¿Por qué me cuesta entender la Biblia? | #CoaliciónResponde

La Biblia está llena de riquezas espirituales que nos pueden hacer sabios para la salvación, capacitarnos para vivir en piedad, y equiparnos para el ministerio (2 Ti. 3:14-17). Aun así, la tarea de leer la Biblia puede ser como armar un rompecabezas enorme en el que faltan piezas.

¿Quiénes son los amalecitas? ¿Por qué Dios le ordena a Israel que se purifique tanto en Levítico? ¿Quiénes son los fariseos y cómo me afectan? ¿Qué significan los sellos y las trompetas en Apocalipsis?

Sé que cada jota y tilde de las Escrituras es importante para nosotros, pero ¿por qué puede ser tan difícil entender la Biblia? Aquí hay ocho razones y algunas palabras de ánimo.

1. Vivimos en un tiempo diferente

La Biblia fue escrita entre 2,000 y 3,000 años atrás. Los tiempos han cambiado desde que Moisés cruzó el Mar Rojo y David gobernó como rey sobre Israel. Comprender el contexto histórico de la Biblia y el libro específico que estás leyendo te ayudará a cerrar la brecha entre entonces y ahora.

2. Vivimos en una cultura diferente

Los autores bíblicos escribieron a distintos grupos de personas en distintos lugares del mundo antiguo. Ellos suponen que los lectores conocen detalles culturales específicos y con frecuencia usan estos detalles para enseñar una lección.

Por ejemplo, un judío de la época de Cristo habría visto en Juan 4 cómo Jesús cruzó los tabúes culturales de entonces al hablarle a una mujer samaritana que fue rechazada incluso por su propia gente. Al cruzar tales límites, Jesús honra a una mujer que Israel despreciaría y con ello demuestra que su evangelio es para todos. Esto es algo que solemos pasar por alto.

3. Hablamos diferentes idiomas

Los 66 libros de la Biblia fueron escritos en hebreo, arameo, y griego antiguo. La naturaleza del lenguaje hace que la traducción precisa a veces sea difícil. El idioma original puede tener palabras, para expresar algo crucial, que un lenguaje moderno tal vez no tenga.

4. Somos pecadores

Nuestro pecado nos separa de Dios y nos ciega a la realidad espiritual (Is. 59:2; Sal. 115:4-8). 1 Corintios 2:14 dice que “el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque son cosas que se disciernen espiritualmente”. Nuestras mentes naturales a menudo luchan con lo que no podemos ver y lo que no es fácil de entender.

Nuestras mentes naturales a menudo luchan con lo que no podemos ver y lo que no es fácil de entender.

Cuando venimos a Cristo, recibimos el Espíritu Santo que nos ayuda en nuestra lucha contra el pecado y nos revela la verdad de las Escrituras (Jn. 14:26). Aun así, el pecado presenta una barrera para no captar completamente lo que Dios nos revela. Esta verdad se expone cuando las comunicaciones de Dios a través de sus profetas a veces tenían la intención expresa de ocultar la verdad de algunos y revelarla a otros (mira la explicación de Jesús de por qué enseñó en parábolas en Mr. 4:10–12; cp. Is. 6:9–10).

5. No sabemos cómo encaja la historia bíblica

La Biblia es fundamentalmente la historia de Dios reconciliando al mundo pecador con Él mismo a través de Jesucristo. Cada parte de la Biblia avanza esa historia o proporciona comentarios sobre asuntos importantes que se concretan en ella (por ejemplo, Proverbios o Levítico).

Entender las promesas claves, las personas, y los eventos de la Biblia le dan estructura y flujo. Por ejemplo, un capítulo clave de la Biblia es Génesis 12, donde Dios promete a los descendientes de Abraham una tierra, ser bendecidos, y ser una bendición. El resto del Antiguo Testamento desarrolla esas promesas a medida que la familia de Abraham (más tarde conocida como la nación de Israel) crece, lo que finalmente conduce al cumplimiento de ellas en Jesucristo. La disciplina de la teología bíblica nos ayuda a leer la Biblia como se debe leer.

6. Tenemos habilidades de lectura débiles

La tecnología moderna y las redes sociales no fomentan la lectura cuidadosa. Muchos hoy en día no suelen leer con cuidado porque no tienen que hacerlo, lo que dificulta la lectura de la Biblia y otras formas de literatura. Aprender técnicas simples como hacer preguntas de observación e interpretación del texto, buscar palabras y frases repetidas, y mantener una estrecha vigilancia sobre el contexto nos permitirá descubrir el significado de las Escrituras.

Parte de leer bien la Biblia incluye saber leer diferentes géneros bíblicos. No lees la sección editorial del periódico de la misma manera que lees los cómics o los anuncios: adaptas tu forma de pensar al tipo de contenido que estás leyendo. Lo mismo debe ser cierto con la Biblia: las narraciones históricas deben tratarse de manera diferente a la poesía, y la literatura apocalíptica de la Biblia debe tratarse de manera diferente a las cartas del Nuevo Testamento.

7. Somos perezosos

La Biblia no es una enciclopedia de verdades espirituales o un libro de frases mágicas al azar que podemos usar como queramos.

A menudo queremos beneficios rápidos de la Biblia sin hacer el trabajo necesario. Podemos pasar un tiempo leyendo un capítulo y solo pensar en lo que nos viene a la mente con facilidad y en lo que nos gusta, perdiendo lo que Dios quiere comunicarnos por completo. Un predicador famoso dijo una vez que la verdadera lectura devocional de las Escrituras tiene que preocuparse por entender lo que el texto realmente está diciendo. Muchas veces somos como un marido que trata de mostrar amor a su esposa pero que no trata de entender sus palabras.

Como Pablo escribió a Timoteo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).

8. No nos acercamos correctamente a la Biblia.

Muchos se acercan a la Biblia tratando de encontrar lo que quieren ver (por ejemplo, consejos para un mejor matrimonio o cómo combatir la ansiedad) en lugar de preguntar primero: “¿Qué es lo que Dios está comunicando?”. Sin esa última pregunta, nos acercamos a la Biblia como si se tratara primero de nosotros en lugar de Dios.

La Biblia no es una enciclopedia de verdades espirituales o un libro de frases mágicas al azar que podemos usar como queramos. Es la autorrevelación de Dios a través de 66 libros distintos. Un enfoque egocéntrico de la Biblia casi siempre pierde las cosas más importantes que Dios quiere comunicar acerca de sí mismo, nuestro pecado, y su provisión gloriosa en Cristo.

Razones para animarnos

Tener en cuenta estas dificultades solía desanimarme. ¿Por qué no puede Dios hacerlo más fácil?

Si alguna vez has pensado de esta manera, anímate. Cada razón que mencioné anteriormente es un estímulo para estudiar mucho o un motivador para alabar a Dios.

  • Sí, la Biblia fue escrita originalmente hace miles de años en diferentes culturas y lenguas extranjeras. Pero podemos alegrarnos de que la Biblia sea para todos los pueblos en todo momento (Ro. 15:4) y no se limita a un grupo específico de personas en un lugar específico. Nuestro Dios es el Rey de la historia y será alabado por personas de todas las tribus, lenguas, y naciones (Ap. 7:9).
  • Sí, nuestra falta de comprensión espiritual hace que algunos pasajes de las Escrituras sean difíciles de comprender (¡Incluso para Pedro! Mira 2 Pe. 3:16). Pero si entendiéramos y conociéramos todo, tal vez nuestro Dios y su evangelio serían pequeños ante nosotros. Regocíjate en que los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos (Is. 55:8) con las palabras de Romanos 11:33: “¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son Sus juicios e inescrutables Sus caminos!”.
  • Sí, algunos géneros bíblicos todavía nos hacen tropezar, pero podemos alabar a Dios por la belleza literaria a través de la cual Él comunica verdades espirituales a nuestras cabezas y corazones.
  • Sí, nuestro pecado dificulta la lectura de la Biblia, ¡pero alabado sea Dios por la oferta de perdón y la nueva comprensión espiritual en Cristo!

Creciendo en la Palabra

No hay atajos para conocer bien la Palabra. Debes leerla, y mientras lo haces, deléitate en ella.

Por último, ¿quieres crecer en la Palabra? Considera incorporar estas sugerencias en tu vida:

  • Dedícate al estudio de las Escrituras (2 Ti. 2:15). No hay atajos para conocer bien la Palabra. Debes leerla, y mientras lo haces, deléitate en ella (Sal. 1; Sal. 19:10).
  • Ora por mayor comprensión. Dios nos da maravillosas palabras para orar en el Salmo 119:18: “Abre mis ojos, para que vea Las maravillas de Tu ley”.
  • Estudia la Biblia en comunidad. No descuides el regalo de la iglesia. Dios nunca quiso que entendiéramos las Escrituras o creciéramos espiritualmente aparte de otros hermanos en la fe. Recuerda también que Él nos dio pastores y maestros talentosos para que podamos llegar a la madurez (Ef. 4:11–16).
  • Si puedes, estudia en un seminario o un programa de capacitación como los Entrenamientos Coalición y el programa Pastores Entrenando Pastores.
  • Lee buenos libros, escucha sermones expositivos, y aprovecha recursos gratuitos como Cursos Coalición y Proyecto Biblia.

Oro que esto te aliente al estudio de la Palabra de Dios para que conozcas más al Cristo vivo y encuentres vida en Él (Jn. 5:39–40).


Imagen: Lightstock.
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