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Nota del editor: 

El pastor John Piper recibe preguntas de algunos oyentes de su pódcast Ask Pastor John. A continuación está una de esas preguntas y su respuesta.

¿Cuál es el propósito de Dios en el mundo? ¿Qué está tratando de lograr? Hablamos mucho de Sus objetivos en el pódcast porque, hasta que no sepamos cuál es Su propósito en este mundo, nos resulta imposible descubrir nuestro propósito en este mundo. Esto surge en momentos clave cuando pensamos en la productividad personal y en encontrar un propósito en la vida, como verás en el libro Ask Pastor John, en las páginas 84 a 88. Así que, tenemos esta pregunta de Sarah.

Estimado pastor John, espero que se encuentre bien. Gracias por responder mi pregunta hoy. Mientras estudiaba a Jeremías, me topé con Jeremías 1:12 donde Dios dice: «Yo velo sobre Mi palabra para cumplirla». Esto me llamó la atención, pero no estoy segura de qué significa ni cómo se aplica a mi vida hoy. ¿Se trata simplemente de la soberanía de Dios al cumplir Sus promesas, o hay un significado más profundo sobre lo que podemos percibir como Su obra en el mundo, evidencia de Sus actos, percibida por quienes estudian cuidadosamente Su Palabra? Entiendo que Dios es fiel y que Su Palabra no regresará vacía, según Isaías 55:11. Pero ¿cómo debo interpretar esto en mi propia vida? ¿Debería este versículo animarme a confiar en que Dios llevará a buen término Sus promesas, incluso en tiempos de incertidumbre? También me pregunto cómo esto afecta la forma en que abordo las promesas de Dios en las Escrituras. ¿Puedo descansar con confianza, sabiendo que Dios vela activamente por Su Palabra para hacerla realidad en mi vida? ¡Gracias!


Un descubrimiento dado por Dios

Como he dicho, muchas personas que nos escriben con frecuencia proponen respuestas realmente buenas a sus propias preguntas, y creo que eso generalmente significa lo siguiente: «Pastor John, solo cuéntenos un poco más. ¿Hay más perspectivas y más implicaciones además de las que yo he visto?». Por supuesto que siempre hay más. Más de lo que tú has visto, más de lo que yo he visto, más de lo que ella ha visto, más de lo que nadie ve jamás. Siempre hay más. La Biblia es un océano. Así que solo quería felicitar a todos los que piensan en las preguntas de esa manera.

En otras palabras, cuando tengas una pregunta sobre la Biblia o sobre la vida, no corras de inmediato a un maestro, a Google o a ChatGPT. No sabotees tus propias capacidades de descubrimiento que Dios te ha dado. Lo primero que debes hacer es orar para que Dios te ayude y te guíe. Luego, piensa: toma un lápiz y saca un cuaderno. Es de la vieja escuela, pero realmente creo que es mejor que tratar de hacerlo en la pantalla.

Toma un lápiz, saca un cuaderno y escribe tu primera idea. Analiza esa primera idea. El pensamiento comienza con una pregunta y continúa al proponer posibles respuestas a tu propia pregunta en tu mente. Luego, evalúa esas posibles respuestas en tu cabeza con otras verdades que conoces de la Biblia y de tu experiencia, hasta que veas surgir evidencia sólida de que una de esas respuestas es correcta, ya sea probable o segura.

Bueno, eso es lo que yo hago. Eso es lo que todos pueden hacer.

La forma en que Dios vela

Así que, amén a las buenas sugerencias que Sarah ya hizo. Ella está preguntando específicamente sobre Jeremías 1:11-12. «Vino entonces a mí la palabra del SEÑOR: “¿Qué ves tú, Jeremías?”. “Veo una vara de almendro”, respondí». Ahora bien, la palabra almendro en hebreo suena como la palabra velar. Jeremías hace esto varias veces. «“Bien has visto”, me dijo el SEÑOR, “porque Yo velo sobre Mi palabra para cumplirla”».

Creo que toda una visión del universo depende de cómo se entienda Jeremías 1:12: «Yo velo sobre Mi palabra para cumplirla». «Digo una palabra», dice Dios. «Luego velo sobre ella. Ahora bien, puede ser una palabra que se refiera a una semana a partir de ahora, o a setenta años, o a mil años, pero velo sobre ella». Y la gran pregunta es esta: ¿En qué sentido vela sobre ella?

Dios no es un adivino. Él pronuncia Su palabra y luego se encarga de que esa palabra se cumpla

Una visión del universo diría que Dios puso en marcha procesos independientes —naturales, históricos, sociales y psicológicos—, y que conoce tan bien esos procesos que puede predecir, de manera infalible, a qué conducirán de manera independiente. Así que Él observa. Observa cómo Sus predicciones se desarrollan infaliblemente y se cumplen. Esa es una visión del universo.

Según este texto, esa no es la verdadera visión del universo, porque en esa última frase Dios explica lo que quiere decir con «Yo velo sobre Mi palabra». Él dice: «Yo velo sobre Mi palabra para cumplirla» (énfasis añadido). Esta es una visión diferente del universo. Dios no está observando cómo se desarrollan procesos históricos independientes que Él puede comprender y predecir. Dios no es un adivino. No tiene una bola de cristal infalible. Él nunca —fíjate bien— nunca se limita a predecir. Él cumple Su palabra; la pronuncia y luego se encarga de que esa palabra se cumpla. Esa es una visión del universo diferente a la de considerar las palabras de Dios como predicciones de procesos históricos independientes, en lugar de como la perfecta manifestación de la soberanía divina.

Cumplir, no predecir

En efecto, Dios sí sabe lo que sucederá. Pero sabe lo que sucederá porque Él mismo lleva a cabo lo que sucederá. No se limita a predecir la historia; Él crea la historia. No debemos pensar en la profecía como una evidencia de que Dios tiene una visión infalible de los procesos históricos independientes, de modo que puede conocer perfectamente esos procesos y hacer buenas predicciones. No son independientes. Dependen de Su voluntad.

«[Él] obra todas las cosas conforme al consejo de Su voluntad» (Ef 1:11). «Yo soy Dios, y no hay ninguno como Yo, / Que declaro el fin desde el principio, / Y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho» (Is 46:9-10). Luego explica cómo puede declarar hoy lo que sucederá mañana o dentro de mil años. Él dice: «Mi propósito será establecido, / Y todo lo que quiero realizaré» (Is 46:10). Así es como sabe que puede declarar el futuro: porque Él crea el futuro. Las promesas de Dios son los propósitos expresados por Dios, y Él dice: «Lo que quiero realizaré».

Las preciosas promesas son el compromiso del mismo Dios de estar presente en nuestras vidas para cumplir lo que ha hablado

Los propósitos de Dios no se cumplen debido a procesos históricos independientes. Se cumplen porque Dios está continuamente activo en esos procesos y se encarga de que Sus propósitos, expresados en Sus promesas, nunca se vean frustrados. A veces, Dios habla de Su propia palabra como si tuviera poder en sí misma para cumplir lo que promete. Por ejemplo, en Isaías 55:11: «Así será Mi palabra que sale de Mi boca / No volverá a Mí vacía / Sin haber realizado lo que deseo, / Y logrado el propósito para el cual la envié». O Jeremías 23:29: «“¿No es Mi palabra como fuego”, declara el SEÑOR, “y como martillo que despedaza la roca?”».

La poderosa palabra de Dios

Así pues, a veces la Biblia dice que la palabra de Dios cumple lo que profetiza, y otras veces dice que Dios cumple lo que Él profetiza, pero nunca dice que Dios simplemente prediga lo que sucederá independientemente de Su cumplimiento.

  • 1 Reyes 6:12: «Yo cumpliré Mi palabra contigo, la cual hablé a David tu padre».
  • Jeremías 29:10: «Cuando se le hayan cumplido a Babilonia setenta años, Yo los visitaré y cumpliré Mi buena palabra».
  • 1 Samuel 3:12: «Ese día cumpliré contra Elí todo lo que he hablado sobre su casa».
  • Números 23:19: «¿Lo ha dicho [Dios], y no lo hará? / ¿Ha hablado, y no lo cumplirá?».

Entonces, esta es la aplicación para nuestras vidas. Las preciosas promesas de Dios, en las que confiamos y por las que vivimos día a día, no son las predicciones de un Dios distante y muy inteligente que comprende los procesos independientes, sociales, históricos y psicológicos que nos han llevado hasta este punto. Por el contrario, estas preciosas promesas son el compromiso del mismo Dios de estar presente en nuestras vidas para cumplir lo que ha hablado. Disfrutamos de la comunión con Dios al confiar en Sus promesas, al confiar en que Él cumplirá lo que ha hablado mediante Su misma presencia con nosotros.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por María del Carmen Atiaga.
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