Eli Thompson es jugador de fútbol americano en la Universidad de North Greenville. Recientemente escribió un artículo para el Wall Street Journal titulado «Soy estudiante universitario. Las apuestas deportivas de la generación Z están arruinando la vida de mis amigos».
«En mi campus, especialmente entre muchos de mis compañeros de equipo, los chicos se han obsesionado con las apuestas deportivas en línea, lo que a veces los lleva a endeudarse», escribe. «Las celebridades y los influencers hacen que las apuestas deportivas parezcan una vía rápida para conseguir un auto nuevo o un Rolex».
Pero aquí también hay un problema más profundo: el nihilismo financiero.
El nihilismo financiero describe la desesperanza que experimentan algunos miembros de la generación Z. «Es que nada importa en el mundo», señala Demetri Kofinas, quien acuñó el término. «Invertir no consiste en destinar capital a inversiones productivas. En realidad, es un juego de azar».
En otras palabras, no existe un valor objetivo en el mundo en lo que respecta a la economía, los negocios o las inversiones. Los precios, las valoraciones bursátiles y los tipos de interés son todos inventados. Este es el núcleo de la filosofía posmoderna aplicada al mundo de las finanzas.
El dinero es un medio para todo tipo de bien y mal, aunque el amor al dinero nos lleva inmediatamente hacia lo segundo
Quizá esto no debería sorprendernos, ya que muchos otros aspectos de la vida de la generación Z —desde los juegos en línea hasta las redes sociales, pasando por los amigos de IA— a menudo tampoco parecen reales.
Probablemente haya muchas ideas para solucionarlo, pero creo que la iglesia se encuentra en una posición única para iluminar la esperanza y la verdad. A continuación, expongo cuatro medidas que han sido importantes en mi trabajo como misionero y planificador financiero.
1. Comprender el poder del dinero
A simple vista, el dinero es «una reserva de valor», escribe el columnista financiero del Wall Street Journal, Jason Zweig. Es un medio para intercambiar bienes y servicios.
Pero está claro para todos —cristianos y no cristianos— que el dinero es mucho más que eso.
«El dinero es un canal de emociones y ego, que transporta esperanzas y miedos, sueños y desengaños, confianza y sorpresa, envidia y arrepentimiento», escribió Zweig.
El dinero es un medio para todo tipo de bien y mal, aunque el amor al dinero nos lleva inmediatamente hacia lo segundo (1 Ti 6:10).
El poder del dinero suele verse agravado porque, para muchos, las finanzas siguen siendo un tema privado y motivo de inquietud. Fui misionero y pastor durante diez años y ahora llevo diez años trabajando como planificador financiero. Después de haber servido en ambos ámbitos, tengo claro que a los cristianos les cuesta hablar de dinero, y que la iglesia tiende a centrarse principalmente en dos aspectos: la deuda o las donaciones.
Como resultado, los cristianos obtienen la mayor parte de su educación financiera de amigos, vecinos, la publicidad y las redes sociales. Todos ellos hacen promesas sutiles sobre cómo la vida podría ser mejor y cómo el dinero resuelve todos los problemas, fomentando un ídolo que hunde a las personas en la ruina y la destrucción. Por eso las apuestas deportivas tienen su atractivo, las criptomonedas son tentadoras, pero esa sensación de desesperanza persiste incluso en nuestras iglesias.
Las iglesias que ofrecen esperanza no eluden las conversaciones difíciles en estas áreas porque las Escrituras tienen más que decir sobre el dinero que sobre casi cualquier otro tema. El dinero es una cuestión de discipulado. Los buenos líderes incorporan intencionadamente —en su predicación, enseñanza y grupos pequeños— formas de abordar el poder del dinero y cómo debe someterse al señorío de Jesucristo.
2. Recuperar la mayordomía
El ministerio me formó en las lenguas antiguas del griego y el hebreo. La planificación financiera me formó en el lenguaje moderno de las finanzas personales. Pero en todo mi aprendizaje, nada ha sido más importante que comprender el lenguaje del reino de Dios y mi papel en él, es decir, que Dios es el Creador, el Rey y el Señor. Las Escrituras nos dicen: «Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella» (Sal 24:1). Dios también dice: «Si Yo tuviera hambre, no te lo diría a ti; / Porque Mío es el mundo y todo lo que en él hay» (Sal 50:12).
Dios es el dueño de todas las cosas, incluyendo cada aspecto de nuestras vidas. El Rey nos hizo a Su imagen y nos confió la creación para que la cuidáramos, para que la administráramos según Su mandato (Gn 1). A esto se le llama mayordomía.
La generación Z necesita recuperar la comprensión de la mayordomía. Aunque este grupo se enfrenta a desafíos únicos, la mayordomía es un aspecto de la historia redentora que se ha requerido para cada generación desde la caída (Gn 3), cuando intentamos arrebatar el reino de Dios para nosotros mismos, diciendo: «Esto es mío». La muerte y resurrección de Jesús declaran: «¡Tú eres mío!», y la vida cristiana es un acto constante de adoración, en el que declaramos: «Todo lo mío es Tuyo».
La mayordomía es un aspecto de la historia redentora que se ha requerido para cada generación desde la caída
Los miembros de la Generación Z que llaman a Jesús «Señor» deben recordar lo que implica Su señorío sobre su dinero. Él es el Señor de su educación, sus trabajos, sus presupuestos, la compra de vehículos, las decisiones sobre el alquiler, la compra de viviendas, los planes de jubilación y las inversiones. Él no les ha cedido el control para que tomen las decisiones que deseen porque se trate de «sus cosas». Más bien, les ha confiado Sus cosas en distintos grados para que las administren con cuidado y reflejen Su señorío.
Esto debería redargüirlos a ellos y a todos nosotros. Debería alejarnos de las ambiciones mundanas y orientarnos hacia los propósitos del reino (Col 3:5-17). Puesto que somos mayordomos, cada decisión financiera que tomamos conlleva la responsabilidad de administrar y cuidar lo que es de Dios. Requiere preguntarnos constantemente: «¿Qué quieres que haga con esto, Señor?».
3. Desarrollar una teología de la suficiencia
La generación Z tiende a pensar que simplemente no hay suficiente para ellos: no hay suficiente empleo, no hay suficiente vivienda, no hay suficiente esperanza. Así que se arriesgan o se rinden.
Pero Dios llama a los cristianos a algo radicalmente diferente: una teología de la suficiencia. Este principio se encuentra a lo largo de toda la Escritura. Un ejemplo claro es Proverbios 30:8-9: «No me des pobreza ni riqueza; / Dame a comer mi porción de pan, / No sea que me sacie y te niegue, y diga: / “¿Quién es el SEÑOR?”. / O que sea menesteroso y robe, / Y profane el nombre de mi Dios».
Una teología de la suficiencia es el reconocimiento de que solo Dios lo posee todo, y solo Él provee («No me des…»). Expresa la realidad de que hay quienes no tienen lo suficiente («pobreza») y quienes tienen más de lo necesario («riqueza»). Ambos extremos pueden alejar a alguien de Dios, ya sea porque incumple sus mandamientos («robar») o porque se olvida de Él por completo («¿Quién es el SEÑOR?»).
En un mundo donde «lo suficiente» se define como «solo un poco más» o «algo que nunca tendré», una teología de la suficiencia arraigada en las Escrituras se caracteriza por (1) reconocer que solo Dios provee, (2) recibir todo lo que Dios provee, y (3) hacerlo sin consumirlo todo. Es la práctica constante de la autolimitación en aras de la bendición y de ser generoso con los demás.
Una teología de la suficiencia financiera se caracteriza por reconocer que solo Dios provee, recibir lo que Él provee y no consumirlo todo
La generación Z no debería esperar para desarrollar esta teología, aunque algunos estén en la escuela secundaria, otros en la universidad y otros al inicio de su carrera profesional. Levítico 19:9-10 dice: «Cuando siegues la cosecha de tu tierra…». ¿Qué se da por sentado? ¡Que Dios les dará una tierra a los israelitas! Esto ocurre mucho antes de que entren en la tierra prometida, y Dios ya les está dando mandamientos sobre cómo deben vivir en ella.
Israel necesitaba su teología para dar forma a cómo vivirían en el futuro. Lo mismo ocurre con la generación Z: cuanto antes se vean a sí mismos como administradores de todas las cosas futuras que Dios les va a dar, y cuanto antes definan lo que es «suficiente» para ellos, mejor les irá cuando llegue el día.
4. Reubicar la esperanza
El nihilismo financiero declara que el sueño americano está roto y que no se puede encontrar esperanza en él. A eso digo: «Amén». Esta sobria valoración de la generación Z puede ser una contribución significativa al avivamiento en la iglesia.
Eclesiastés describe una vida dedicada a alcanzar todas las promesas del mundo con la esperanza de encontrar algún sentido en ellas. Al final, todo fue en vano. Este es el final natural para cualquiera de nosotros que ponemos nuestra esperanza en las cosas de Dios sin ponerla nunca en Dios mismo.
El evangelio nos recuerda que, en la cruz, Cristo experimentó la plenitud de esa desesperanza para que, a través de Su resurrección, pudiéramos encontrar en Él una esperanza verdadera e inquebrantable. Romanos 15:13 dice: «Y el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo».
Cuando pienses en tu futuro financiero, si te sientes vacío, triste, ansioso o temeroso, o si eso te lleva a comportamientos imprudentes, debes darte cuenta de que tu esperanza está lejos del Dios de la esperanza. Probablemente te hayas aferrado a la creencia de que mereces más, de que deberías tener el control o de que el señorío de Cristo no es suficiente.
Aquí es donde puedes arrepentirte, encontrar tu esperanza en Dios, buscar administrar lo que Él te ha dado —ya sea poco o mucho— y recibir Su gozo y paz.




