El evangelio de Juan inicia con una de las frases más influyentes e impactantes de la historia, al hablar de la relación del Verbo con Dios en el escenario celestial: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios» (Jn 1:1, RV 60).1
Los cristianos sabemos quién es el Verbo de Dios, nuestro Señor Jesucristo. Pero al hablar de esto para buscar entender el significado de esta realidad, conviene aclarar dos cosas: primero, buscaré proponer una definición solo del Verbo de Dios descrito en Juan 1:1-5; segundo, explicaré por qué algunas versiones de la Biblia usan el término «Palabra» en lugar de «Verbo».
El término «Verbo» en Juan 1:1 es la traducción de la palabra griega logos, que significa «palabra, discurso, conversación, relato, explicación, razonamiento». La traducción «Verbo», usada por la Reina Valera 1960, proviene de la traducción de la Vulgata Latina, que tradujo logos como Verbum: «In principio erat Verbum» (En el principio era el Verbo). Por eso otras versiones de la Biblia también traducen correctamente: «En el principio era la Palabra» (p. ej., RV 2015, TLA, DHH, NBLA).
Si alguien nos dijera que heredamos del catolicismo la palabra verbo, podemos estar tranquilos porque el latín no es «propiedad» de la Iglesia católica. El latín fue el idioma común del Imperio romano. Por tanto, cuando hablamos del «Verbo» de Dios o la «Palabra» de Dios, hablamos de Jesucristo, la revelación perfecta y eterna de Dios. Tal como el apóstol Juan lo nombra en Apocalipsis 19:13.
El “logos” en el primer siglo
El apóstol Juan llamó logos a Jesucristo. Pero él no fue el primero en usar esta palabra. El término logos ya tenía diversos significados fuera de la Biblia. Por ejemplo, logos era un principio ético de vivir conforme a la razón y no de manera impulsiva.
Los estoicos y pensadores que vivían conforme al logos procuraban no dejarse dominar por emociones desordenadas y evitaban actuar de manera irracional, porque consideraban que el ser humano es un «animal con logos (capaz de razonar)». Además, no aceptaban algo como verdadero solo por las apariencias. Algunos decían: «Dame un logos (explicación) de lo que afirmas o de lo que está pasando». También buscaban coherencia y equilibrio. Por eso antes de actuar se preguntaban: «¿Cómo puedo reaccionar de manera racional ante una provocación?».
Cuando el Verbo ilumina al ser humano, el corazón despierta a la realidad de su situación pasada, pero también contempla y vive agradecido por su nueva realidad en Cristo
Aunque otros pensadores ampliaron el significado de logos, fue el apóstol Juan quien dio un paso decisivo al presentar a Jesús como el Logos o el Verbo de Dios. Juan no dice que el Logos es una regla ética o un principio filosófico, sino que introduce una nueva verdad para su tiempo al afirmar que el Logos es la persona de Jesucristo (Jn 1:14-17).
Las características que el apóstol Juan dio sobre el Verbo de Dios —en su forma seminal— en Juan 1:1-5 son esenciales. Allí encontramos que el Verbo de Dios es Jesucristo, quien comparte los atributos de Dios el Padre; Él es Dios el Hijo, es Creador, es Dador de la vida y luz de la humanidad para salvación de los que creen. Veamos esta afirmación por partes:
1) El Verbo es Dios
En los versículos 1 y 2, Juan presenta una breve descripción del escenario celestial y afirma que el Verbo es Dios: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios». No dice que el Verbo «llegó a ser», sino que «era». Esto afirma Su eternidad. El Verbo no es una criatura. Por eso nuestra fe está fundada en el Dios eterno que existe desde siempre. Cristo no depende del tiempo, más bien, es Señor del tiempo.
En la afirmación «el Verbo era con Dios» (cp. v. 2), Juan hace una distinción entre Dios Padre y Dios Hijo. La expresión «era con Dios» indica relación íntima, comunión. Esto nos abre la puerta a comprender la Trinidad, aún cuando el término «Trinidad» fue acuñado por Tertuliano, un teólogo del siglo II. Esto nos recuerda que cuando abrimos el Evangelio de Juan no leemos una simple biografía, sino que contemplamos al Dios que decidió revelarse a nosotros por medio del Verbo divino.
2) El Verbo es Creador
Después de afirmar que el Verbo es Dios mismo, Juan nos muestra qué hace ese Verbo eterno. Él crea: «Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho» (v. 3). La expresión «todas las cosas por Él fueron hechas» es absoluta. Esto significa que el Verbo no es parte de las cosas creadas, sino su Creador. El mismo que formó las galaxias es el que llama por nombre a Sus ovejas. Puesto que el Verbo es creador, tiene autoridad sobre todo, incluyendo nuestras vidas y circunstancias.
Lo anterior significa que Cristo es el autor de la creación juntamente con el Padre. ¿Por qué es importante comprender esto? Porque hay diferentes corrientes religiosas que dicen que Cristo es una creación del Padre, debido a que el apóstol Pablo lo llamó primogénito de toda la creación (Col 1:15-20). Pero el término «primogénito» en ese pasaje significa que el Verbo es supremo, el dueño y para quien fue hecha toda la creación de la que Él mismo participó —junto al Padre— por Su esencia divina y preexistencia (Jn 1:1).
Nuestra fe descansa en el Verbo creador, infinito y eterno, quien no depende de nada creado. Por lo tanto, merece ser honrado como el origen y sustento de todo lo que existe.
3) El Verbo es Dador de la vida
Juan presenta al Verbo como el Dador de la vida: «En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres» (v. 4). Aquí Juan nos lleva al corazón de la misión de Cristo al venir a la tierra: el Verbo es la fuente misma de la vida. La vida no es algo externo al Verbo, sino inherente a Su naturaleza. Esto incluye la vida física, la espiritual y la eterna.
El ser humano busca una mejor vida en los lugares o circunstancias incorrectas: el éxito, el placer, el reconocimiento. Pero la vida verdadera no se encuentra en algo creado, sino en una Persona. Una persona separada de Cristo, puede estar respirando, pero espiritualmente está muerta. Solo en Él hay vida real.
4) El Verbo es la luz de la humanidad
Cuando el Verbo da vida, también da entendimiento. Sin esa luz, el hombre camina en tinieblas, no comprende a Dios, no ve su propia ruina. Por eso el apóstol Pablo afirmó una verdad lamentable para el ser humano ajeno a Dios: «La mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios» (Ro 8:7-8).
Tenemos la misión de llevar el mensaje de salvación, no a pesar de las adversidades, sino precisamente porque vivimos rodeados de pecado, confusión y oposición a Dios
Pero cuando el Verbo ilumina al ser humano, el corazón despierta a la realidad de su situación pasada, pero también contempla y vive agradecido por su nueva realidad en Cristo. La conversión no es solo una decisión humana guiada por el Espíritu Santo, es una obra de vida y luz que proviene del Verbo.
Por eso debemos predicar a Cristo con amor, pasión y convicción; porque solo Él puede dar vida y luz al alma sumida en la oscuridad de la condenación. El Verbo no solo vino a darnos vida y enseñarnos el camino al Padre; también vino a darnos luz para poder caminar en Él.
Viviendo por y para el Verbo de Dios
Juan 1:1-5 no solo enseña que el Verbo de Dios es Jesucristo y nos muestra los atributos que confirman Su deidad, sino que también demanda una respuesta de nuestra parte.
El apóstol Juan presentó al Verbo de Dios y cómo Su Persona y atributos divinos respaldaron el mensaje que anunció. Esto para que creyéramos que Él es el Hijo de Dios y obtuviéramos la vida eterna en Él (Jn 20:31).
Después de presentar al Verbo de Dios, Juan relata que alguien lo presentó al mundo de su tiempo. Juan el Bautista tuvo una misión y la cumplió. El Evangelio de Juan nos revela que al creer en el Verbo tenemos la misión de compartir el evangelio y hacer discípulos de Cristo. No podemos escuchar quién es Jesucristo y lo que hizo y seguir viviendo indiferentes a Su llamado a anunciar Su mensaje.
Ahora los creyentes tenemos la misión de llevar el mensaje de salvación, no a pesar de las adversidades, sino precisamente porque vivimos rodeados de pecado, confusión y oposición a Dios. Por lo tanto, conocer quién es el Verbo de Dios no debe quedarse solamente en nuestro entendimiento, sino llevarnos a confiar en Él, someternos a Su autoridad y testificar mientras caminamos en Su luz.









