El pastor John Piper recibe preguntas de algunos oyentes de su pódcast Ask Pastor John. A continuación está una de esas preguntas y su respuesta.
Me encanta la carta a los Gálatas. Allí aparece la frase «Abba, Padre» (Gá 4:6) que analizamos hace unos años:«¿Qué significa clamar «Abba, Padre?» (en inglés).
Allí también se encuentra Gálatas 4:4, donde nos enfocaremos hoy. Tenemos dos preguntas relacionadas con este texto, una de Bryce, quien simplemente preguntó: «¿Por qué esperó Dios tanto tiempo en la historia de la humanidad para enviar a Jesús?». Es una buena pregunta, que Craig desarrolla un poco más, basándose en lo que él también ve en la lectura de Gálatas:
Pastor John, gracias por su dedicación al ministerio. Sus libros y este pódcast han sido de gran aliento para mí. Hace poco, mi cuñado me planteó una pregunta para la que no tuve una buena respuesta, y sigo dándole vueltas. Después de la caída de Adán y Eva en el pecado, ¿por qué tardó tanto en venir Jesús a la tierra, como miles de años? No puedo evitar pensar que Jesús podría haber venido antes y haber llevado el mensaje salvador del evangelio a mucha más gente de la que lo hizo. ¿Podría explicar «la plenitud del tiempo» en Gálatas 4:4 y qué estaba esperando Dios?
Tengo muchas ganas de abordar esta pregunta porque, el pasado diciembre, allá por el Adviento, me pidieron que predicara en Bethlehem, y el tema que me dio el pastor Kenny fue el sacerdocio superior de Jesús sobre todos los sacerdotes del Antiguo Testamento. Mientras me preparaba, me sentí provocado por esta misma pregunta: ¿Por qué Dios no envió a Jesús —el mejor profeta, el mejor sacerdote, el mejor rey— dos mil años antes? El mundo había caído con Adán. La corrupción era tan terrible que Dios aniquiló a todo el mundo, excepto a ocho personas, debido a lo generalizado que estaba el pecado y a lo profunda que era la corrupción. Después del diluvio, la situación no mejoró, lo que confirmó que la humanidad estaba perdida, en una condición desesperada.
Entonces, la pregunta es: «Bueno, este es un buen momento para enviar al Hijo de Dios a morir en la cruz, ¿no?». Pero, en lugar de eso, lo que hace Dios es elegir a Abraham. Así da inicio a una historia de dos mil años de Israel, con sus profetas, sus sacerdotes y sus reyes, lo cual, en general, resulta ser un fracaso colosal a la hora de formar un pueblo obediente que exalte a Dios.
Bryce está planteando precisamente la misma pregunta que yo hice, y Craig le da un giro, que es lo que hace que me alegre de responderla, porque quiero profundizar mucho en este texto. Craig dice: «¿Qué hay de Gálatas 4:4?». «Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos» (Gá 4:4-5).
La plenitud del tiempo
Entonces, ¿cuál es la respuesta a por qué Jesús no vino antes? Y la respuesta es esta: porque el tiempo no estaba pleno, sea lo que sea que eso signifique. Lo cual lleva la pregunta un poco más allá, a saber: ¿Qué es la plenitud del tiempo? ¿Por qué tenía que haber una plenitud del tiempo? ¿Qué lo hizo estar pleno?
Ahora bien, lo primero que hay que hacer, creo, es dejar muy claro que Dios gobierna los tiempos y las estaciones. Dios gobierna la historia. Él establece los tiempos. Comienzan cuando Él dice: «Comienza», y terminan cuando Él dice: «Termina». En Hechos 1:7, Jesús dice: «No les corresponde a ustedes saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con Su propia autoridad». ¡Vaya! Por lo tanto, esa es la verdad básica que debemos tener siempre presente. Dios no se conforma con las acciones humanas. Él gobierna las acciones humanas. Él gobierna los tiempos y las estaciones, de principio a fin. Están fijados por Su decreto soberano.
Dios no se conforma con las acciones humanas. Él gobierna las acciones humanas
Entonces, ¿cuál es el tiempo o la época que debe cumplirse para que Cristo venga? En el contexto de Gálatas, la respuesta es el tiempo o la época de la ley mosaica, la ley de Moisés. Pablo acababa de decir en Gálatas 3:24: «la ley fue [tutora de Israel] hasta que vino Cristo» (NTV). A continuación, dice: «Pero ahora que ha venido la fe» —es decir, ha llegado la fe en Cristo— «ya no estamos bajo el guía. Pues todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús» (Gá 3:25-26). Luego, unos versículos más adelante, aquí en Gálatas 4:2, dice: «está bajo guardianes y tutores [refiriéndose a Israel] hasta la edad señalada por el padre». Y luego dice en Gálatas 4:4-5: «Pero cuando vino la plenitud del tiempo» —es decir, cuando llegó la fecha fijada por el Padre— «Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley».
Así pues, la plenitud del tiempo es la plenitud del tiempo bajo la ley, hasta la fecha fijada por el Padre. ¿Y qué es eso? Pues bien, en Gálatas 3:17, unos versículos antes, Pablo dice (y esto tiene que ver con la promesa hecha a Abraham): «la ley [la ley mosaica], que vino 430 años más tarde [es decir, después de Abraham], no invalida un pacto ratificado anteriormente por Dios, como para anular la promesa».
Lo cual, por supuesto, plantea entonces la pregunta para Pablo y sus lectores que él formula en Gálatas 3:19: «Entonces, ¿para qué fue dada la ley?». ¿Por qué se añadió la ley? Si no anula la promesa, y si las personas son salvas por creer en las promesas incluso bajo la ley, ¿por qué se añadió siquiera la ley? Pablo hace esa pregunta porque es este largo período de la ley el que tiene que cumplirse.
El objetivo de la Ley
Entonces él responde: «a causa de las transgresiones» (Gá 3:19). La ley se añadió a causa de las transgresiones, lo cual, en mi opinión, significa, a la luz de Romanos 5:20, que la ley se añadió de tal manera que ahora había mandamientos concretos que podían infringirse con mayor claridad y, por lo tanto, la desobediencia se convierte en transgresión de los mandamientos. Romanos 5:20 dice: «La ley se introdujo para que abundara la transgresión» — «para que abundara la transgresión» (énfasis añadido).
Y al mismo tiempo, según Gálatas, la ley funciona como una especie de guardián hasta la venida de Cristo, lo cual supone… ¿cuánto tiempo? Unos mil cuatrocientos años, más o menos. Así pues, desde Moisés hasta Jesús transcurrieron mil cuatrocientos años. Desde Abraham hasta la entrega de la ley pasaron unos cuatro siglos, lo que nos da un total de entre mil ochocientos y dos mil años, aproximadamente.
¿Por qué? Ahora bien, ¿por qué necesitaba eso? En Génesis 15:16, Dios le dice a Abraham que Israel será esclavizado en Egipto y regresará a la tierra prometida en la cuarta generación —cientos de años de esclavitud. ¿Por qué el retraso? Aquí está su respuesta (esto es Génesis 15:16): «porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la iniquidad de los amorreos». Hay que llenar los siglos con el pecado de los amorreos para que haya justicia en la conquista de Canaán, cuando Dios juzgue a los amorreos. Así pues, hay una especie de plenitud de tiempo, y el significado es una plenitud de pecaminosidad.
Ahora, compáralo con la plenitud de los tiempos en la que se dio la ley y fue la norma para Israel, cumpliendo su función de aumentar las transgresiones y preparar el camino para Cristo. Entonces, ¿qué estuvo haciendo la ley durante mil cuatrocientos años? ¿Cuál fue el propósito de mil cuatrocientos años de gobierno de Israel bajo la ley? Esto es lo que dice Pablo en respuesta a esa pregunta, en Romanos 3:19: «Ahora bien, sabemos que cuanto dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca» —no solo las bocas judías— «se calle y todo el mundo sea hecho responsable ante Dios».
Así pues, la ley se da para que todo el mundo rinda cuentas ante Dios —y aquí viene la explicación en Romanos 3:20: «Porque por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de [Dios]; pues por medio de la ley viene el conocimiento del pecado». Por lo tanto, la ley demostraba, no solo a Israel sino también al mundo entero, que es imposible para cualquiera estar en paz con Dios mediante el cumplimiento de la ley.
¿Quién es el Hijo de Dios?
Israel se convirtió en un libro de lecciones de siglos de duración para las naciones, para nosotros, para mostrar que los esfuerzos por estar en paz con Dios mediante el cumplimiento de la ley no pueden tener éxito. Y cuando se colmó la medida de los pecados de Israel por la transgresión de la ley (y por el tipo de cumplimiento legalista de la ley), Cristo vino al mundo para mostrar cómo la salvación realmente se logrará mediante la fe en Él.
Dios quería que conociéramos a Su Hijo encarnado, el divino Hijo de Dios, a través de las categorías provistas por los catorce siglos de Israel
Ahora bien, en nuestra arrogancia, podríamos atrevernos a decirle a Dios: «No necesitabas mil cuatrocientos años para dejar claro ese punto. Lo siento, Dios». Es realmente imprudente hablar así. Más nos vale taparnos la boca con las manos. No tenemos la sabiduría de Dios, y lo mejor es que nos callemos y aprendamos de cómo lo hizo Él, en lugar de sugerirle cómo debería haberlo hecho.
Esa fue la respuesta de Pablo a la pregunta de por qué se produjo una demora tan prolongada, qué tipo de tiempo debía cumplirse y cómo llegó a su plenitud. Esa no es la única respuesta que ofrece el Nuevo Testamento sobre el motivo por el que tenemos esta historia. El libro de Hebreos —y aquí es donde dediqué la mayor parte de mi tiempo en mi sermón del año pasado— dice más, mucho más. En concreto, durante todo ese tiempo de la ley y la historia de Israel, Dios estaba proveyendo categorías para entender quién es el Hijo de Dios encarnado.
Dios quería que conociéramos a Su Hijo encarnado, el divino Hijo de Dios, a través de las categorías provistas por los catorce siglos de Israel bajo la ley: categorías de profecía, categorías de sacerdocio, categorías de reyes, categorías de Mesías, categorías de ley, sabiduría, «Admirable Consejero, Dios Poderoso, / Padre Eterno, Príncipe de Paz» (Is 9:6), y muchas, muchas más. Piénsalo: si el Hijo de Dios se hubiera encarnado en los días de Abraham, ninguna de estas categorías hubiera estado disponible para comprender al Hijo de Dios.
Entonces, llegó la plenitud del tiempo. El libro judío de lecciones para las naciones estaba completo. Durante dos mil años, hemos tenido la bendición de comprender al Hijo de Dios gracias a esas categorías y a ese libro de lecciones, y a la justificación por la fe frente a la justificación por el cumplimiento de la ley. Hemos tenido la bendición de conocer la verdad del evangelio a la luz de la realidad del Mesías crucificado, y de ninguna otra manera. Es evidente porque tenemos el libro de lecciones para las naciones.






