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Nota del editor: 

El pastor John Piper recibe preguntas de algunos oyentes de su pódcast Ask Pastor John. A continuación está una de esas preguntas y su respuesta.

Actualmente los vemos por todas partes, en cochecitos, con suéteres diminutos, en casi todos los vuelos comerciales: los «bebés peludos». Resulta que la forma en que tratamos a esas mascotas dice más de nuestros propios corazones que de las propias mascotas. Aquí hay una pregunta más profunda, pastor John, sobre lo que nos ocurre cuando una mascota empieza a llenar un vacío que solo una persona puede llenar. Por eso hablamos de «hijos mascotas».

Cuando vi esta pregunta hace unas semanas, supe que tenía que plantearla, y he estado esperando este día con ilusión. Hoy, en Ask Pastor John: los «bebés peludos» y la mayordomía de las mascotas. La pregunta es de Samuel, de New Haven, Connecticut: 

Pastor John, hola y gracias por atender mi pregunta. Está relacionada con la cultura. Usted parece un hombre al que le encantan los perros. A mí también, por eso me encanta el final del episodio: «¿Distraen las mascotas de la vida cristiana?» (en inglés). Allí mencionó a su goldendoodle, Dusty, y todo lo que ella le enseñó, y en un artículo de abril de 2014, mencionó de pasada a un perro de su infancia en Carolina del Sur. ¿Qué opina de esta sociedad en la que vivimos, que trata cada vez más a los perros y otras mascotas como hijos o sustitutos de los hijos por parte de mujeres solteras que tienen instinto maternal? ¿O especialmente por parte de parejas casadas que podrían tener hijos, pero que en su lugar eligen gastar su dinero discrecional mimando a esas mascotas con ropa innecesaria y comida cara, llevándolas en aviones, utilizando recursos que fácilmente podrían mantener a un niño, y arrojándoselos a los perros, como dice Jesús en Mateo 15:26? Estoy seguro de que usted lo ha visto. ¿Qué le parece?

Cuando vi esta pregunta, pensé para mis adentros: «Cuando yo haya muerto y me haya ido, alguien dirá: “Piper no solo malgastó su tiempo y su dinero en un perro, sino que también malgastó el tiempo de todo el mundo respondiendo a preguntas sobre si se debe tener un perro”». Pero luego pensé: «Bueno, si no es en Ask Pastor John, ¿entonces dónde?». ¿Quién más se convertiría en blanco de críticas por los perros, los gatos, los peces y las tortugas de compañía? Así que, aquí vamos.

Si tu cultura es lo suficientemente pobre, comes perros sin vergüenza alguna. Sin duda, yo comería un perro antes de dejar que mis hijos pasaran hambre. Si tu cultura es lo suficientemente rica, matas a otros animales, como peces y pollos, para alimentar a tus perros, y luego los metes en casa y les cepillas el pelo. Está claro que nuestra relación con los animales, ya sea como mascotas o como alimento, está determinada principalmente por la cultura.

La compañía según la Biblia

Entonces, preguntémonos qué factores bíblicos podrían influir en la actitud de una cultura hacia los animales (o hacia las mascotas en particular). Y lo primero en lo que me gustaría centrar la atención es en Génesis 2.

Entonces dijo el SEÑOR Dios: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada». [De ahí viene el complementarianismo, por cierto, de esa misma palabra: «complementaria para él».] Y el SEÑOR Dios formó de la tierra todo animal del campo y toda ave del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría. Como el hombre llamó a cada ser viviente, ese fue su nombre. El hombre puso nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a todo animal del campo, pero para Adán no se encontró una ayuda que fuera adecuada para él (Gn 2:18-20).

El punto principal de ese párrafo es que, cuando Dios creó a todos los animales, no hizo a ninguno de ellos como una pareja satisfactoria para un ser humano: ese es el punto. «Para Adán no se encontró una ayuda que fuera adecuada para él» (Gn 2:20). Los animales no han sido diseñados por Dios para satisfacer el anhelo de compañía que Él mismo ha puesto en el ser humano, expresado en las palabras: «No es bueno que el hombre esté solo» (Gn 2:18). Ese problema no se resuelve con los animales, según el diseño de Dios.

La intención del Señor es que toda la creación, incluyendo los animales, proclame la gloria de Dios

Esto no significa que no puedas disfrutar de la compañía de un animal. Significa que, cuando esa compañía empieza a funcionar como la compañía de un ser humano, va en contra del diseño de Dios. La Biblia considera el sexo con un animal una perversión (Lv 18:23), y Jesús tuvo palabras muy duras para aquellos que sentían más compasión por un animal que por un ser humano discapacitado o, añadiría yo, un ser humano no nacido (Mt 12:10-12).

Respeto por la vida

El siguiente texto que citaría es Proverbios 12:10: «El justo cuida de la vida de su bestia; / Mas el corazón de los impíos es cruel» (RV1960). En otras palabras, aunque los animales no son humanos y no deben ser tratados como tales, sin embargo, la forma en que los tratas dice algo sobre tu humanidad. De hecho, dice algo sobre ser justo y no impío.

Ahora bien, el texto, por supuesto, no trata de mascotas, pero sin duda es relevante para decidir si se da una patada a un perro sarnoso para que caiga en la cuneta o si se siente algo de piedad y se intenta aliviar su dolor. Creo que se puede ver con bastante claridad que no hay un gran salto desde ese sentido de la compasión bíblica hasta llevarse al perro a casa y descubrir que el afecto se convierte en diez años de cuidados y en una amistad entre el perro y el ser humano.

El tercer texto al que me gustaría referirme es 2 Samuel 12. Recordemos que el profeta Natán acusa a David de adulterio y asesinato contándole esta pequeña parábola:

El rico tenía muchas ovejas y vacas.
Pero el pobre no tenía más que una corderita
Que él había comprado y criado,
La cual había crecido junto con él y con sus hijos.
Comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su seno,
Y era como una hija para él (2 S 12:2-3).

Ahora bien, sería muy extraño que Natán utilizara esa pequeña parábola si tal cosa le resultara repugnante a David o si tal cosa nunca hubiera ocurrido. En otras palabras, evidentemente sucedía de vez en cuando que una familia se encariñara con uno de los corderitos del rebaño, que luego crecía como mascota.

Belleza y rareza

El cuarto texto (o grupo de textos) al que me referiría son las docenas y docenas y docenas de textos que se refieren a más de setenta y cinco tipos diferentes de animales en la Biblia, la mayoría de los cuales no tienen ningún valor comercial. Simplemente están ahí, en la naturaleza, y el principal uso que Dios hace de ellos no es cómo funcionan a la perfección para mantener el ecosistema (aunque eso también es muestra de Su sabiduría), sino cómo brindan a los humanos la oportunidad de ver en la creación de Dios cosas como la fuerza, la diligencia, la belleza, el orden, la perseverancia, la libertad, la destreza, el humor (como el avestruz), la valentía, el equilibrio, la maternidad, la suciedad, la repugnancia, la inconstancia, la astucia, la sutileza, la inmensidad, la insignificancia (gorriones que simplemente caen al suelo en medio del bosque), la paz, la sabiduría, el engaño, la ternura, la humildad, la magnificencia y así sucesivamente.

Al igual que las estrellas, los árboles, las montañas, los lagos y las flores, los animales muestran que Dios se inclina por la belleza y lo extraño, no solo por la funcionalidad. Su intención es que toda la creación, incluyendo los animales, proclame la gloria de Dios: Su sabiduría, Su poder, Su belleza, Su maravilla.

Los animales están ahí para suscitar en nosotros respuestas de adoración hacia Dios

Cuando nos preguntamos para qué sirven los animales, no podemos limitarnos a responder: «Para alimentarnos, para vestirnos, para desplazarnos, para la guerra». También debemos responder: «Están ahí para ser admirados y temidos, para mantenernos alejados de ellos, para acercarnos y para que los imitemos». «Ve, mira la hormiga, perezoso, / Observa sus caminos, y sé sabio» (Pr 6:6). Están ahí para suscitar en nosotros respuestas de adoración hacia Dios.

Sabiduría para las mascotas

Por lo tanto, a continuación, presento algunas de las preguntas que creo que deberíamos hacernos para comprobar si estamos respondiendo a los animales de manera bíblica y sabia, teniendo en cuenta que somos moldeados por nuestra cultura:

  1. ¿Nos apunta este animal hacia Dios y nos ayuda a amar más al Señor, o nos distrae de Él y lo sustituye?
  2. ¿Este animal saca de nosotros impulsos virtuosos o despierta impulsos injustos? ¿Tratamos mejor a las personas gracias a este animal?
  3. ¿Nuestra relación con este animal concuerda con el orden de la creación de Dios y lo confirma o distorsiona ese orden? ¿Está el animal empezando a satisfacer necesidades que solo un ser humano debería satisfacer?
  4. ¿El cuidado de este animal está restando recursos y tiempo que deberían dedicarse a bendecir a otras personas?

Ahora bien, intento ser cauteloso con esa última pregunta porque sé que hay personas que no tienen mascotas y que son tacañas, y no son generosas con los demás, y hay personas que sí tienen mascotas y que son sumamente generosas con los demás. Renunciar a sus mascotas no las haría más generosas con los demás. Por eso pregunto: «¿La mascota está obstaculizando la generosidad hacia los demás?».

Ya está, lo he dicho. Alguien dirá: «Piper, les das demasiadas vueltas a las cosas» (eso es lo que dice mi esposa), a lo que yo respondo: «Entonces, deja de hacer estas preguntas, consíguete un perro y sé mucho más generoso con los demás de lo que eres ahora».


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por María del Carmen Atiaga.
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