8 Lecciones de la escuela de la oración

A lo largo de mi peregrinación espiritual, dos fuentes han configurado en gran medida y siguen dando forma a mi propia vida de oración: las Escrituras y los cristianos más maduros.

La menos autoritativa de estas dos fuentes ha sido el consejo, sabiduría, y el ejemplo de los santos. Confieso que no soy muy buen estudiante en la escuela de la oración. Aún así, dedicar espacio para sus consejos y valores puede ser útil antes de pasar a la más importante y de mayor autoridad de las dos fuentes que me han enseñado a orar.

Entre las lecciones que cristianos más maduros me han enseñado están estas.

1. Muchas veces no oramos porque no planificamos el orar.

No derivamos sin esfuerzo a la vida espiritual; no derivamos sin esfuerzo a la oración disciplinada. No vamos a crecer en la oración a menos que planeemos orar. Eso significa que debemos conscientemente reservar un tiempo para hacer nada más que orar. Lo que hacemos refleja nuestras más altas prioridades. Eso significa que podemos proclamar nuestro compromiso con la oración de sol a sol, pero a menos que realmente oremos, nuestras acciones deshonrarán nuestras palabras.

2. Adopta formas prácticas para impedir el divagar de la mente.

Cualquiera que haya estado en el camino cristiano por un tiempo sabe que hay momentos en que nuestras oraciones privadas son algo como esto: “Querido Señor, te doy gracias por la oportunidad de entrar en tu presencia por los méritos de Jesús. Es una maravillosa bendición el llamarte Padre… ¿Me pregunto dónde dejé mis llaves del auto? (¡No, no! Vamos de nuevo). Padre Celestial, te pido que cuides de mi familia, no solo en lo físico, sino también en lo moral y lo espiritual … El sermón del domingo pasado fue muy malo. ¿Me pregunto si voy a terminar a tiempo? (¡No, no!) Padre, dale verdaderos frutos a esa pareja de misioneros que apoyamos, no recuerdo su nombre…  ¡Oh wao! Se me olvidaba que tengo que salir con mi hijo”.

¿Soy yo el único que ha tenido alguna vez problemas con la divagación mental? Hay muchas cosas que puedes hacer para acabar con el soñar despierto. Una de las cosas más útiles es vocalizar tus oraciones. Otra cosa que puedes hacer es orar las Escrituras.  Es totalmente apropiado atar tu oración a tu lectura de la Biblia.

3. En diversos períodos de tu vida, desarrolla, si es posible, una relación de compañero de oración.

Si sabes cómo orar, considera la búsqueda de otra persona y enséñale a orar. Al hablar de enseñanza no me refiero a preparar lecciones, sino al ejemplo personal comunicado en una relación de compañerismo de oración.

4. Elije modelos, pero elígelos bien.

La mayoría de nosotros podemos mejorar nuestras oraciones a través de escuchar cuidadosamente la oración de otros. Esto no significa copiar todo lo que escuchamos. No todo buen modelo nos proporciona exactamente la misma receta para una buena oración, exactamente el mismo equilibrio. Todos ellos oran con gran seriedad; todos ellos utilizan argumentos y buscan metas que ya están retratadas en las Escrituras. Algunos de ellos parecen llevarte al mismo trono del Todopoderoso; otros son particularmente fieles en la intercesión, a pesar de las circunstancias más difíciles de la vida y el ministerio; otros son notables debido a la amplitud de su visión. Todos se caracterizan por una maravillosa mezcla de contrición y audacia en la oración.

5. Desarrolla un sistema para tus listas de oración.

Es difícil orar fielmente por una gran cantidad de personas y preocupaciones sin desarrollar listas de oración que te ayudan a recordarlas. Estas listas vienen en una variedad de formas. Muchas denominaciones y agencias misioneras, e incluso algunas grandes iglesias locales, publican sus propias listas de oración. Muchos cristianos que se dan a sí mismos a la oración encuentran que, además de la información publicada, es sabio y provechoso preparar tus propias listas. De todas formas, cualquiera que sea el sistema, utiliza listas de oración.

6. Mezcla la alabanza, la confesión y la intercesión, pero cuando intercedas, trata de vincular el mayor número posible de peticiones a las Escrituras.

Este consejo tiene consideraciones teóricas y prácticas. Las consideraciones teóricas pueden ser mejor establecidas al traer a la mente estos dos extremos. El primero plantea que no hay porqué pedir a Dios. Él es soberano; Él no necesita nuestro consejo. Si Él es el “que hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Efesios 1:11), sin duda es un poco descarado “molestarlo” con estas cosas. Él no cambia el curso del universo porque un ser humano finito, ignorante y pecador se lo pide. La respuesta adecuada hacia Él es sin duda la adoración. El segundo extremo inicia con el lema: “La oración cambia las cosas”. Pedir es todo. Eso significa que si la gente muere y va al infierno, es porque usted o yo o alguien ha descuidado el orar. En vista de ello, ninguno de estos extremos captura el equilibrio de las oraciones bíblicas, y ambos son reduccionistas en su tratamiento de Dios. Un poco de conocimiento reflexivo sobre el Dios de la Biblia deja ver que Él no es menos que absolutamente soberano, y no menos que personal y sensible. De los diversos modelos que útilmente capturan ambos polos, el modelo de relación personal con un padre es tan útil como cualquier otro.

7. Si te encuentras en alguna forma en liderazgo espiritual, trabaja en tus oraciones públicas.

Orar públicamente es una oportunidad pedagógica. Proporciona al que está orando la oportunidad de instruir o alentar o edificar a todos los que escuchan la oración. Muchas facetas del discipulado cristiano, no menos importante la oración, son más eficazmente transmitidas por el modelar que por la enseñanza formal. El orar bien se aprende al mirar y escuchar más que al recibir instrucción.

8. Ora hasta que ores.

Este es un consejo puritano. Esto no significa simplemente que la persistencia debería marcar gran parte de nuestra oración, aunque hay que reconocer que este es un punto que las Escrituras repetidamente hace.

A pesar de que él estaba orando alineado a las promesas de Dios, Elías oró por lluvia siete veces antes de que la primera nube apareciera en los cielos.  Eso no es exactamente lo que los puritanos quisieron decir cuando se exhortaban unos a otros a “orar hasta que ores”. Lo que esto quiere decir es que los cristianos deben orar lo suficiente y de manera honesta, en una sola sesión, hasta conseguir más allá de la sensación de formalismo y de irrealidad. Somos especialmente propensos a tales sentimientos cuando oramos por solo unos pocos minutos, apresurándonos a hacerlo como un simple deber. Para entrar en el espíritu de oración, debemos atenernos a él por un tiempo. Si “oramos hasta que oremos”, con el tiempo llegaremos a deleitarnos en la presencia de Dios, para descansar en su amor, para acariciar su voluntad. Incluso, al orar en la oscuridad o mientras estamos en dolor, de alguna manera sabemos que estamos relacionándonos con Dios. En resumen, descubrimos un poco de lo que Judas nos quiere decir cuando exhorta a sus lectores a orar “en el Espíritu Santo” (Judas 20), lo que probablemente significa que es posible no orar en el Espíritu. 


‪Nota del editor: Este artículo es un extracto del libro Praying With Paul: A Call to Spiritual Reformation (Orando Con Pablo: Un llamado a la reforma espiritual) (2ª ed.) por DA Carson (Baker). Además, The Gospel Coalition, en colaboración con LifeWay, ha publicado recientemente un nuevo plan de estudios de grupo  para Praying With Paul, co-escrito por Carson y Brian Tabb. 


Publicado originalmente por The Gospel Coalition. Traducido por Patricia Namnún.
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