¿Cómo aprender a ver a Jesús en el Antiguo Testamento?

Aunque la Biblia se divide en Antiguo y Nuevo Testamento, la realidad es que toda ella cuenta una historia unificada que se trata sobre Jesús (ver Lc. 24:27).

Como he escrito antes, es transformador ver que la Biblia es como una película en DVD versión extendida, dividida en dos discos (Antiguo y Nuevo Testamento), que cuentan la misma historia, tienen el mismo director, el mismo equipo de producción, y el mismo protagonista. Ver esto nos guarda de leer la Biblia como una simple serie de mandamientos o historias moralizantes y desconectadas entre sí, y más bien nos ayuda a entender la Palabra.

Pero si somos honestos, esto a veces es difícil de ver, ¿no es cierto? En especial cuando hablamos del Antiguo Testamento (A. T). Con el despertar a la predicación cristocéntrica que vemos en nuestros países, es común ver incluso a pastores y maestros decir algo así: “Sí, todo eso de ver a Jesús en toda la Biblia está bien y suena bien, pero ¿cómo lo hago?”.

Es importante que todo hombre llamado al ministerio busque capacitarse teológicamente de la mejor manera que tenga a su alcance. Pero no necesitas adquirir la última biblioteca Logos o una colección costosa de comentarios bíblicos en físico para empezar a ver a Cristo en toda la Biblia, aunque estas cosas sean herramientas muy útiles y excelentes inversiones (¡Bendito sea el Señor por los recursos que ha dado a nuestra generación!).

Recuerda que muchos puritanos, reformadores, y cristianos en la historia no tenían tantas herramientas y recursos modernos como nosotros, y sin embargo pudieron ver cómo el A. T. nos habla de Jesús. Entonces, ¿cómo lo hicieron ellos y podemos hacerlo nosotros hoy?

Hay mucho qué decir al respecto, pero aquí van tres lecciones básicas que te ayudarán.

1. Lee cada texto a la luz del resto de la historia bíblica.

He visto a cristianos frustrarse tratando de ver a Jesús en todos los versículos o historias de la Biblia, preguntándose quién o qué es Jesús en ellos. Tiene sentido que se frustren. Aslan no está en todas las páginas de las Crónicas de Narnia y sería una pérdida de tiempo tratar de buscarlo en todas. Lo mismo ocurre con la Biblia. De hecho, si metemos a Cristo en versículos donde no está, terminaremos alegorizando la Palabra y leyendo mal.

En realidad, cuando decimos que Él está en toda la Biblia y es su protagonista, queremos más bien decir que la Biblia es Cristotélica (de la palabra griega telos, que significa “propósito” o “fin). Esa palabra se usa en la teología para decir que toda la Biblia tiene el fin de resaltar y mostrar la obra de Cristo.

No todas las historias o versículos te hablarán directamente y por sí solos de Jesús, pero tienen el propósito de guiarte a Él y su obra cuando miras todo a la luz del resto de la Palabra.

Esto significa que aunque un versículo o una historia en el A. T. no responda directamente a la pregunta ¿Cómo me profetiza o me habla del evangelio este pasaje?, igual hay otras preguntas que puedes hacerte y que te ayudarán a ver cómo el A. T. apunta a Jesús. Por ejemplo:

  • ¿Cómo me prepara este pasaje para el evangelio?
  • ¿Cómo resuelve Jesús la tensión o el drama al que apunta este pasaje?
  • ¿Qué dice este pasaje a mi vida ahora a la luz del evangelio?

Así que, para empezar, no te preocupes si no ves a Cristo en absolutamente todo versículo o pasaje del A.T. No todos los textos contienen profecías tan directas y claras sobre Jesús como Isaías 53 o Génesis 3:15, por ejemplo. En cambio, enfócate en buscar ver a Cristo desde ellos. La clave para eso está en ver cómo el texto encaja dentro de toda la Biblia.

Veamos un ejemplo: ¿cómo nos apuntan a Jesús las historias de profundo desorden moral que se nos narran en Jueces ? Si lees Jueces por sí solo, es imposible responder a esta pregunta. Así que hay leer bien el libro de Jueces y buscar ver cuál es su lugar en el resto de la Biblia.

Algo que notamos al leer cuidadosamente es que en el libro varias veces se repite la frase: “En esos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus propios ojos” (Jue. 17:6; 21:25). De hecho, ¡así termina el libro! Es como si el autor quería que recordaras eso al terminar de leerlo. Jueces muestra la necesidad que Israel tenía de un rey justo que trajera orden y rectitud para que el pueblo no se apartara del Señor. Más tarde hubieron reyes en Israel, pero si lees la historia, verás que todos ellos fueron imperfectos… hasta que llega Jesús, el verdadero Rey que aparta la maldad de su pueblo.

Así, y a riesgo de sobresimplificar, los relatos de desorden moral que vemos en Jueces nos apuntan a Jesús al mostrarnos la necesidad de Su reinado. Jueces nos prepara para entender con mayor claridad el evangelio al dirigir nuestra mirada a la gloria del gran Juez que cambia nuestros corazones y traerá justicia perfecta al mundo.

Recuerda: no todas las historias o versículos te hablarán directamente y por sí solos de Jesús, pero tienen el propósito de guiarte a Él y su obra cuando miras todo a la luz del resto de la Palabra.

2. Considera los grandes temas en la historia de la redención.

En la Biblia hay varios temas prominentes que corren a lo largo de la historia de la redención, a lo largo de toda la Escritura, y que tienen su máxima resolución en Cristo.

En la Biblia hay varios temas prominentes que corren a lo largo de la historia de la redención, a lo largo de toda la Escritura, y que tienen su máxima resolución en Cristo. Esos temas son como melodías que se repiten dentro de una sinfonía y dan unidad a todo el conjunto. También puedes pensar en ellos como hilos que corren a lo largo de toda la Biblia.

Algunos de esos temas son: los pactos de Dios, el reino de Dios, la necesidad de un sacrificio para expiar los pecados, la promesa de bendición de Dios, la tierra prometida, entre otros. Varios de esos temas se relacionan, y un mismo texto bíblico puede incluso abordar varios al mismo tiempo. Por ejemplo, en 2 Samuel 7 se habla del hijo de David que reinará por siempre, y también se habla del templo de Dios (dos temas relevantes y recurrentes en la Palabra).

Entonces, cuando leas el Antiguo Testamento y llegues a un texto en donde se habla de uno de esos temas, lo que tienes que hacer para ver cómo ese texto apunta a Jesús es recorrer ese tema a lo largo de la Escritura hasta el cumplimiento del mismo en Cristo.

Veamos rápidamente un ejemplo, otra vez a riesgo de sobresimplificar, al observar uno de estos temas principales al leer un pasaje del Antiguo Testamento: el templo de Dios. ¿De qué manera nos apunta a Jesús el relato de la construcción del templo que hizo Salomón en Jerusalén y el traslado hasta allí del arca del Señor (1 Reyes 8)?

Cuando tomamos del hilo del templo como tema podemos ver algunas cosas que nos ayudarán enormemente, y al mismo tiempo deberían movernos a la adoración, entre ellas:

  • El templo es la continuación del tabernáculo que Israel tenía como lugar de encuentro entre la presencia de Dios y su pueblo, luego de que Adán y Eva fueron expulsados de esa presencia por su pecado. En el tabernáculo, y más adelante en el templo, Dios se acercaría a los pecadores para estar cerca de ellos y, de cierta manera, traer el cielo a la tierra.
  • Más adelante en la historia, la presencia de Dios abandonó el templo de Jerusalén cuando la adoración allí se corrompió (Ez. 9:3; 11:23), y Él juzgó al pueblo por sus pecados al llevarlos al exilio y permitir la destrucción del templo.
  • No obstante, el profeta Ezequiel miró al futuro, al día en que Dios viviría en una ciudad nueva, transformada como un templo (Ez. 40-48). ¡Una especie de ciudad-templo! Dios tendría misericordia, mostraría su gracia, y volvería a morar allí con su pueblo.
  • En Jesús, “el Verbo se hizo carne, y habitó [hizo tabernáculo, según el texto griego] entre nosotros” (Jn. 1:14). Él se refirió a su cuerpo como un nuevo templo (Jn 2:19-21, ver también Col. 2:9). En Cristo, la presencia de Dios vino a nosotros.
  • Además, Jesús limpió el templo de Jerusalén, lo cual apunta a la obra que Él vino a realizar: por medio de su sacrificio, somos limpiados y santificados (Heb. 10:10).
  • Ahora, gracias a la obra de Jesús y su Espíritu Santo en nosotros, somos un nuevo templo de Dios en la tierra (Ef. 2:20-21; 1 Co. 3:16-17; 1 P. 2:4-5). Podemos gozar ahora de la presencia de Dios y extender su gracia y verdad al mundo.
  • Más adelante, en Apocalipsis, se describe la Nueva Jerusalén como aquello que Ezequiel vio (Ap. 21-22). En ella ya no hay “templo alguno, porque su templo es el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero” (Ap. 21:22).

Entonces, cuando lees 1 Reyes 8, puedes hacer esas conexiones y ver que aquel templo en Jerusalén es una imagen que nos apunta a Jesús, a la grandeza de su obra, a nuestra identidad actual como iglesia, y a nuestra esperanza futura. Aquel texto nos habla de un Dios que desea morar con su pueblo, y el cumplimiento definitivo de ese deseo lo tenemos por medio de Cristo. Toda la Biblia tiene el fin de resaltar y mostrar la obra de Jesús.

3. Presta atención a cómo la Biblia cita y hace alusión a la Biblia.

Cuanto más lees la Biblia, más verás que está llena de referencias y citas a sí misma. Algunas son fáciles de ver, otras no tanto. Todas ellas enlazan la trama de la redención y seguirlas nos ayuda a comprender bien la Palabra. De hecho, me valí de muchas de ellas para el ejemplo que usé en el punto anterior.

El Nuevo Testamento, en particular, está saturado de imágenes, palabras, y temas del A. T. Por ejemplo, Jesús a cada rato habla de sí mismo en los Evangelios como “el Hijo del Hombre”, en clara alusión a Daniel 7; el autor de Hebreos habla muchísimo sobre los pactos de Dios en el A. T.; y Mateo cita a profetas del A. T. para mostrar cómo en Cristo se cumple la Escritura.

La forma más sencilla de aprender a ver cómo el Antiguo Testamento se trata de Jesús es ver cómo el Nuevo Testamento lo interpreta infaliblemente

Por lo tanto, la forma más sencilla de aprender a ver cómo el Antiguo Testamento se trata de Jesús es ver cómo el Nuevo Testamento lo interpreta infaliblemente.

Por ejemplo, en Juan 3:14-15, Jesús confronta a Nicodemo diciéndole: “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo aquel que cree, tenga en Él vida eterna”. Allí Cristo está aludiendo a Números 21.

En ese capítulo del Antiguo Testamento vemos que Israel en su pecado, luego de salir de Egipto, se rebeló contra Dios y Moisés. Por eso Dios les envió serpientes, para juzgar al pueblo por su maldad. Pero en medio de ese evento, Dios muestra su amor. Él le dice a Moisés que haga una serpiente de bronce y la ponga sobre una asta, y cualquiera que fuera mordido y mirara a esta serpiente iba a vivir. Y así pasó.

Ahora bien, las palabras de Jesús en Juan 3:14 indican que el evento narrado en Números es una sombra (o como dicen los teólogos, un tipo) del levantamiento del Hijo del Hombre (lo cual es la realidad, o como le dicen los teólogos, el antitipo).

Ahora, cuando leas Números 21, puedes ver cómo ese pasaje en última instancia se trata de Jesús apuntándonos a su Persona y obra. ¡Entonces los paralelos y la forma en que Jesús trasciende a la sombra son muy notables!

 

Números 21 Juan 3:14 y el evangelio
La muerte física es el castigo al pecado La muerte espiritual es el castigo al pecado
Dios provee un remedio en su gracia Dios provee también un remedio en su gracia
Una serpiente de bronce, representando el castigo que el pueblo merece, debe ser levantada a la vista de todos. Jesucristo en una cruz, llevando el castigo que el pueblo merece, debe ser levantado a la vista de todos.
Son curados todos los que tienen fe y miran la serpiente levantada. Son salvos eternamente todos aquellos que tienen fe y miran a Aquel que es levantado.
Esa es la única forma en que el pueblo podía ser curado. Esta es la única forma en que toda persona puede ser salva.

 

Otros textos y ejemplos gloriosos que te recomiendo leer juntos a modo de tarea, para ver por ti mismo cómo el Nuevo Testamento usa el A. T., son el salmo 40 con Hebreos 10; el salmo 16 con Hechos 2; y Juan 15 con Isaías 5 y el salmo 80.

Lee la Biblia una y otra vez en dependencia del Espíritu Santo

Siguiendo estas tres lecciones básicas, puedes ver más y más de Cristo en el Antiguo Testamento si lees la Biblia una y otra vez mientras sigues las reglas básicas de interpretación bíblica: al buscar primero el sentido natural de cada pasaje, al leer cada texto en sus contextos (histórico, literario, y dentro del canon bíblico), al entender que la Biblia nunca se contradice a sí misma, y al leer los pasajes más difíciles a la luz de los más claros.

La Palabra es más rica de lo que podemos imaginar. Profundizar en ella es algo que vale todo el esfuerzo del mundo. ¡Y qué bueno saber que no estamos solos en esta tarea! Si en verdad eres creyente, tienes el Espíritu Santo que te guiará a toda verdad y te conducirá siempre a Jesús (Jn. 16:13). Al mismo tiempo, el que no escatimó a su Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ayudará a leer mejor toda su Palabra? (Ro. 8:32).

Así como el corazón de los discípulos ardía en Lucas 24 cuando Jesús les abrió las Escrituras (Lc. 24:32), nuestros corazones arderán de asombro y gozo cuando veamos a Cristo en toda la Biblia. No nos desanimemos en esta tarea preciosa y sigamos aprendiendo mientras leemos la Palabra una y otra vez en oración y dependencia del Espíritu.


Imagen: Lightstock.
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