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Por qué debes asistir a la iglesia (en persona) este domingo

Ya sea por motivos de salud o simplemente porque prefieren verlo por Internet en pijama, los asistentes de entre treinta y cuarenta y nueve años acuden ahora a la iglesia con mucha menos frecuencia que antes del COVID. Para algunos, reunirse en persona puede resultar arriesgado o inconveniente.

Sin duda, los servicios por Internet pueden servir a los fieles amados que están confinados en casa y a los miembros enfermos. Hay razones válidas para faltar a la iglesia. Sin embargo, la Palabra de Dios insiste en que cada cristiano necesita la adoración congregacional.

Cuando el Espíritu Santo descendió en Pentecostés, en Hechos 2, la iglesia brotó y se reunía con regularidad. Según Hechos 20:7, los cristianos se reunían todos los domingos. Además, Hebreos 10:25 advierte a los cristianos que no dejen de congregarse. Entonces, «La Biblia lo dice. Yo lo creo. Fin del asunto». ¿Verdad?

Cierto, pero las Escrituras ofrecen beneficios adicionales a quienes asisten en persona. Estos son cinco incentivos que Dios da a cada cristiano para levantarse e ir a adorar con su iglesia local.

1. Preséntate para animar

Justo antes de alentar a los cristianos a congregarse, Hebreos 10:24 dice: «Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras». Esta necesidad de presentarnos para estimularnos me recuerda un viaje que hice con mi esposa. Nos unimos a una excursión nocturna en kayak para ver la bioluminiscencia producida por microorganismos raros —que solo se encuentran en doce lugares del planeta— que brillan cuando se agitan en el agua. Nos maravillamos cuando la luz se intensificó al estimularlos moviendo nuestros remos.

La iglesia local es la principal estrategia evangelística de Dios para un mundo perdido y moribundo

Curiosamente, no se encienden a menos que se les estimule agitándolos. Hebreos 10 dice que los cristianos funcionan así. De nuevo, hay que estar presente para animar a otros. Ver la reunión por Internet simplemente no puede hacerlo con la misma fuerza. El pueblo de Dios necesita que tú lo estimules, y tú necesitas que ellos te estimulen a ti.

2. Reúnete para llegar al último día

El autor de Hebreos nos exhorta a reunirnos «mucho más al ver que el día se acerca» (10:25). La historia corre hacia un gran día futuro en el que Jesús volverá para juzgar a vivos y muertos. Mientras tanto, se nos dice que hagamos dos cosas: congregarnos fielmente a medida que ese día se acerca y considerar la adoración corporativa como un medio de gracia para ayudar a los creyentes a perseverar hasta el final.

Es evidente que estamos más cerca de ese «día» que cuando se escribió Hebreos. ¿Debemos entonces reunirnos más o menos? Mucho más. Aprovechemos el día del Señor para anticipar el día final.

3. Congrégate para evangelizar a los perdidos

«Un mandamiento nuevo les doy», dijo Jesús, «que se amen los unos a los otros; que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros» (Jn 13:34-35).

¿Ves lo que está visualizando? Cristianos que se reúnen —visible y regularmente, en el mismo lugar y a la misma hora— de modo que los de fuera los identifican como un grupo distintivo. El amor que se da a sí mismo los une en un cuerpo unificado. Tal reunión muestra la gloria de Dios a las naciones. Como observan Ray Ortlund y Sam Allberry: «La iglesia no solo está destinada a ser una nueva comunidad (hay muchas que surgen constantemente). Está destinada a ser un nuevo tipo de comunidad». De hecho, la iglesia local es la principal estrategia evangelística de Dios para un mundo perdido y moribundo.

4. Congrégate para mostrar la gloria de Dios al universo

El libro de Efesios empieza con una teología asombrosa sobre nuestra salvación. Pablo muestra cómo el evangelio que nos reconcilia con Dios también reconcilia a los creyentes judíos y gentiles en un pueblo totalmente nuevo. Esta unidad muestra el poder del evangelio tan profundamente que incluso «los principados y potestades en los lugares celestiales» miran a la iglesia con asombro (Ef 3:10). La gloria divina expuesta en una iglesia ordinaria cautiva incluso a ángeles y demonios.

Las reuniones centradas en la Palabra nos transforman constantemente conforme a la imagen de Cristo

Piensa en una iglesia sana como si fuera un episodio de Planeta Tierra con impresionantes imágenes de la creación. Una mirada más atenta a la pantalla de tu televisor revela miles de pequeños puntos de luz. Aunque un punto individual no es tan impresionante, miles de puntos trabajando en concierto forman un despliegue brillante. Del mismo modo, cuando los creyentes se reúnen para glorificar a Cristo, incluso las fuerzas cósmicas en los reinos invisibles sintonizan. Pero Su gloria en nuestras reuniones no solo alcanza los cielos, sino que toca la tierra.

5. Congrégate para anunciar a Cristo y equipar a Su pueblo

Jonathan Leeman llama a la iglesia local una embajada del gran Rey. Esto significa que la reunión dominical es como un puesto de avanzada del cielo. Reunirse en nombre de Cristo declara Su autoridad sobre el cielo y la tierra (Mt. 18:20; 28:19). Damos testimonio del Rey de reyes cuando nos reunimos y declaramos todo lo que Él ha ordenado. Las reuniones centradas en la Palabra nos transforman constantemente conforme a la imagen de Cristo, de modo que cada vez nos parecemos más a los ciudadanos del cielo.

Visión a largo plazo

Reunirte con otros puede ser arriesgado e inconveniente, pero espero que veas que no reunirte con el pueblo de Dios trae consigo riesgos mayores. ¿Quién te estimulará al amor y a las buenas obras o te ayudará a perseverar hasta el final? ¿En qué otro lugar puedes reunirte con otros para mostrar el glorioso poder de la gracia a los seres humanos y a los poderes cósmicos? ¿Quién quiere perderse la oportunidad de ser una colonia del cielo en la tierra?

Si te has vuelto perezoso en tu compromiso con el cuerpo de Cristo, asiste a una iglesia que predique el evangelio este domingo, y todos los domingos siguientes. Estarás eternamente agradecido de haberlo hecho.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Eduardo Fergusson.
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