¿Cómo el trabajo puede honrar al Señor?

El evangelio de la justificación por la fe sola es una enseñanza central que, durante la Reforma protestante, llevó a muchas personas de vuelta a la Escritura. Incontables creyentes llegaron a entender la noticia que proclama que todo el que cree en Jesucristo es declarado justo delante de Dios sin las obras de la ley (Ro. 3:22-28).

Este mensaje evangélico llevó a muchos cristianos de la Europa renacentista a entender que no hay diferencia entre clero y laico, porque lo que nos acerca a Dios no es una vocación religiosa basada en lo que hacemos para Él. En cambio, lo que nos acerca es un llamamiento eficaz basado en lo que Él hizo por nosotros y sigue haciendo a través de nosotros.

Esta enseñanza tuvo un impacto importante en la sociedad y la economía de los países protestantes, esto debido a la motivación espiritual que produjo en cristianos que entendieron que su trabajo era el producto de la vocación o llamamiento de Dios, no solo para salvación, sino para el servicio en el mundo que Él creó para que lo cultivemos.

Sin embargo, la siguiente pregunta sigue siendo difícil de responder para muchos de nosotros: ¿cómo puede aplicarse la fe cristiana a nuestras ocupaciones de manera que nuestros trabajos sean considerados como un verdadero servicio para Dios?

En otras palabras, ¿cómo puede honrar al Señor el trabajo?

Respuestas a la pregunta

Permíteme mencionar algunos ejemplos de respuestas que se han dado a esta pregunta. Estos ejemplos vienen de grupos que históricamente se han identificado como cristianos (usando la palabra ampliamente). Posteriormente los identificaremos y analizaremos más a detalle.

Primer grupo:

  • Laborando con excelencia y entregando el máximo de mis capacidades.
  • Realizando cualquier ocupación con gozo para el beneficio de mi prójimo.
  • Trabajando sin avaricia, con un corazón agradecido y transformado por el evangelio a pesar de los altibajos que experimentamos en esta vida debajo del sol.

Segundo grupo:

  • Creando belleza en todas las obras que hago (bellas artes, música, literatura, etc.).
  • Relacionándome, para la gloria de Dios, con entidades gubernamentales para ser de influencia en mi área de especialización, ya sea legislación, cultura, medio ambiente, obras civiles, etc.
  • Produciendo la mayor cantidad de dinero posible para ofrendar más para la obra de Dios y ayudar a los más necesitados.

Tercer grupo:

  • Manteniendo una ética laboral honesta mientras evangelizo a mis colegas.
  • Trabajando para sostener honradamente a mi familia sin que esto interfiera en el tiempo que debo dedicar al servicio de mi iglesia local.
  • Testificando de mi fe a mis colegas en el trabajo para que algunos sean ganados para Cristo.

Cuarto grupo:

  • Dedicándome a labores con organizaciones que promueven la justicia social.
  • Perteneciendo a una organización sin fines de lucro que apoye una causa justa.
  • Creando un proyecto de ingeniería social o escuela vocacional para facilitar la inserción de jóvenes a la fuerza laboral.

Tendemos a ser desbalanceados en la manera en que definimos el tipo de trabajo que honra a Dios.

El pastor Timothy Keller, en su libro Toda buena obra, dice que al revisar respuestas como las que acabo de listar, si añadimos la palabra “principalmente” a una de ellas, esto es, si decimos que una de estas respuestas es la manera principal en que un trabajo puede ser catalogado como un servicio genuino para Dios en mayor grado que los demás, entonces estas respuestas entrarían en conflicto y contradicción unas contra otras. En cambio, si reconocemos que cada respuesta es una manera válida de servir a Dios, entonces todas ellas podrían ser complementarias agregando valor unas a otras.

Lamentablemente, tendemos a ser desbalanceados en la manera en que definimos el tipo de trabajo que honra a Dios, enfatizando un aspecto más que otro. Este tipo de desbalance usualmente depende de nuestra propia tradición cristiana derivada de la Reforma protestante.

Buscando un balance correcto

Alister McGrath, en su libro Reformation Thought (Pensamiento de la Reforma), afirma que, en la literatura histórica, el término “Reforma” se refiere a cuatro elementos o tradiciones teológicas que surgieron a partir del siglo XVI: el luteranismo, la Iglesia reformada (calvinismo), los radicales (anabaptistas), y la contrarreforma católica romana.

Cada uno de estos movimientos modeló una aproximación distinta a la cultura, que podríamos ilustrar con los ejemplos citados anteriormente. Si el lector vuelve a revisar la lista de ejemplos, podría notar que los he agrupado en grupos que corresponden a cada tradición en ese mismo orden. Allí trato de ilustrar cómo las distintas tradiciones, luterana, calvinista, anabaptista, y católica-romana, enfatizaron su participación en la cultura. No queremos decir que estas tradiciones eclesiásticas excluyeron, negaron, o dejaron de practicar los demás ejemplos. Más bien, se concentraron en enfatizar algunos aspectos más que otros.

Las primeras tres respuestas de la lista describen el foco principal bajo el cual los luteranos expresaron la vocación laboral, esto es, hacer todo trabajo con excelencia para beneficio del prójimo. Para los reformados calvinistas, su énfasis ha sido el impulso de una cosmovisión cristiana en la agenda política, social, económica, y cultural de la ciudad. Para los radicales anabaptistas, su énfasis cultural fue mantener una ética laboral intachable manteniéndose al margen de los temas políticos. Y finalmente, la contrarreforma católica-romana mantuvo un énfasis en temas de justicia social para ayudar a los más necesitados.

Dios ha dado a cada uno cierta vocación, marco social, y oportunidades para ejercer nuestra vocación en su contexto.

Timothy Keller hace un análisis extenso de estos acercamientos a la cultura en su libro Iglesia Centrada. Allí él concluye diciendo que todos ellos están correctos porque tienen fortalezas y valores que debemos rescatar, pero también todos están errados cuando pretenden demostrar que su acercamiento a la cultura es el único válido para impactar a la sociedad y glorificar a Dios por medio del trabajo. De ahí que el mensaje de Keller para tener iglesias centradas consiste en partir de nuestra propia herencia cultural, tomando las mejores prácticas de las demás aproximaciones, para mantenernos “en el centro” y no en uno de los extremos. La idea es que cada iglesia local interactúe con su cultura de acuerdo con los dones, recursos, talentos, y el contexto histórico-social que le ha tocado vivir.

La respuesta correcta

Es por todo esto que, en teoría, la respuesta correcta a la pregunta: “¿Cómo puede el trabajo honrar al Señor?”, sería: “todas las respuestas anteriores” en la lista mencionada arriba. En la práctica, sin embargo, cuando las iglesias o ministerios cristianos hablan de fe y trabajo, inevitablemente parten de su propio trasfondo eclesiástico que tiende a polarizarse, ignorando las demás realidades.

Por ejemplo, decir que debemos mantener una ética laboral intachable confrontando el pecado del mundo (como enfatizan los radicales) es totalmente correcto y necesario; pero alegar que esta es la única forma de impactar a la sociedad por medio del trabajo sería una propuesta incompleta. De la misma manera, decidir entrenar a los miembros de la iglesia en cómo poner a producir el dinero para reinvertir sus ganancias en negocios que impacten a la comunidad (tradición calvinista) es útil y loable. Pero decir que esta es la manera principal de honrar a Dios con el trabajo sería, de hecho, arrogante, porque asume que tenemos el control completo para influir eficazmente en la agenda política, social, o económica de una nación, cuando en realidad solo Dios tiene el control.

En conclusión, lo cierto es que Dios ha dado a cada uno cierta vocación, marco social, y oportunidades para ejercer nuestra vocación en su contexto. Debido a que nuestros recursos son limitados y no podemos embarcarnos en todas las iniciativas culturales o laborales que soñamos, tendremos que asumir el llamamiento de Dios en nuestro trabajo basado en nuestra vocación, recursos disponibles, y momento histórico en el cual Él nos ha colocado. “Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 P. 4:10).

Así es como el trabajo que hagamos honrará al Señor que nos rescató por gracia.


IMAGEN: LIGHTSTOCK.
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