Dormir está de moda en la industria del bienestar. Por una buena razón.
Cada año, la ciencia descubre nuevos beneficios regenerativos que el sueño aporta a nuestra salud física, cognitiva y emocional; nuevas conexiones entre los buenos hábitos de sueño y la reducción del riesgo de padecer diversas enfermedades. Cada vez más, dormir bien se considera la clave fundamental para una vida saludable: «lo más eficaz que podemos hacer para restablecer la salud de nuestro cerebro y nuestro cuerpo cada día», según un destacado investigador del sueño.
El consenso científico es claro: es sabio dormir.
Pero la sabiduría del sueño va más allá. Hay una forma en que dormir nos enseña la verdad y nos forma espiritualmente. Hay sabiduría bíblica que podemos extraer del reposo nocturno. Más allá de ser solo una recarga práctica, dormir puede ser una liturgia doxológica: un ritmo incorporado y una disciplina espiritual que nos ayuda a amar mejor a Dios y a los demás.
Más que una simple recarga práctica, dormir puede ser una liturgia doxológica
A menudo damos por sentado que estos grandes mandamientos («Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza» y «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», Mr 12:30-31) solo pueden cumplirse en la vida despierta. Pero ¿qué pasa con la tercera parte de nuestras vidas que pasamos durmiendo? ¿Es tiempo perdido?
Ni mucho menos. Dormir puede ser un ámbito poderoso para hacernos crecer en el amor a Dios y a los demás.
Dormir nos lleva a adorar a Dios
El propósito de la vida es la adoración. Las criaturas de Dios fueron hechas para alabarlo. Amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas es hacer aquello para lo que fuimos creados.
¿Alguna vez dormir te ha llevado a amar más a Dios? A mí me pasa todo el tiempo:
- La siesta de la tarde del sábado (preferiblemente con los relajantes sonidos del golf en la televisión en el fondo) después de una mañana espiritualmente enriquecedora en la iglesia.
- Apagar las luces, cerrar la puerta con llave y recostarme en la almohada después de que se apagan los últimos murmullos de mis cuatro hijos y la casa queda en silencio.
- Despertarme en esa zona poco común y milagrosa en la que me siento descansado y renovado: el sol naciente que anuncia nuevas misericordias.
Estos son momentos cotidianos que sintonizan regularmente mi corazón para cantar alabanzas a Dios. «Día y noche mi anhelo eres Tú / En todo tiempo Tú eres mi luz». Glorificamos a Dios de día y de noche.
Dormir puede potenciar cada uno de los cuatro modos de amar a Dios que menciona Marcos 12:30: con el corazón, el alma, la mente y las fuerzas.
1. Gratitud hacia un Dador misericordioso (corazón)
Dormir es un regalo que Dios da a Sus amados (Sal 127:2). Sin embargo, ¿vemos esta realidad aparentemente mundana de la vida cotidiana como un regalo? ¿Le damos gracias a Dios por ello?
Deberíamos hacerlo. El sueño es quizá el mayor regalo que Dios ha incorporado en nuestro diseño biológico. Cada noche nos restaura: mente, cuerpo y alma. Cuando apoyamos la cabeza por la noche y nos quedamos dormidos —y luego, cuando despertamos otra vez a las nuevas misericordias de la mañana—, debemos agradecer y adorar a Dios por su gracia extravagante.
2. Ensayo del evangelio (alma)
Dado que nuestro ciclo nocturno de sueño y vigilia imita la muerte y la resurrección, puede recordarnos nuestra muerte espiritual y la regeneración posible en Cristo. Lo que ocurre en la «muerte» de nuestro sueño nocturno no es otra cosa que un milagro. Cada sistema biológico de nuestro cuerpo se renueva mientras dormimos.
Qué interesante es que esta renovación diaria de nuestra salud no provenga de esforzarnos más, sino de nuestra disposición a «morir» al rendirnos al sueño durante siete u ocho horas cada noche. El poder sanador del sueño lo recibimos, no lo logramos. La «muerte» del sueño, literalmente, da lugar a una nueva vida. Al hacerlo, puede dirigir nuestra adoración hacia el Dios cuya muerte nos da la vida eterna.
3. Confianza en la soberanía de Dios (mente)
El sueño de cada noche es una invitación a confiar en Dios. El teólogo escocés John Baillie dice: «Dormir es mejor para quienes más ponen su confianza en Dios». Tiene razón. Al igual que un niño que duerme plácidamente en los brazos de su madre, nuestro descanso más dulce llega cuando nos rendimos al abrazo seguro y amoroso de nuestro Padre.
Dios no duerme. Él siempre está despierto, siempre velando (Sal 121:3-4). Él es soberano, y esa verdad —si realmente la creemos— nos ayuda a dormir mejor. Dios está despierto para que nosotros no tengamos que estarlo siempre. ¡Qué gran razón para alabarlo!
4. La administración del trabajo y la misión (fuerzas)
Dormir también nos lleva a adorar a Dios al restaurar nuestros cuerpos para que estemos renovados y equipados para el buen trabajo y la misión fructífera en nuestra vida cuando estamos despiertos. Al dar prioridad a los buenos hábitos de sueño (idealmente de siete a nueve horas cada noche), estamos adorando a Dios con nuestros cuerpos.
Dios está despierto para que nosotros no tengamos que estarlo siempre. ¡Qué gran razón para alabarlo!
Así como un campo en barbecho, la poda de un árbol frutal o la aparente esterilidad del invierno dan paso a una primavera y una cosecha más fructíferas, así también nuestro descanso nos equipa para un ministerio más fructífero. Si vemos el trabajo como adoración, también deberíamos ver el sueño y el descanso como adoración.
Dormir nos ayuda a amar a los demás
Una buena mayordomía del sueño también nos ayuda a cumplir el mandamiento de amar a nuestro prójimo. Esta es una faceta del sueño a la que no se le da suficiente importancia: cómo tu sueño afecta a los demás, para bien o para mal.
Cuando duermes mal, puedes afectar negativamente a quienes te rodean:
- Los padres con falta de sueño pueden estar de mal humor o mostrarse irritables con sus hijos o su pareja.
- Los trabajadores con falta de sueño pueden tener un bajo rendimiento en su trabajo o incluso cometer errores costosos.
- Los conductores con falta de sueño pueden causar accidentes que resulten mortales para otros.
Pero cuando duermes lo suficiente, suele ocurrir lo contrario. Eres una bendición para los demás:
- Los padres y cónyuges bien descansados tienen más energía para ser una presencia cariñosa, atenta y no ansiosa en el hogar.
- Los trabajadores bien descansados sirven a su empleador al mantenerse mental y físicamente alertas en el trabajo.
- Los amigos bien descansados pueden ser un refugio de paz y el aliento necesario para las personas que experimentan sufrimiento o incertidumbre.
A veces, puedes amar a tu prójimo sacrificando tu mejor descanso para que otros puedan dormir bien.
- Los padres de bebés sacrifican su propia calidad de sueño para asegurarse de que los bebés duerman lo necesario.
- Los médicos y enfermeras que trabajan en turnos nocturnos eligen patrones de sueño irregulares como un acto de servicio hacia quienes necesitan cuidados durante la noche.
- Los amigos que reciben a otros en su casa eligen dormir en el sofá de la sala para que sus invitados puedan disfrutar de una cama cómoda y un dormitorio.
Estos son algunos de los muchos ejemplos de cómo nuestro sueño puede ser un acto de amor hacia los demás.
Himno de alabanza y gratitud
Me encanta el himno del siglo XIX, «Por la belleza terrenal». Capta maravillosamente el impulso correcto de alabar a Dios con gratitud por todas las maravillas de Su creación. Incluso una maravilla cotidiana tan básica como el sueño. Al quedarnos dormidos cada noche y al despertar cada mañana, la misericordia y la santidad de Dios deben estar en primer plano en nuestra mente: «¡Temprano por la mañana / nuestra canción se elevará hacia ti!».
Debemos alabar a Dios por la mañana y por la noche. Debemos alabarlo por la mañana y por la noche. Debemos alabar a Dios mientras descansamos y mientras trabajamos. Debemos alabarlo por los dones del descanso y del trabajo.
Por la noche y su paz
Por el día y su primor
Por el orbe celestial
Por el árbol y la flor
Gratitud y gran loor
Te rendimos, oh, Señor.




