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«¿Cómo es posible que una joven tan agradable no se haya casado todavía?». «Ella se ve tan bien, ¿será que hay algo extraño con ella, pues no ha logrado conseguir un esposo?».

Puede que te hayan dicho alguna frase como estas, y quizás hasta te has preguntado si genuinamente algo anda mal contigo, de modo que estas ideas han comenzado a definir tu identidad y valor.

Lamentablemente, muchos ven la soltería como una situación que necesita ser solucionada, cuando en realidad la soltería no es un problema ni representa algo malo. La Biblia enseña que la soltería es un regalo de Dios.

Pensar en la soltería como un inconveniente representa una idea equivocada y pone en evidencia un problema mucho mayor detrás. Te invito a analizar por qué es una idea equivocada y qué evidencia sobre nosotras pensar así.

La bendición más grande no es el matrimonio

Ver la soltería como un problema, como algo que toda mujer soltera «necesita arreglar en su vida», implica que el matrimonio es la bendición más grande que podemos tener en esta vida. Es como si estuviéramos diciendo que el punto al que debemos llegar para ser felices es el matrimonio. Mi querida amiga, esto no es verdad. Cuando vemos las cosas de esta manera, estamos poniendo el matrimonio en el lugar de Dios y eso es idolatría.

Aunque el matrimonio es bueno y es un regalo de Dios, no es la mayor bendición que podamos tener. Jesús es nuestra mayor bendición

Permíteme aclarar algo —pues no quiero ser simplista y más por el hecho de que estoy casada—: No está mal desear el matrimonio; no está mal anhelar que el Señor nos conceda el regalo de un esposo. El matrimonio es una gran bendición y una unión especial como no hay otra entre los seres humanos.

El problema está cuando el deseo por casarnos se convierte en nuestra adoración. Cuando depositamos nuestra esperanza en eso que anhelamos. Cuando pensamos que el matrimonio es lo que necesitamos para ser felices. Cuando nos vemos incompletas por no estar casadas. Si esto sucede, hemos puesto la relación matrimonial como el bien mayor.

Aunque el matrimonio es bueno y es un regalo de Dios, no es la mayor bendición que podamos tener. Jesús es nuestra mayor bendición. Si estás soltera, tu soltería no te define ni te da identidad. Tu identidad te la da tu unión con Cristo, no ninguna unión terrenal.

Mira lo que la Biblia dice acerca de aquellos que estamos en Cristo (ya sea que seamos solteros o casados):

  • Somos escogidos, santos y amados (Col 3:12).
  • Somos adoptados por Dios como hijos (Ro 8:15).
  • Tenemos una esperanza viva y una herencia en los cielos (1 P 1:3-4).
  • Todavía no se ha manifestado lo que nos espera (1 Jn 3:2).

Ningún estado terrenal define lo que somos. Nuestra identidad está en lo que Jesús ha hecho a nuestro favor y en nuestra eterna unión con Él. Es justamente por nuestra unión con Él que podemos decir que, en Jesús, nuestras vidas están completas, como nos dice Pablo «y ustedes han sido hechos completos en Él, que es la cabeza sobre todo poder y autoridad» (Col 2:10).

No hay relación terrenal que pueda darnos la plenitud que en Cristo está disponible para nosotras. Pudiéramos llegar a perderlo todo, pero, si tenemos a Cristo, nuestras vidas siguen estando completas en Él. Cristo…

Es camino, si alguien está errante;
Es vestidura, si desnudo alguien está;
Si hay oportunidad al hambre, Él es pan;
Si alguien es esclavo, Él es libre;
Si alguien solo es débil, ¡Él es fuerte!;
A los muertos, es vida, a los enfermos salud;
A los ciegos vista, a los pobres, provisión
(R. E. O. White, In Him the Fullness [En Él está la plenitud], p. 83).

Tú vida está en marcha

Ahora bien, algo más que debemos tener en cuenta en la soltería es que la vida no comienza cuando llegamos al matrimonio. Permíteme ilustrarlo de esta forma:

Si estás soltera, tu soltería no te define ni te da identidad. Tu identidad te la da tu unión con Cristo, no ninguna unión terrenal

Imagina que vas a entrar a ver una obra de teatro y, mientras esperas en el lobby, estás muy atenta al momento en el que se abrirán las puertas. En ese tiempo, tienes pequeñas conversaciones y tratas de limitar lo que haces, porque estás a la espera de que inicie aquello por lo que estás allí: la obra de teatro. De manera similar, en medio de la soltería, podemos tener la tentación de vernos «en el lobby» a la espera de lo que pensamos es la gran obra: el matrimonio.

Si vemos nuestra vida así, terminamos limitando lo que hacemos y dejamos de vivir en plenitud, porque el deseo por una relación matrimonial se ha convertido en nuestro centro. Pero déjame decirte que, si estás soltera, tu vida no está en pausa hasta que llegue el matrimonio. Tu vida está en marcha exactamente en el lugar en el que Dios la quiere. Cada etapa en la que nos encontramos tiene propósitos diferentes y tiene formas distintas en las que podemos reflejar a nuestro Señor.

Tu vida ya está en curso y tienes la oportunidad de servir a Dios y honrarle en el lugar en el que tu Señor te ha puesto, y en el estado civil en el que estás ahora mismo. Así que, por Cristo y en Cristo, te animo a vivir tu soltería en plenitud: buscando a Dios con diligencia, sirviendo a Su reino con todo lo que tienes, dándote por los demás con tu tiempo y recursos, recordando en todo momento quién eres en Jesús y tu perfecta unión con Él.

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