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Hace dos semanas nació mi sobrino Martín, y hubo un gran regocijo en mi familia. Esta semana muchas familias se regocijarán por el nacimiento de otro bebé, pero este bebé no nació en un hospital limpio o lustroso. Él nació en un pesebre sucio y oscuro.

Probablemente no soy la única persona que se pregunta por qué Dios escogió venir a la tierra como bebé. Él escogió una vía diferente de lo que yo hubiera imaginado. Una vía mejor. Aquí tres razones de por qué la vía que Él escogió me hace estar agradecida:

1) Él se identificó con nosotros.

Si hubiese sido yo supongo que me habría planeado una gran entrada a la tierra, un espectáculo increíble. Quizás hubiera llegado como superestrella del siglo veintiuno y toda la atención del mundo se enfocaría en mí por las redes sociales. O quizás como el rey de Inglaterra o presidente de los Estados Unidos.

El asunto es que yo definitivamente habría hecho algo llamativo. Sin embargo, en vez de hacerlo de esta manera, Dios escogió venir como un niño. ¡Qué ironía! Un bebé Rey. El creador del mundo durmiendo en el polvo que Él formó. Cristo entró en nuestro mundo en una forma semejante a mi sobrino: desnudo, débil y cubierto de sangre. Al asumir con totalidad la naturaleza humana, nuestro Salvador mostró que estaba determinado a identificarse totalmente con nosotros. Al venir como un bebé, Él experimentó los problemas que nosotros enfrentamos desde el nacimiento, grandes y pequeños. Él experimentó el proceso de aprender a caminar, cayéndose, raspando sus rodillas y cumpliendo los nueve, diez y once años. Él tuvo que obedecer a sus padres. Él experimentó la pubertad. Él tuvo hambre, sed y sueño. Él tuvo un trabajo y tuvo que levantarse temprano. Tuvo amigos, y los más íntimos le dieron la espalda durante la hora más oscura. Él comprendía bien cómo se sentía un corazón adolorido porque Él mismo lo sufrió. Desde el nacimiento fue semejante a ti a mí y a mi sobrino Martín. A través de su crecimiento y hasta la muerte, Cristo experimentó todo lo que nosotros experimentamos. ¡Pero Él nunca pecó!

“Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino Uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado”, Hebreos 4.15.

Estoy agradecida de que Dios vino como un bebé para identificarse con nosotros.

2) Él vivió por nosotros.

Dios pudo haber elegido venir justo a tiempo para la cruz. Él pudo haber entrado a la tierra a los treinta años, pudo haber hecho su ministerio y pudo haber ido directamente al Gólgota para cumplir su misión. Sin embargo, estoy agradecida que no pasó así. Al venir como un bebé, Él experimentó toda tentación, haciendo que fuera un sacrificio que el Padre aceptaría. Hay una razón por la que celebramos la Navidad y la Resurrección durante días festivos distintos. Cristo no solamente vino para morir en nuestro lugar, sino que vino a vivir y morir por nosotros. Cristo no vino solamente para darnos un buen ejemplo, sino a ser nuestra vida (Colosenses 3:4). “Todo el amor y la aceptación que la obediencia perfecta pudiera haber obtenido de Dios pertenece a ti”, dijo el pastor-teólogo Charles Spurgeon, “porque Cristo fue perfectamente obediente a tu favor”. Dios por nosotros. Qué regalo tan extravagante.

“Al que no conoció pecado, Lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El”, 2 Corintios 5:21.

Estoy agradecida que de Dios vino como un bebé para vivir por nosotros.

3) Él guardó sus promesas hacia nosotros.

A menudo doy por sentado que Dios hace lo que dice. Años antes del nacimiento de Cristo, los profetas de Dios anunciaron que Él vendría como infante. Y no solamente anunciaron que vendría, sino también cómo, dónde y por qué.

Cómo:

“Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”, Isaías 7:14.

Dónde:

“Pero tú, Belén Efrata, Aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti Me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad”, Miqueas 5:2.

Por qué:

“Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados”, Isaías 53.5.

El nacimiento de Cristo como un bebé mostró que Dios era, es y será fiel a sus promesas. Dios se identificó con nosotros, y nosotros nos identificaremos con Él. Dios vivió por (y con) nosotros, y nosotros viviremos por (y con) Él. Estoy agradecida de que Dios vino como bebé para guardar sus promesas hacia nosotros.

Si Dios quiere, en una semana yo acurrucaré al pequeño Martin y recordaré que fue parte del plan redentor de Dios que Él viniera como un bebé. Y estaré agradecida.

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