partes. Piensa en cuáles son las ideas centrales de sus narrativas. Con las siguientes preguntas, considera si se identifican con algún aspecto del evangelio:
- ¿Hay un protagonista que supera una multitud de obstáculos para estar con su amada? Jesús superó la barrera del espacio-tiempo, convirtiéndose en hombre para alcanzar a los que amaba.
- ¿Hay un enemigo al que se debe derrotar? La Biblia comienza con la amenaza de una serpiente y acaba con la muerte de otra.
- ¿Hay una sociedad que necesita mejores creencias para mejorar su convivencia? Dios enseña a Su pueblo una mejor manera de vivir y le ayuda a ser diferentes del resto de las naciones.
- ¿Hay una mentira que sustituir por la verdad? Jesús no solo dice o tiene la verdad, sino que Él es la verdad.
- ¿Hay un héroe que se sacrifica para salvar al mundo? Esa es la historia prometida desde el inicio del Génesis, y la trama a la que todas las historias de la Biblia apuntan hasta llegar a la cruz.
- ¿Hay una esperanza de un mundo mejor, de un sufrimiento con final? Esa es la promesa a la que la Biblia nos apunta, cuando Jesús vuelva y traiga la tierra y el cielo nuevos, sin sufrimiento ni dolor ni maldición.
Todas las historias pueden conectarse con el evangelio. Solo necesitamos una mente entrenada para ver las tensiones de las narrativas que nos rodean, y un corazón apasionado por la gran Historia, de tal forma que las conexiones fluyan con naturalidad.
Aprendiendo a crear puentes
No siempre es fácil ver las conexiones entre una historia y el evangelio. Una regla fácil para empezar a entrenar tu mente es usar las siguientes tres preguntas (te puede ayudar recordar que involucra tres «R»):4
- ¿Qué de la cultura puedo recibir? Aquello que puedo recibir son los principios que concuerdan con el cristianismo. Estos principios son buenos y pueden encontrarse en distintos aspectos de la cultura porque todos, como seres humanos, tenemos algo de la imagen de Dios en nosotros.
- ¿Qué de la cultura tengo que rechazar? Debemos rechazar ciertas partes de la cultura porque se oponen por completo a lo que Dios enseña en Su Palabra. En lugar de estas mentiras, debo aplicar la verdad de Dios.
- ¿Qué de la cultura puedo redimir? Puedo redimir aquellas ideas que podemos relacionar con Jesús, aunque no hablen directamente de Él, porque de manera indirecta pueden apuntar a Él.
Bruchko, el misionero cuya historia me fascinó, supo ver eso en las leyendas de los motilones. Llegado el momento oportuno, guiado por el Espíritu Santo, supo mostrar cómo el hombre que se convertía en hormiga apuntaba sin saberlo (y sin que fuera la intención de los creadores de la historia) a un Jesús que se hizo hombre para ayudarnos a llegar a un mejor hogar. De esta forma —y perdón por el spoiler—, la tribu completa empezó a seguir las pisadas de Jesús.
En la selva de los motilones, subido en una hamaca, Bruchko supo conectar la fe cristiana con la cultura que le rodeaba. En la selva de cemento que nos rodea, nuestro desafío es poder observar la cultura, crear puentes con el evangelio y amar a las personas para guiarlas a Jesús a través de sus anhelos más profundos.




