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En el calendario, Halloween siempre cae el 31 de octubre. Pero los cristianos a menudo nos sentimos confundidos sobre en qué momento cultural nos encontramos actualmente: ¿Hemos vuelto a la época en la que condenábamos ese día como una práctica pagana y maligna? ¿O estamos en la etapa en la que se considera una diversión (en su mayor parte) inofensiva?
Hemos quedado atrapados en este debate binario durante tanto tiempo que tal vez no nos hayamos dado cuenta de cómo Halloween ha cambiado y ha adquirido un nuevo significado cultural.
Hoy en día, Halloween refleja diversas fuerzas culturales que han influido en su significado y práctica a lo largo del tiempo. Para algunos, sigue siendo una celebración divertida de creatividad y comunidad; para otros, es un símbolo más complejo, que refleja la fascinación constante de nuestra cultura por la muerte, la oscuridad y lo sobrenatural. Estos significados cambiantes resaltan tanto la fluidez de las prácticas culturales como el deseo humano persistente por lo que Halloween representa: conexión, identidad y trascendencia.
Halloween: una evolución cultural
Los relatos históricos indican que Halloween tiene sus raíces originales en la antigua fiesta celta de Samhain. Esa festividad marcaba el final de la cosecha y el inicio del invierno, una época en la que se creía que la frontera entre los vivos y los muertos se volvía más delgada. Con el tiempo, sin embargo, los cristianos adaptaron y transformaron muchas de estas costumbres paganas. Para la Edad Media, la celebración había evolucionado hasta convertirse en un precursor del Día de Todos los Santos (All Hallows’ Eve), que honraba a quienes habían partido antes en la fe. Alrededor de 1745, All Hallows’ Eve comenzó a llamarse Halloween.
La fascinación por la muerte y la oscuridad puede reflejar un anhelo por algo trascendente
Cuando Halloween llegó a Estados Unidos, siguió cambiando. Tomando elementos de las tradiciones irlandesas e inglesas, los estadounidenses a mediados del siglo XIX comenzaron a disfrazarse e ir de casa en casa pidiendo comida o dinero, un precursor del actual «truco o trato». Esta mezcla de tradiciones populares europeas, celebraciones coloniales de la cosecha y comercialización estadounidense acabó convirtiendo a Halloween en el evento que muchos de nosotros recordamos de nuestra infancia.
Sin embargo, en la última década más o menos, Halloween se ha transformado. Ya no es principalmente un evento centrado en el vecindario en el que los niños se disfrazan para pedir dulces. En cambio, esta festividad ha experimentado un crecimiento sin precedentes en cuanto a su importancia económica y cultural. En los Estados Unidos, la National Retail Federation (Federación Nacional de Minoristas) informa que el gasto en Halloween alcanzó un récord de 12.2 mil millones de dólares en 2023. Una encuesta reveló que el setenta y dos por ciento de los estadounidenses planea celebrar Halloween este año, y que tienen previsto gastar un promedio de 103.63 dólares por persona (con un total de 700 millones de dólares que se prevé se gasten en disfraces para mascotas).
El aumento en el gasto durante esta festividad se debe principalmente a que los adultos la han adoptado. Por supuesto, los disfraces elaborados y las fiestas han existido desde hace un siglo. Pero ahora se han convertido en la nueva norma. Del mismo modo, las casas embrujadas se han transformado en experiencias completas de «terror inmersivo», en las que la gente paga para sumergirse en elaboradas escenas de terror. Incluso nuestros patios delanteros se han transformado, decorados con esqueletos, telarañas y animatrónicos de tamaño real.
¿Por qué Halloween se está volviendo más grande, más aterrador, más sexy y más extravagante? ¿Y qué nos puede decir esto sobre nuestra cultura y hacia dónde se dirige?
Estamos obsesionados con el miedo y la fantasía
Así como es posible que no todos estemos de acuerdo en qué es Halloween, es posible que discrepemos sobre lo que el auge actual de Halloween revela acerca de nuestra cultura. Pero hay varias interpretaciones posibles que vale la pena considerar.
En primer lugar, la fascinación por la muerte y la oscuridad puede reflejar un anhelo de algo trascendente. En una época secular que le resta importancia a la espiritualidad, la gente sigue sintiéndose atraída por lo misterioso e incluso lo macabro, porque sugiere que hay más en esta vida que el mundo material. Para muchos, Halloween ofrece la oportunidad de incursionar en lo sobrenatural sin ningún riesgo ni compromiso real. Es una forma de explorar nuestra curiosidad por lo espiritual y, al mismo tiempo, mantenernos protegidos de su realidad.
Las conversaciones sobre el miedo, la muerte e incluso la elección de disfraces pueden convertirse en puntos de partida para hablar temas de fe
En segundo lugar, la aceptación cultural del miedo puede servir como una válvula de escape para ansiedades más profundas. En una sociedad plagada por la división, la incertidumbre y la ansiedad por el futuro, Halloween ofrece la oportunidad de enfrentar el miedo en términos manejables. Las películas de terror y las casas embrujadas brindan un entorno controlado que nos permite reír y gritar al mismo tiempo. Podemos enfrentarnos al horror sabiendo que estamos completamente a salvo. Esta ritualización del miedo —convertir nuestras pesadillas en entretenimiento— nos ofrece una extraña sensación de empoderamiento, aunque, en última instancia, sea efímera y superficial.
Otro cambio significativo en la evolución cultural de Halloween es la creciente sexualización de la festividad. Lo que antes era una ocasión inocente para que los niños se disfrazaran se ha convertido en una oportunidad para que los adultos usen trajes atrevidos y provocativos. Esta tendencia comenzó a mediados de la década de 1970, como señala Juliet Lapidos, cuando «las comunidades gay en Estados Unidos adoptaron Halloween como una ocasión para lucir atuendos reveladores y exagerados». Hoy en día, se ha vuelto omnipresente y es particularmente evidente en el mercado de disfraces para mujeres, en el que muchos atuendos están diseñados para ser reveladores o enfatizar el atractivo sexual. Dicha sexualización revela problemas culturales más profundos, como la mercantilización del cuerpo y la forma en que podemos confundir nuestro sentido de identidad con el encanto sexual.
Adicionalmente, el interés de nuestra cultura por la fantasía y los disfraces en Halloween refleja un anhelo más profundo de identidad y la atracción, especialmente para los adultos, de traspasar los límites. Los disfraces permiten tanto a los niños como a los adultos explorar personalidades diferentes a su realidad cotidiana. Pueden elegir personajes que representen el humor, el poder o incluso la oscuridad moral. Este impulso podría revelar una inquietud más profunda: una insatisfacción con lo cotidiano y una búsqueda de sentido arraigada en el individualismo expresivo.
¿Cómo deben responder los cristianos?
Para los creyentes, esta festividad presenta tanto desafíos como oportunidades. ¿Cómo discipulamos a nuestros hijos en medio del creciente atractivo cultural de Halloween? ¿Cómo nos relacionamos de manera significativa con nuestros vecinos cuyos jardines están adornados con lo espeluznante en lugar de lo glorioso? A medida que navegas por las nuevas realidades de Halloween, a continuación, hay algunas sugerencias a considerar.
Protege tu conciencia y la de tu prójimo
Algunos cristianos pueden sentirse llamados a evitar por completo el Halloween, mientras que otros pueden verlo como una oportunidad para acercarse a la comunidad. Ambas posturas pueden honrar a Cristo si se abordan con prudencia y buena conciencia. Para quienes elijan participar, consideren cómo sus acciones podrían honrar a Dios y reflejar Su amor hacia sus vecinos. No se burlen ni avergüencen a quienes no están de acuerdo con su punto de vista. Interactúen con gracia y sean conscientes de cómo pueden tender puentes en lugar de levantar barreras, reconociendo que los cristianos fieles pueden llegar a conclusiones diferentes.
A aquellos que piensan que Halloween es una práctica pagana que hay que rechazar, eviten juzgar apresuradamente a quienes no están de acuerdo. Reconozcan que muchos aspectos de Halloween se refieren a adiaphora, «cosas indiferentes». Como diría el apóstol Pablo, los dulces de Halloween no nos acercan a Dios; no somos peores si no los comemos ni mejores si lo hacemos (ver 1 Co 8:8).
Identifica los peligros más realistas
Para la mayoría de los niños, el peligro de Halloween no es que se enamoren de la espiritualidad pagana, sino más bien que sucumban a un ídolo más sutil: el materialismo. El enfoque en conseguir más golosinas o tener el mejor disfraz puede parecer inofensivo, pero alimenta el creciente materialismo que se extiende a lo largo de toda la temporada festiva. Los padres pueden guiar a sus hijos enfatizando la generosidad, la creatividad casera y las actividades comunitarias, en lugar de la simple acumulación o la competencia.
Para los adultos, uno de los principales peligros se encuentra en el ídolo del escapismo. Halloween ofrece a muchos la oportunidad de entregarse a la fantasía, el anonimato y el exceso. Muchos buscan un respiro de las presiones de la vida cotidiana y consideran que el 31 de octubre es un momento en el que las normas morales se vuelven más flexibles. Este escape, aunque parezca inofensivo, puede llevar a un distanciamiento aún mayor de las responsabilidades y realidades del mundo al que Dios nos ha llamado a ser mayordomos. Los adultos deben ser conscientes de cómo su participación en las actividades de Halloween refleja sus valores y considerar cómo pueden aprovechar este momento cultural para demostrar autocontrol, hospitalidad y gozo genuino, en lugar de una emoción efímera.
Busca oportunidades orientadas al evangelio
Halloween puede brindar oportunidades para guiar a nuestros vecinos hacia verdades más profundas. Las conversaciones sobre el miedo, la muerte e incluso la elección de disfraces pueden convertirse en puntos de partida para hablar de la realidad del pecado, la sorpresa del evangelio y otros temas de fe. Por ejemplo, si el escritorio de tu compañero de trabajo está cubierto de telarañas (de algodón), o si el patio de tu vecino está lleno de cadáveres (de plástico), tienes la oportunidad de preguntar por qué Halloween es una de sus fiestas favoritas y continuar con una conversación sobre realidades espirituales.
Puede que Halloween se esté volviendo más aterrador, pero el mensaje del triunfo de Cristo sobre el miedo y la muerte permanece inquebrantable
De manera similar, la extravagancia de las decoraciones de Halloween puede ofrecer un punto de partida único para establecer conexiones. En lugar de aislarte o condenar, trata de interactuar. Elogia la creatividad de las personas, únete a las actividades del vecindario u organiza un evento por tu cuenta. Mostrar el amor de Cristo a menudo comienza simplemente con estar presentes: compartir la vida, incluso en los momentos en que la cultura parece estar lejos de Él. Así como Pablo en Atenas señaló un altar dedicado a un «dios desconocido» para tender un puente hacia su mensaje a una audiencia pagana (Hch 17:23), nosotros también podemos usar este momento cultural para señalar verdades más profundas.
Haz brillar la luz en la oscuridad
Puede que Halloween se esté volviendo cada vez más aterrador y elaborado, pero el mensaje del triunfo de Cristo sobre el miedo y la muerte permanece inquebrantable.
Mientras el mundo se decora para infundir miedo, nosotros tenemos la oportunidad de encarnar la esperanza. Tenemos la oportunidad de guiar a nuestros hijos y acercarnos a nuestros vecinos, mostrándoles que hay una Luz que brilla en la oscuridad, y que la oscuridad no la ha vencido (Jn 1:5).
Como creyentes, podemos abordar las tradiciones de Halloween no con miedo ni con juicio, sino con discernimiento y gracia. Al involucrarnos de manera reflexiva con las tradiciones en evolución de nuestra cultura, podemos demostrar que nuestra esperanza está anclada en algo mucho más grande que las emociones de temporada o las escapadas efímeras. Al hacerlo, invitamos a otros a considerar las verdades eternas que dan sentido a nuestras celebraciones y transforman nuestros miedos en fe.




