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Esta mañana, me desperté pensando en uno de los conjuntos de directrices más útil y sencillo para confesar maldades cometidas, con la esperanza de ser perdonados y extender el perdón. Se llama “Los siete elementos de la confesión” y “Las cuatro promesas del perdón”, publicado por Peacemaker Ministries. Usted puede leer más acerca de estos principios en la página web Peacemaker o en el libro de Ken Sande, Pacificadores.

Estos son los principios con una breve frase de explicación.

Los 7 elementos de la confesión (ver Mt. 7:3-5; 1 Juan 1:8-9; Prov. 28:13)

1. Diríjase a todos los afectados.

No habremos confesado plenamente un pecado o delito hasta que nos hayamos dirigido a todos los afectados. Si la situación ocurrió entre dos personas, entonces los dos involucrados deben hablar. Si ofendí a alguien ante un grupo, debo dirigirme al grupo.

2. Evite las expresiones “si”, “pero” y “tal vez”.

Estas son palabras mágicas que realmente borran la disculpa. Cambian la culpa o anulan la disculpa. “Si no lo hubieras hecho…” “Yo no habría hecho ____, pero tú…” “Tal vez las cosas habrían sido diferentes si…, pero …”. Los que han sido heridos o agraviados raramente sienten esto como una disculpa sincera.

3. Reconozca específicamente lo que hizo mal.

Declaraciones generales de “lo siento” sin identificar el mal hecho dan la impresión de que no somos realmente conscientes de lo que hemos hecho, o que no estamos dispuestos a hacernos responsables de ello. Cuanto más específica sea la disculpa, será más auténtica.

4. Reconozca cuánto ha lastimado a otros.

A veces dejamos de lado este paso. Por momentos, enfrentar el daño puede abrumar al culpable. Pero hasta no mostrar cierta empatía y compasión, diciendo: “Mis palabras deben haberte hecho sentir menospreciado… avergonzado… o enfurecido”, entonces no hemos reconocido plenamente la humanidad de aquel al que hemos lastimado. Reconocer el dolor causado ayuda mucho a reparar el daño.

5. Acepte las consecuencias.

A veces queremos que un “lo siento” borre todas las consecuencias. Podemos utilizar las disculpas como una tarjeta del juego Monopolio para “salir libre de la cárcel”. “He dicho que lo siento; ¿qué más quieres?” indica que nuestro arrepentimiento es incompleto. Pero una verdadera confesión admite que puede haber consecuencias después de la confesión. Debemos aceptar que es posible que tengamos que pagar por algunos bienes dañados, perder una amistad por nuestra transgresión, o aguantar una mala reputación. En cualquier caso, actuamos como adultos y aceptamos el resultado de nuestro mal, sea cual sea.

6. Cambie su comportamiento.

No estaremos verdaderamente arrepentidos hasta que no hagamos esto. Y no hacer esto socava nuestras disculpas y cualquier confianza que estemos tratando de reconstruir.

7. Pida perdón.

Pídalo realmente. “¿Me perdonas?”. Debemos dar a la persona que hemos dañado la dignidad de procesar su dolor y responder con honestidad. Es posible que tengamos que esperar mucho tiempo antes de que llegue el perdón. No debemos suponer que todo puede ser ignorado instantáneamente. Así que, cuando nuestra confesión es genuina, pedimos perdón y esperamos una respuesta.

Las 4 promesas del perdón (ver Mt. 6:12; 1 Co. 13:05; Ef. 4:32)

1. “No me detendré en este incidente”.

No hemos perdonado si no podemos dejarlo ir. Si estamos meditando en una lesión o la transgresión después de una confesión, entonces seguimos teniendo por culpable a la otra persona. “Yo te perdono, pero no voy a olvidar” puede ser en realidad falta de perdón. Me encanta el comentario de Corrie Ten Boom en respuesta a un antiguo colega que le preguntó si recordaba su transgresión de hacía algunos años. Corrie dijo: “Claramente recuerdo haberlo olvidado”.

2. No volveré a mencionar este incidente para usarlo contra ti.

Cuando no perdonamos, podemos guardar esa transgresión hasta el “momento adecuado” cuando podamos usarla para atacar, negociar algún resultado futuro, o ganar algo de ventaja. Eso no es perdón, es manipulación. Es “venganza” a la antigua. Entonces somos nosotros quienes tendremos que confesar nuestra maldad.

3. No hablaré con otros acerca de este incidente.

Si perdonamos a una persona, entonces el asunto no debe extenderse a los demás. Con excepción de situaciones graves que requieran asesoramiento o algo así, nunca tocaremos el tema con otros.

4. No permitiré que este incidente se interponga entre nosotros o entorpezca nuestra relación personal.

Esta suele ser la parte más difícil. Y es esta parte la que requiere algo como los siete elementos de la confesión. Las confesiones completas permiten la plena reconciliación. El objetivo es la redención y la restauración de la relación y la persona. Realmente es esto lo que buscamos.

Este artículo fue publicado originalmente el 5 de diciembre 2013 para The Gospel Coalition. Traducido por Daniel Lobo.
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