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La teología es la ciencia de vivir para Dios, como decían los puritanos. Sin embargo, muchos estudiantes de teología podemos olvidar que el fin de nuestros estudios es conocer a Dios y adorarle, no solo adquirir información sobre Él. Dios es una persona y no un simple objeto de estudio.

Ya sea que estudies teología en alguna institución o por tu propia cuenta, seguramente entiendes de lo que hablo. He sido testigo y víctima de cómo el estudio teológico puede sustituir nuestro tiempo de devoción con Dios.

Contra el decaimiento espiritual

El deber y las demandas académicas tienden a provocar una impersonalización de nuestra relación con Dios, lo que resulta ser una ironía, pues nos habíamos introducido en este objetivo primeramente para conocer más al Señor y alimentarnos de Él.

La mayoría de las veces, este decaimiento espiritual sucede sin que nos demos cuenta. Por eso es importante que aprendamos a estar alertas para identificar si nuestra vida espiritual corre peligro. Aquí te ofrezco unas preguntas que pueden ayudarte a ver si tu vida crece en información, pero no en devoción a Dios:

  • ¿Lo que estás aprendiendo ha producido en ti una vida más humilde, amorosa, cercana y mansa en el Señor o simplemente estás ganando más argumentos?
  • ¿Eres más sensible a la voluntad de Dios para tu vida o más bien estás confundido y sientes como si una neblina obstruye tu relación con Él?
  • ¿Qué te produce más satisfacción y te motiva en tu estudio: conocer nuevos conceptos o conocer más a Dios?

En varias etapas de mis estudios reflexioné con este tipo de interrogantes y sentí que estaba sustituyendo mi relación con Dios por mi estudio sobre Dios. Ahora estoy por llegar a la fecha de mi graduación y doy gracias al Señor porque Su fidelidad me sostuvo. Así que quiero compartir contigo cinco prácticas que me ayudaron a cuidar mi devoción por Dios en medio de los estudios teológicos y espero que te ayuden también a ti.

1. Prioriza la lectura devocional de la Biblia 

Ningún libro de teología puede sustituir el lugar de la Escritura en la vida del creyente. ¡Léela todos los días!

No es casualidad que Dios le dijo a los líderes, reyes, padres y al pueblo de Israel que leyeran la Palabra y meditaran en ella día y noche (Jos 1:8; Dt 6:6-7; 17:19; Sal 1:2). El propósito detrás de esto es que la Palabra es viva y genera vida en nosotros. Como estudiantes y entusiastas, la exposición constante a recursos teológicos puede confundirnos al hacernos pensar que esas lecturas sustituyen nuestro tiempo con la Palabra. Pero no es así.

Compartir conocimiento bíblico es un deber cristiano, pero también una bendición, porque nos nutre y nos acerca más a Dios

Por eso te animo a planificar tu rutina, horarios y calendario. Además de apartar tiempo para estudiar, realizar tus trabajos académicos y para tus responsabilidades generales, siempre mantén la disciplina devocional. Ten un tiempo a solas con Dios cada día, para leer y deleitarte en Su Palabra. Medita en ella y responde al Señor en oración.

Además del enorme valor que el devocional tiene en sí mismo, también hay un extra para los estudiantes de teología. En múltiples ocasiones lograba conectar lo que leía en la Palabra con lo que se me explicaba en las clases, aún cuando se tratasen de dos textos diferentes, sobre temas diferentes. Mi vida devocional se enriqueció y aumentó mi asombro por conocer más a Dios.

2. Estudia como un hijo de Dios

Eres un estudiante que absorbe contenido, pero sobre todo eres un hijo de Dios que está conociendo más a su Padre. Todo lo que aprendemos, lo debemos interiorizar como leche espiritual que nutre nuestra piedad por causa de conocerlo a Él.

Abraza lo que aprendes en cada lección y lectura, con la intención profunda de que impacte tu corazón y tu mente. Por eso te invito a que acompañes tus estudios con mucha oración, meditando en las verdades bíblicas que sostienen la reflexión teológica.

3. Vive lo que aprendes

El pastor Miguel Núñez nos ha preguntado muchas veces: «¿Crees la Biblia o vives la Biblia?». Esta es una forma de llevarnos a reflexionar en el impacto transformador que debe tener la Biblia en la manera en que vivimos, para que no sea solo contenido almacenado en nuestras mentes. Lo mismo debe suceder con la información que adquirimos en las clases de seminario y en las lecturas de recursos teológicos.

Ciertamente, a veces es complejo saber cómo trasladar lo que aprendemos a nuestras vidas, pues muchas veces se nos habla de, por ejemplo, géneros literarios de la antigüedad, sintaxis de lenguas muertas, historia de la iglesia y demás. A simple vista, luce como un conocimiento poco práctico para la vida diaria.

Sin embargo, no debemos permitir que el pragmatismo de nuestra época nos impida sacar provecho espiritual de los contenidos que aprendemos. La fe de creyentes del pasado o la riqueza de los idiomas originales, por ejemplo, deben alimentar la adoración a Dios en nuestros corazones.

Debemos aprender a deleitarnos en conocer al Señor a través de tanto contenido. Luego, podemos buscar las mejores formas de aplicar todo lo que aprendemos para el bien de otros y para nuestro propio crecimiento.

4. Comparte lo que aprendes

No solo consumas información, sino también produce y comparte. Luego de orar y meditar, luego de buscar formas de vivir lo que aprendemos, también te recomiendo que busques el bien de quienes te rodean al compartir lo que recibes de gracia.

No podemos ser egoístas con las enseñanzas aprendidas. Busca la manera y los espacios para edificar a otros hermanos y evangelizar a no creyentes. El esfuerzo de compartir nos ayudará también a desmenuzar y afianzar los conceptos en nuestras mentes y corazones. Compartir conocimiento bíblico es un deber cristiano, pero también una bendición, porque nos nutre y nos acerca más a Dios.

5. Busca una comunidad estudiantil y compartan experiencias

Es muy provechoso compartir nuestras experiencias con otros estudiantes. El seminario es una excelente red para conectar con otros hermanos de otras congregaciones y aprender de ellos sobre cómo han logrado balancear sus estudios teológicos con su vida espiritual.

Recuerdo haber conocido a un gran hermano en la fe con quien compartí en el seminario por mucho tiempo y pude conectar con él y su experiencia, no solo como seminarista, sino también con las prácticas que su iglesia hacía. Su ejemplo fue de especial ánimo para mí.

Estas comunidades son importantes no solo porque sirven como una fuente de desahogo en nuestras luchas intelectuales, sino porque también nos estimulan a seguir adelante y ser maduros en la fe. Si aún no la tienes, busca o construye una; créeme que será de mucha edificación.

¡Que no se apague!

Los seminarios teológicos son una gran bendición para nuestras vidas, pues nos permiten pararnos sobre los hombros de gigantes de la fe y entender con más precisión las verdades bíblicas. Si estás aprendiendo teología de manera informal, devorando los libros y recursos que consigues, también entiendes el beneficio de dedicarte al conocimiento profundo de Dios.

Sin embargo, no permitas que el deber académico y el deseo de saber más apaguen tu amor por el Señor, pues el estudio puede camuflarse como un «tiempo con Dios», cuando no necesariamente es así.

Mantén tu mente y corazón alertas, sigue estudiando y cumpliendo tus responsabilidades. Pero que tu devoción por Dios no se apague y que puedas disfrutar cada día de conocerlo y amarlo. ¡Que la teología te lleve a vivir para Dios!

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