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La búsqueda del amor trasciende el tiempo, el idioma y la cultura. En cada generación, hombres y mujeres, niños y niñas, jóvenes y mayores han anhelado un amor verdadero y duradero. En 1984, la banda de rock Foreigner puso en palabras el anhelo de muchas personas: Quiero saber qué es el amor (I Wanna Know What Love Is).

Sin embargo, todo indica que la humanidad aún no ha encontrado lo que tanto anhela. Esta búsqueda ha llevado a redefinir el amor de mil maneras, pero la pregunta persiste, ¿qué es realmente el amor?

El amor que Dios modeló y definió

El Antiguo Testamento nos presenta a un Dios de amor desde sus primeras páginas. Él crea a nuestros primeros padres a Su imagen y semejanza, dándoles un lugar prominente en la creación y demuestra Su deseo de estar en comunión con ellos. La humanidad está llamada a representar a Dios ante las demás criaturas y, así como Dios es amor (1 Jn 4:7-8), los humanos deben practicar el amor.

Sin embargo, la situación se deteriora rápidamente cuando la comunión es afectada por el pecado humano.

Para descubrir qué es el verdadero amor, en qué hay plenitud y qué es la grandeza, necesitamos mirar hacia la cruz

No obstante, a pesar de nuestra rebelión, Dios siguió extendiendo Su gracia a quienes llevan Su imagen. Esto explica por qué, a pesar del fracaso humano, la trama de la historia de la redención va en ascenso. En cada etapa se revelan mayores profundidades del amor divino. A pesar del pecado y la infidelidad de Su pueblo, el Señor permanece fiel y cumple Sus promesas.

La cúspide de la revelación del amor inquebrantable de Dios, por supuesto, nos llega con la nueva relación que se logra gracias a la redención en Cristo. La vida y el ministerio de Jesucristo relatan la historia de amor más grande jamás contada.

En las horas previas a Su mayor demostración de amor, nuestro Salvador realizó esta declaración histórica sobre la naturaleza de la amistad y el amor: «Nadie tiene mayor amor que este, que alguien dé su vida por sus amigos» (Jn 15:13, énfasis añadido). El amor se define entonces como «darse a sí mismo» para el beneficio de otros. De hecho, en esto se resume todo lo que Dios requiere de Sus hijos como representantes de Su carácter (Mt 22:37-40).

Jesús pasa a modelar la lección que enseñó a Sus discípulos aquella misma noche. En cuestión de horas, sufrió el arresto, un simulacro de juicio en un tribunal irregular, una horrible flagelación y una crucifixión sangrienta. Todo por amor.

Solo después de Su dramática resurrección, ascensión y el envío de Su Espíritu en Pentecostés, Sus discípulos pueden seguir Su ejemplo. Así aprendemos la lección definitiva sobre lo que es el amor del Maestro. Ahora, los discípulos también deben dar la vida por amor.

El amor redefinido por la Generación X

La definición de amor que nos dejó Cristo contrasta con el himno al amor de mi generación. En 1988, la canción The Greatest Love of All catapultó a Whitney Houston a lo más alto de las listas de éxitos y le valió la fama mundial. En esencia, la canción afirma que aprender a amarse a sí mismo es el amor más grande de todos.

Algunos cristianos incluso han defendido esta afirmación basándose en las Escrituras. «Al fin y al cabo», argumentan, «la Biblia nos dice que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Eso significa que no podemos amar plenamente a los demás a menos que nos amemos plenamente a nosotros mismos».

Cultivar el amor propio no dará el fruto deseado de una mayor felicidad y plenitud

Prefiero creer lo mejor de tal afirmación. El cuidado personal sin duda es importante. No tenemos por qué identificarlo siempre con el egoísmo. Los seguidores de Jesús necesitan recargar las pilas comiendo de forma saludable, haciendo ejercicio con regularidad, durmiendo bien y dedicando tiempo consistente a la Palabra de Dios y a la oración. Estas prácticas personales les darán fuerzas para luego entregarse a los demás.

Al mismo tiempo, se nos dice en nuestra cultura que la persona que carece de autoaceptación tendrá dificultades para ofrecer afecto a los demás. Sin embargo, el antídoto bíblico contra una baja autoestima es contraintuitivo. Implica apartar la mirada de uno mismo y fijarla en los demás. Tim Keller explica bien este principio:

Una persona verdaderamente humilde según el evangelio no es alguien que siente odio hacia sí mismo ni alguien que solo se ama a sí mismo, sino una persona humilde según el evangelio. La verdadera persona humilde según el evangelio es alguien que se olvida de sí mismo, cuyo ego es como los dedos de sus pies. Simplemente funciona. No llama la atención sobre sí mismo. Los dedos simplemente funcionan; el ego simplemente funciona. Ninguno de los dos llama la atención sobre sí mismo (La libertad de olvidarse de uno mismo, p. 51).

Cultivar el amor propio, por lo tanto, no dará el fruto deseado de una mayor felicidad y plenitud.

El fruto del amor bíblico

Para dar el fruto duradero, necesitamos volvernos hacia afuera y hacia arriba en lugar de hacia adentro (cp. Jn 15:11-12). Como Jesús declara: «Más bienaventurado es dar que recibir» (Hch 20:35). Del mismo modo, la verdadera grandeza viene a través del servicio. «Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos» (Mr 10:45, énfasis añadido).

Por lo tanto, para descubrir qué es el verdadero amor, en qué hay plenitud y qué es la grandeza, necesitamos mirar hacia la cruz.

Entonces, con los ojos fijos en nuestro Redentor, busquemos encarnar el tipo de amor que Él vivió, por el cual Él murió y resucitó, y con el cual reina desde los cielos, mientras lo derrama sobre nosotros (Ro 5:5).

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