Argumentando contra el egalitarianismo

Es mucha la discusión que existe hoy día sobre el rol de la mujer dentro del hogar, la iglesia y la sociedad. Entre los cristianos, esta discusión gira en torno a dos posturas: Complementarianismo y Egalitarianismo. En Coalición por el Evangelio hemos argumentado a favor del Complementarianismo en diversas ocasiones. En este escrito, queremos observar el Egalitarianismo y los textos que utilizan, para poder ver qué realmente dice la Palabra.

El Egalitarianismo, también conocido como Mutualismo, sostiene que  la mujer cristiana posee igual estatus y responsabilidad que el hombre, en el hogar, en la iglesia, en la sociedad y en enseñar y guiar al pueblo de Dios. Sostiene que aquello en lo que debemos basarnos para determinar nuestros roles es en los dones y talentos y no en el género.

Según Christians for Biblical Equality (Cristianos por la igualdad bíblica) el Egalitarianismo sostiene que “todos los creyentes, sin impostar su género o clase étnica, deben ejercer sus dones y talentos con igual autoridad y responsabilidad en la iglesia, el hogar y el mundo”.

Los egalitarianistas entienden que sí existen diferencias entre los hombres y las mujeres, pero que estas diferencias no deben ser prescritas, universales o indicadoras de jerarquía. También creen que Dios no requiere para ser agradado que la mujer asuma un rol tradicional de géneros. (En el blog de la conocida defensora egalitarianista, Rachel Held Evans, por ejemplo, podemos encontrar estas afirmaciones).

Observando los pasajes

En defensa de su postura, el egalitarianismo utiliza ciertos pasajes de las Escrituras en los que entienden que el concepto egalitariano es evidenciado. Pero una lectura cuidadosa nos deja ver que no es el caso. Aquí los tres más utilizados:

1) “Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Utilizando este pasaje, los egalitarianistas plantean que Adán y Eva fueron creados en igualdad, y que por tanto no deben existir diferencias de roles o autoridad entre ellos.

Linda Belleville, autora egalitarianista, argumenta lo siguiente:

”… La nota que resuena claramente a través de Génesis 1 -2 es la igualdad. Por un lado hay una igualdad de personalidad. Ambos, hombre y mujer, fueron creados a la imagen de Dios…  Hay también una igualdad en la esfera social… También hay igualdad en la esfera familiar… Finalmente hay igualdad en la esfera espiritual”.[1]

Algo importante que necesitamos entender es que existen distintos sentidos en cuanto a igualdad se refiere. Es cierto que Adán y Eva fueron creados iguales en diferentes maneras, pero igualdad en valor no implica igualdad en autoridad y roles.

Wayne A. Grudem, en su libro “Evangelical Feminism and Biblical Truth” (Feminismo evangélico y verdad bíblica) comenta lo siguiente:

“Igual valor, igual honor, igual individualidad e igual importancia no requiere que las personas tengan los mismos roles o la misma autoridad. Un error fundamental y constante del Egalitarianismo es desenfocarse de las distinciones y asumir que ser iguales en la imagen de Dios significa que las personas tienen que ser iguales en autoridad”.[2]

2) Génesis 1:28: “Dios los bendijo y les dijo: ‘Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra a y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra’”.  Los egalitarianistas interpretan este pasaje diciendo que ambos, Adán y Eva, fueron comandados a ejercer dominio sobre la tierra, y que por lo tanto no debe haber diferencias de roles y autoridad entre ellos.

Es cierto que la Palabra nos dice que ambos, Adán y Eva, fueron llamados a ejercer dominio sobre la creación. Pero esto no dice que ellos tenían que ejercer ese dominio de la misma manera. Y tampoco dice que ellos tenían la misma autoridad. Solo hay que notar que en este versículo se ve el llamado de Adán y Eva de ser fructíferos y llenar la tierra pero esto no implica que ambos tenían que actuar de la misma manera para ser fructíferos y multiplicarse[3].

Lo que es más, nota que lo que sucede en Génesis 2:20 es parte del cumplimiento del “someter la tierra”. Adán está nombrando los animales que son traídos hacia él, lo que denota la autoridad del que nombra. En Génesis 2:23, entonces, es él quien nombra a Eva, una vez más demarcando la autoridad del hombre sobre la mujer.

3) Gálatas 3:28: “No hay Judío ni Griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni  mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús”.

Este es, tal vez, el pasaje más utilizado por el Egalitarianismo. Aquí ellos proponen que en Jesús están abolidas todo tipo de discriminación hacia las minorías raciales, los esclavos, el hombre y la mujer. Por tanto, dicen ellos, no deben existir diferencias de roles y autoridad entre el hombre y la mujer.

Una vez más, cada pasaje de la Palabra de Dios debe ser interpretado a la luz del contexto en el que se encuentra. El problema con que este pasaje sea usado como defensa de que en Cristo no hay distinción de roles es el hecho de que Gálatas 3:28 no está hablando de roles: está hablando de salvación. Cuando leemos los versículos anteriores (Gálatas 3:23-27) podemos ver que Pablo está hablando sobre el lugar de la ley para guiarnos a salvación, y el versículo posterior (Gálatas 3:29) nos habla de nuestro lugar en la familia de Dios como descendientes de Abraham.

Ver el contexto en el que este versículo se encuentra nos permite darnos cuenta de que este pasaje está siendo usado de una manera incorrecta para hablar de igualdad de roles. Sí, en cuanto a salvación todos somos iguales: todos necesitamos igualmente de Cristo. Pero esto no significa que le vamos a servir de la misma manera.

La respuesta en las Escrituras

Iguales en dignidad pero distintos en roles y diseños es la verdad que resuena a lo largo de las Escrituras. Las mujeres no somos inferiores, pero no tenemos el mismo llamado. Creer lo contrario es salirnos del amparo y de las verdades de las Escrituras.

Ser complementarianista te da libertad para cumplir con lo que Dios te ha llamado. Encuentra satisfacción y plenitud en vivir conforme a tu diseño y cumplir con tu rol, a la luz de la Palabra de Dios, en todas las esferas de tu vida.


[1] Belleville, Women Leaders and the church (2000), 99-101.

[2] Wayne Grudem: “Evangelical Feminism and Biblical Truth”, p.104.

[3] “Evangelical Feminism and Biblical Truth”, p.107

 

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