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Me gusta observar el rostro de las personas por la calle, me hace pensar que cada uno lleva una vida compleja y llena de responsabilidades para con otros. En particular, me gusta considerar cómo cada individuo que veo forma parte de alguna familia donde comparte una historia. Este entramado de personas y relaciones nos da forma a cada uno, para bien o para mal.

No sé cómo es tu familia. Tal vez has sufrido abandono o te sientes incomprendido. O quizás eres parte de una familia numerosa. Pero, sin importar las circunstancias, es importante que cada cristiano recuerde esta verdad: en Cristo no hay huérfanos espirituales (Jn 14:18). Si estás en Cristo, has sido adoptado como hijo de Dios y perteneces a Su familia, la iglesia, y esta realidad define toda tu vida.

Si estás en Cristo, has sido adoptado como hijo de Dios y perteneces a Su familia, la iglesia, y esta realidad define toda tu vida

Estuve reflexionando sobre esta verdad a partir del hermoso himno de alabanza, gracia y acción de gracias que está en la carta de Efesios (Ef 1:3-14). Allí, Pablo describe la nueva realidad que los cristianos viven en el Dios trino. Meditar en esto ha sido de ánimo para mí y espero que también lo sea para ti.

No hay cristianos huérfanos para el Padre celestial

Nuestro Padre «nos ha bendecido con toda bendición espiritual… en Cristo» (Ef 1:3), entre las cuales está nuestra adopción, por la cual somos hijos Suyos y parte de Su familia, la iglesia. La gracia gloriosa que Dios nos ha mostrado es el gran motivo que tenemos para alabarle en todos los ámbitos de la vida. Y la reunión dominical es el «espacio» adecuado donde nos congregamos como iglesia para alabar y adorar al Padre por lo que nos dio en el Señor Jesucristo.

Por eso la Biblia nos anima a comprender la importancia de la unidad y la necesidad de reunirnos físicamente con nuestros hermanos de la iglesia local (He 10:24-25). Dios nos llama a estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, a congregarnos para Su gloria.

Un creyente que no asiste a la iglesia tarde o temprano se sentirá solo y huérfano, y en gran parte se debe a que el corazón se enfría cuando no nos reunimos con nuestros hermanos en la fe para adorar al Dios que nos bendijo en Cristo. Congregarse para la alabanza de la gracia del Señor estimula y alienta nuestra vida cristiana (Col 3:16).

Por ejemplo, casi nadie sale a caminar sin saber a dónde va o lo que quiere lograr. Las personas caminan para llegar a su casa o el trabajo, o tal vez quieren alcanzar cierta cantidad de pasos. Pero si sales solo y sin saber adónde ir, es muy probable que te pierdas. Los cristianos son peregrinos que caminan en comunidad, con la iglesia, con el objetivo de adorar y glorificar a Dios. Si vives esa realidad, nunca te sentirás huérfano en este mundo.

No hay cristianos huérfanos en el cuerpo de Cristo

Si estás en Cristo, puedes estar seguro de que Él tiene un plan para ti: transformar tu vida para siempre. Dios te conoce y te eligió desde antes de la fundación del mundo para que seas santo e irreprensible delante de Él (Ef 1:4). Esto es importante porque la mayoría de las personas que se sienten solas o huérfanas en el mundo se sienten así por una falta de propósito en sus vidas. Pero no es así con los hijos de Dios, pues no solo pertenecemos a una familia, sino que nuestro Padre cumplirá Su propósito en nosotros.

Los cristianos son peregrinos que caminan en comunidad con el objetivo de adorar y glorificar a Dios

Me gusta pensar en la vida de Mateo, un recaudador de impuestos a quien Jesús eligió para ser Su discípulo (Mr 2:14). La profesión de Mateo no gozaba de prestigio. En aquella época, los recaudadores de impuestos eran conocidos por cobrar más de lo debido para enriquecerse a costa de sus compatriotas. ¿Cómo se habrá sentido estar bajo el yugo de los romanos y ser despreciado por los suyos a la vez? Sin embargo, Jesús lo eligió para hacer grandes cosas porque quería transformar su vida por completo.

Ten siempre presente que el objetivo de la elección no es tu comodidad, sino tu transformación, tu santificación. Alaba y regocíjate en Dios, porque Él tiene un plan para tu vida.

No hay cristianos huérfanos en la vida del Espíritu

La adopción en Cristo trae consigo la promesa de compartir la heredad de nuestro Padre celestial. Pero eso no es todo, también tenemos la garantía del Espíritu Santo de que la promesa es segura y somos hijos plenos de Dios. Además, el Espíritu Santo obra en los hijos de Dios a cada paso.

En Él también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de Su gloria (Ef 1:13-14).

No importan los errores del pasado o tus luchas del presente, si estás en Cristo tu adopción es segura gracias al Espíritu de Dios. Esto me hace pensar en la historia de Afshin Ziafat. Aunque nació en Estados Unidos, fue criado en una familia iraní musulmana. Vivió unos años en Irán, pero debido a la Revolución Islámica de 1979, su familia se estableció finalmente en Texas. Una tutora que le enseñaba inglés le regaló un Nuevo Testamento que no leyó hasta el último año de la secundaria. Fue entonces cuando conoció a Cristo y se convirtió en cristiano.

Esto le costó su relación con su familia y, en especial, con su padre. Con apenas 17 años, Afshin Ziafat fue abandonado por su familia. Pero Dios nunca lo dejó solo: fue adoptado por el Padre celestial, sellado con el Espíritu Santo e introducido a una familia de la fe que lo ayudó en los desafíos de la vida juvenil. Hoy Ziafat es un pastor de una iglesia bautista en Texas, un cambio impresionante que solo Dios pudo haber hecho.

Ten siempre presente que el objetivo de la elección no es tu comodidad, sino tu transformación

No importa lo improbable o difícil que parezca a ojos humanos, quien está en Cristo es verdaderamente un hijo adoptado de Dios y recibe la garantía del Espíritu. Ningún cristiano está solo ni es huérfano.

Sigue caminando con Dios

Cristo pagó nuestra deuda en la cruz y logró nuestra adopción, por la cual nos hizo hijos de Dios y parte de una familia de la fe. Todo eso sin que lo merezcamos, sino por puro amor. Esto es un regalo enorme y cambia nuestra manera de enfrentar la vida.

Tal vez tu padre o madre te abandonó y es algo con lo que luchas cada día. Tal vez te sientes solo, abandonado o sin propósito en la vida. Todos caminamos esta vida enfrentando diferentes pruebas, pero si estás en Cristo no eres huérfano. Perteneces a la familia de Dios, tienes un propósito y el Espíritu Santo te acompaña en cada paso.

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