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Sabemos que el tema del aborto tiende a generar fuertes emociones, y no puede ser de otra manera. Según la página Web de la Organización Mundial de la Salud: “Entre 2010 y 2014 hubo en el mundo un promedio anual de 56 millones de abortos provocados”. Si se trata de la destrucción de vidas humanas, estamos hablando del más grande genocidio de la historia.

Es imposible abordar este tema sin que nuestras emociones se vean envueltas. Sin embargo, esta es una cuestión ética que no debe decidirse sobre la base de argumentos emocionales, ya que el centro del debate es si el aborto es o no un atentado contra la vida de un ser humano.

Cuando un óvulo humano es fecundado por un espermatozoide humano, el fruto resultante es un ser humano. En el momento de la concepción 46 genes se combinan, 23 de la madre y 23 del padre, para el inicio del desarrollo de un individuo único. Después de 2 semanas ya se pueden escuchar los latidos del corazón que hace circular la sangre dentro del embrión, y no es la sangre de la madre, sino la sangre que ha producido el bebé. Después de 6 semanas el embrión tiene menos de 1 pulgada de largo, pero ya tiene un desarrollo considerable. Los dedos se han formado en las manos. A los 43 días ya tiene ondas cerebrales detectables. A las 6 semanas y media el embrión se está moviendo, aunque tales movimientos todavía no pueden ser percibidos por la madre.

Al final de las 9 semanas el feto ha desarrollado unas huellas dactilares únicas. En este momento el sexo del niño ya se puede distinguir. Los riñones también ya se han formado y están funcionando, así como la vesícula biliar al final de la décima semana. Todos los órganos del cuerpo están funcionando a finales de la doceava semana, y el niño ya puede llorar. Todo esto ocurre durante los primeros 3 meses del embarazo.

Es ilógico tratar de “proteger” a un niño de posibles abusos o problemas futuros quitándole la vida, porque esa acción constituye en sí misma un abuso irreparable

Ahora, supongamos que aun alguno se cuestione en qué momento comienza la vida humana. ¿No debiera la duda movernos a preservar el embrión en vez de destruirlo? Si un cazador tiene duda de lo que hay detrás de un arbusto en movimiento ¿su incertidumbre le lleva a disparar o a no hacerlo? Pienso que la mayoría estaríamos de acuerdo en que deberíamos dar a la vida el beneficio de la duda.

Sin embargo, a pesar de toda la evidencia médica, algunos argumentan a favor de la legalización del aborto. Y lo que me propongo hacer en el resto de este artículo es dar una respuesta a algunos de los más conocidos.

Algunos argumentan que la mujer tiene derecho sobre su cuerpo y, por lo tanto, ella debe decidir sobre la continuación o el término de su embarazo. Pero este argumento se sostiene o cae dependiendo de lo que pensemos acerca de la naturaleza del embrión. La vida humana es un bien jurídico supremo y trasciende cualquier otro derecho. Es erróneo pensar que, por el hecho de que se encuentre temporalmente en el vientre de su madre, el embrión sea parte esencial de su cuerpo como lo es su riñón o su páncreas.

Otro de los argumentos es que su ilegalidad obliga a muchas mujeres a abortar en circunstancias de alto riesgo, poniendo en peligro sus vidas. Y, ciertamente, es muy penoso que algunas mujeres acudan a personas no calificadas a practicarse un aborto. Sin embargo, lo cierto es que el aborto siempre es arriesgado, tanto física como emocionalmente.

El American Journal of Obstetrics and Gynecology (Publicación Americana de Obstetricia y Ginecología) del 26 de marzo de 2010, admite que la legalización del aborto no ha “obrado un impacto significativo en el número de mujeres que mueren como resultado del aborto en los Estados Unidos… El aborto legal es ahora la causa principal de la mortalidad materna en relación con el aborto en los Estados Unidos”. Y en lo que respecta a los niños en gestación, la mortalidad es de un cien por ciento en todos los casos. Así que el problema ético sigue siendo el mismo: los seres humanos que son privados de su vida antes de nacer.

Otros consideran el aborto como un mal menor en comparación con otros males mayores como, por ejemplo, la mala calidad de vida que pudiera tener en el futuro un niño no deseado o con alguna enfermedad congénita. Pero, una vez más, esta idea pone a un lado el problema ético central de este debate. Es ilógico tratar de “proteger” a un niño de posibles abusos o problemas futuros quitándole la vida, porque esa acción constituye en sí misma un abuso irreparable.

Debemos ser empáticos con aquellos padres que reciben el diagnóstico de que su bebé viene con una enfermedad congénita, pero al decir que tal caso es incompatible con la vida, habría que preguntarse ¿con qué clase de vida una malformación no es compatible? ¿Le quitaremos la vida a un ser humano porque entendemos que no será una vida “útil” como la sociedad define tal cosa, o porque será un niño que requerirá de los padres atenciones especiales?

Insisto en que debemos ser empáticos con los padres que se encuentran en tales casos. Pero, al mismo tiempo, debemos tomar en cuenta que el derecho a vivir de un ser humano no depende de que este sea saludable. A la vez, cabe destacar los numerosos casos de diagnósticos errados en los que el bebé en gestación, en realidad, no tenía ningún tipo de problemas, y su vida fue terminada por una opinión médica equivocada.

¿Y qué pasa cuando la vida de la madre corre peligro? Este es uno de los argumentos que más apela al ciudadano común, porque nos coloca ante un supuesto dilema: ¿cuál de las dos vidas es más valiosa, la de la madre o la del niño? Este dilema, sin embargo, es una falacia por las siguientes razones.

1) Los casos en que hay que escoger entre la vida de la madre y la del bebé son extremadamente escasos. El reconocido cirujano pediatra C. Everett Koop declaró en cierta ocasión que durante sus 38 años de ejercicio nunca supo de una sola situación en la que tuviera que quitársele la vida a un niño antes de terminar el embarazo, para salvar la vida de la madre. El uso de ese argumento para justificar el aborto, según el Dr. Koop, es en realidad una “cortina de humo”.1

2) Con el avance actual de la medicina casi siempre es factible salvar la vida de ambos.

3) Para tratar con estas situaciones difíciles no es necesario despenalizar el aborto en las famosas tres causales, ya que, por ejemplo, en la República Dominicana y otros países de Latinoamerica actualmente con el aborto penalizado, no se castiga al médico que intentando salvar la vida de la madre provoque indirectamente la muerte del bebé. Sabemos que no siempre es posible salvar las dos vidas, pero ambas deben ser tratadas con la misma dignidad.

Legalizar el aborto y despenalizarlo no es otra cosa que tomarnos atribuciones divinas que no nos corresponden

Pero ¿qué pasa con los casos cuando el embarazo es producto de una violación? La violación es un evento muy traumático y lamentable que amerita dar a las víctimas toda la asistencia y atención que requieren. No obstante, es importante resaltar que es muy difícil que una mujer quede embarazada como producto de una violación. El Journal of the American Medical Association (Revista de la Asociación Médica Estadounidense) de octubre de 1971 documentó 4500 casos de violaciones tratadas médicamente sobre un período de 10 años en Minneapolis y Saint Paul, Minnesota. Ninguno de ellos resultó en un embarazo.

Por otra parte, al abortar en tales casos se está aplicando la pena capital a una criatura inocente (la persona humana en gestación), en vez de castigar al culpable (el violador). Además de que el aborto no le hace ningún bien a la mujer que ha sido violada, sino que suele producir culpa y confusión. Pero la razón fundamental para la penalización del aborto sigue siendo el hecho de que los seres humanos concebidos como producto de una violación poseen la misma dignidad intrínseca, y los mismos derechos, que aquellos que son concebidos por un acto de amor. El incesto y la violación son crímenes horribles que deben ser castigados severamente; pero debemos castigar a los culpables, no a los seres humanos que no tienen la culpa de haber sido concebidos en circunstancias tan terribles.

El ser humano posee una dignidad intrínseca por el hecho de haber sido creado a la imagen y semejanza de Dios, el dador de la vida. El aborto es un crimen perpetrado contra un ser humano indefenso a quien estamos llamados a defender, no a dañar. Legalizar el aborto y despenalizarlo no es otra cosa que tomarnos atribuciones divinas que no nos corresponden.


1 Alcorn, Randy. Pro-Life Answers to Pro-Choice Arguments. Multnomah; 2009. Kindle Edition.

Este artículo fue publicado originalmente en un diario de circulación nacional de República Dominicana.
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