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La gula es un problema ignorado en la iglesia evangélica. No recuerdo haber escuchado nunca un sermón o una lección sobre la glotonería cuando era niño, a pesar de que era algo evidente a nuestro alrededor. Recuerdo conversaciones sobre los peligros del sexo y el alcohol e incluso el rock and roll, pero ni una palabra sobre el exceso de comida.

Crecí en un ambiente tradicional del Cinturón bíblico de los Estados Unidos (Bible Belt), y aunque la iglesia que visité en mi infancia era más “contemporánea” que las demás, no había tregua cuando se trataba de comidas compartidas, cenas, eventos sociales de helados y otras cosas por el estilo. Éramos del sur. Se suponía que íbamos a comer, amigo. Además de eso, vengo de una ciudad fronteriza en el sur de Texas, así que cuando no estábamos de humor para pollo frito, galletas y té dulce, aún teníamos mucho Tex-Mex por doquier. El platón de botanas que servían en el restaurante García era un regalo del mismo Dios. Mi papá, invocando el espíritu de su herencia hispana, cocinaba unas excelentes fajitas.

Pero estoy divagando.

¿Se nota que me gusta la comida? Me gusta mucho. De hecho, hace unos años, mientras estudiaba para un sermón sobre el pecado de la gula, me di cuenta no solo de que nunca antes había escuchado un sermón así, sino que también era un sermón que realmente necesitaba escuchar. Como tú, he luchado con los siete pecados capitales de vez en cuando a lo largo de mi vida, pero junto a la lujuria, la glotonería es el pecado con el que más he luchado (y sigo luchando).

Si alguna vez has considerado seriamente luchar contra este pecado, probablemente te hayas encontrado con el mismo problema que yo: no parece haber mucha ayuda afuera. Ciertamente, el espíritu del mundo no nos hará favor alguno. Vivimos en la tierra de los buffets de todo lo que puedas comer, los refrescos de un litro y de los “agrandados”. Cuando las porciones en los restaurantes no son lo suficientemente grandes para alimentar a tres personas, nos sentimos engañados. Incluso hemos convertido la comida en un deporte competitivo, de tal forma que una de las innumerables estaciones de ESPN transmite batallas de quien pueda comer la mayor cantidad de perros calientes.

Érase una vez, C.S. Lewis usó la imagen de un striptease revelando una chuleta de cordero o un pedazo de tocino para demostrar la locura de la lujuria sexual. La ilustración estaba destinada a ser obviamente tonta. Creo que Lewis se sorprendería hoy si viera comerciales de televisión o mirara nuestras revistas. ¡Estamos inundados de anuncios que van un poco más allá de un striptease de comida! Apenas nos importa que lo que compramos en el local de comida rápida guarde cierta similitud a lo que brillaba tan tentadoramente en el anuncio.

El mundo en que vivimos no nos anima a dejar de consumir, ya sea comida o cualquier otra cosa. A los ojos de nuestra cultura, no existe tal cosa como “suficiente” al referirse a la comida.

El mundo en que vivimos no nos anima a dejar de consumir, ya sea comida o cualquier otra cosa

Pero muchos de nosotros tampoco recibimos mucha ayuda de la cultura cristiana. Esto es realmente sorprendente cuando, si expandimos la gula para abarcar más que la comida, nos damos cuenta de lo glotones que somos muchos de nosotros. En su libro sobre los siete pecados capitales, Billy Graham escribe sobre la gula: “Es un pecado que la mayoría de nosotros cometemos, pero pocos mencionamos. Es uno de los pecados más frecuentes entre los cristianos”. Nunca parecemos estar satisfechos. En algunas secciones del evangelicalismo, el esfuerzo por llegar más grande, más alto, mejor y más rápido en lo que respecta a nuestros ministerios o programas, el énfasis en superar el año anterior en lo que respecta a ingresos y asistencia, y la adopción consumista de los estándares mundiales de la popularidad o el atractivo son evidencias de lo insaciables que somos todos como comensales o comelones. Se nos plantea la pregunta “¿Cuánto es suficiente?”, y respondemos: “Un poco más. Bueno, mucho más”.

1. La gula es decir “más” a cualquier cosa cuando deberías decir “basta”

En esencia, la gula es insatisfacción. No toda insatisfacción es mala. Sin embargo, dadas todas las cosas buenas que tenemos en este mundo, la realidad de que la mayoría de nosotros no tenemos que preocuparnos sobre la procedencia de nuestra próxima comida, es un profundo acto de egoísmo cultivar insatisfacción.

De esta manera, la gula no se trata solo de comida. Así como podemos codiciar otras cosas además del sexo, podemos tener un consumo excesivo de otras cosas además de la comida. De hecho, aquellos que luchan con la gula en el área de la comida probablemente requieren de poca autorreflexión para notar que esto es cierto. En mi lucha, la gula asoma su cabeza de forma más evidente cuando se trata de mi alimentación, pero también está ahí cuando tengo un sentido de derecho sobre otras cosas. ¿Por qué me siento mal cuando no puedo sentarme al lado de un asiento vacío en un avión? Es porque no quiero estar satisfecho con lo que tienen los demás. ¿Por qué quiero que todas las vacaciones sean perfectas y me siento personalmente herido cuando las pequeñas cosas salen mal? Porque no estoy satisfecho con simplemente estar con mi familia haciendo algo divertido. También debe ser libre de complicaciones. No estaré satisfecho con lo bueno. Siempre quiero lo mejor. ¿Por qué, después de que la gente me agradece y me anima al terminar de predicar un sermón, me pregunto por qué alguien más o más personas no hicieron lo mismo? Porque soy un glotón.

La gula está en funcionamiento cuando nos permitimos la adicción al trabajo, la “terapia de compras” o cuando monopolizamos el cobertor. Debemos cuidar nuestro entendimiento de la gula para no limitarnos solo al consumo de alimentos.

Del mismo modo, debemos tener cuidado de no conectar automáticamente a alguien con sobrepeso con el pecado de la gula. Pueden comer muy bien, pero luchan con otros problemas físicos o médicos que hacen que mantenerse físicamente saludables sea problemático. Asimismo, algunas de las personas más glotonas que conozco no parecen tener sobrepeso. Eso puede ser parte del problema: su cuerpo (todavía) no está revelando el fruto podrido de su falta de autocontrol, por lo que asumen que la mucha comida rápida no es gran cosa.

En la Biblia, la gula se refiere casi exclusivamente a la comida. Con frecuencia se combina con la embriaguez, ya que comer y beber van de la mano. Cuando Jesús es acusado de pecado por compartir la comida con los pecadores, se le acusa de ser un “glotón y bebedor de vino” (Mt 11:17; Lc 7:34).

Probablemente sea bueno en este punto mencionar lo que la gula no es. La gula no es:

  • comer con moderación alimentos que se consideran “malos” (como alimentos grasos, dulces o postres).
  • pensar que una comida es agradable.
  • con moderación, disfrutar de un chocolate, helado u otros placeres culinarios.
  • comer porciones adicionales si todavía tienes hambre de verdad.

Considera lo que Pablo escribe a los Corintios: “Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Co 10:31).

Hacer cosas “para la gloria de Dios” significa asegurarte de que Él sea reconocido como Dios y alabado como Dios en lo que haces. Esto significa que no podemos comer, beber ni hacer las cosas como si fuéramos el centro del universo, porque eso nos glorifica a nosotros, no a Dios.

Evitar la gula, entonces, no significa subsistir con pan y agua o comer nuestras comidas con el ceño fruncido. De hecho, si queremos glorificar a Dios cuando comemos, debemos disfrutar de la comida, porque demuestra que nos deleitamos en algo bueno que Dios nos ha provisto. Cuando le das un regalo a alguien, ¿no quieres que lo disfrute?

Podríamos decir que la gula es consumir más de lo que deberíamos. Es negarnos a decir “basta”.

No podemos comer, beber ni hacer las cosas como si fuéramos el centro del universo, porque eso nos glorifica a nosotros, no a Dios

La gula es básicamente convertir la comida en una droga. Cuando nos dedicamos a la glotonería, esperamos que la comida brinde un placer por encima de lo que realmente puede dar. Esperamos que nos ayude a evitar los problemas de la vida, la tratamos como un derecho o como una cura para la ansiedad.

¿De dónde vino la frase “comida reconfortante”? En lo que respecta a la comida que es deliciosa, que evoca recuerdos agradables de nuestro pasado o que satisface nuestro hambre de formas únicas, la comida reconfortante es algo bueno. Pero muchas personas recuerdan una época de la adolescencia en la que mamá o papá recetaban comida como una cura para los sentimientos heridos o para un mal día. Una vez más, no hay nada de malo en disfrutar de la buena comida o darse un gusto de vez en cuando. Pero una práctica constante de este tipo de alimentación puede crear una relación poco saludable con la comida. Hoy en día, a muchos adultos les resulta difícil sobrellevar las dificultades o los dolores sin excederse con la comida, en parte porque fueron entrenados de niños para pensar en la comida como la forma de sentirse mejor. De esta manera, la gula es idolatría. Cuando orientamos nuestro comportamiento, pensamiento y afectos en torno a la comida, tratamos de encontrar en ella lo que solo podemos encontrar en Dios.

2. La gula nunca es realmente satisfactoria

¿Alguna vez has probado las delicias turcas? C.S. Lewis simboliza la fruta prohibida con este delicioso manjar en su clásico libro El león, la bruja y el ropero. Las delicias turcas es lo que usa la Bruja Blanca para atraer a Edmundo y hacer que traicione a sus hermanos.

Mientras comía, la Reina siguió haciéndole preguntas. Al principio, Edmundo trató de recordar que es de mala educación hablar con la boca llena, pero pronto se olvidó de esto y solo pensó en tratar de tragar la mayor cantidad de delicias turcas que pudiera, y cuanto más comía, más quería comer, y nunca se preguntó por qué la Reina era tan inquisitiva.

Edmundo siguió comiendo hasta que se acabaron los dulces. La Bruja usó su deseo de comer más dulces para seguir engañándolo. Edmundo es un participante dispuesto porque se ha entregado al dios de su vientre (Fil 3:19). Sin embargo, al final, como el fruto prohibido en el jardín del Edén, la promesa resulta vacía. Edmundo se ha comido todas las delicias turcas; la Bruja le promete más si cumple con su plan infernal. Cuando se reencuentra con su hermana menor, se siente diferente.

“—Vaya— dijo Lucy —te ves muy mal, Edmundo. ¿No te sientes bien?—

—Estoy bien— dijo Edmundo, pero esto no era cierto. Se sentía muy enfermo”.

La gula es uno de esos pecados que ofrece placer y satisfacción momentánea, pero rápidamente termina en desastre

La comida es buena. Debe serlo. Dios la ha diseñado de esa manera. Mientras escribo esta misma oración, mi esposa está en la cocina preparando su receta secreta de chuletas de cerdo. El olor ácido de las especias y la carne chisporroteando en la estufa me hace cosquillas en la nariz. Mi boca se hace agua y mi estómago gruñe. ¡Alabado sea Dios por la buena comida y por las personas que tienen el don de cocinarla bien!

La Biblia dice mucho sobre la comida e incluso sobre el disfrute de la comida. De hecho, ordena el disfrute de la comida. Dentro de la ley del antiguo pacto hay una serie de fiestas y festivales que los hijos de Israel debían observar cada año. La Biblia a menudo equipara la abundancia de comida y bebida con las bendiciones de Dios y la falta de ellas con su consternación. En diferentes puntos de la narrativa bíblica, vemos que la comida juega un papel importante en los momentos decisivos de la vida de las personas y en la demostración de la fidelidad de Dios. Piensa en todo desde Esaú, quien cambió su primogenitura por un plato de lentejas, hasta Elías y la viuda preparando tortas; desde Jesús dando de comer a los 5,000, hasta la última cena en celebración de la pascua con los discípulos.

Pero, al igual que con todas las cosas que Dios nos da para disfrutar, cuando nos obsesionamos con el regalo y descuidamos al Dador, la felicidad se vuelve fugaz; débil.

La gula es uno de esos pecados que ofrece placer y satisfacción momentánea, pero rápidamente termina en desastre. Los efectos inmediatos de la gula pueden ser una incomodidad física que rápidamente nos hace lamentar nuestro exceso. Sin embargo, los efectos a largo plazo pueden ser devastadores. Una vida glotona puede resultar en todo tipo de problemas. ¡Puede provocar una pérdida del gusto de los mismos alimentos que alguna vez supieron tan bien!

Piensa en las siguientes palabras que se encuentran en Proverbios:

“No estés con los bebedores de vino,
Ni con los comilones de carne,

Porque el borracho y el glotón se empobrecerán,
Y la vagancia se vestirá de harapos” (Proverbios 23:20-21).

Cuando somos glotones es esencialmente porque tenemos un deseo profundo de encontrar deleite y satisfacción. Parafraseando las famosas palabras de Bruce Marshall sobre el joven en el burdel, el joven que ordena demasiada comida en la ventanilla de Taco Bell inconscientemente anda en búsqueda de gozo. Hay gozo en comer, pero es un gozo vacío si pretendemos que sea un gozo supremo. En otras palabras: la comida está hecha para el ser humano, no el ser humano para la comida.

3. Mata la gula conociendo al Padre de la comida y su función

La gula es desconfianza en la provisión de Dios, que es desconfianza en el carácter de Dios

Similar a las palabras de Jesús sobre arrancarnos los ojos y cortarnos las manos si nos hacen tropezar en la lujuria (Mt 5:29-30), mira lo que dice el autor de Proverbios: “Y pon cuchillo a tu garganta, si eres hombre de mucho apetito” (Pr 23:2).

¡Este no es un mandamiento literal, claro está! Simplemente significa deshacerse de los ídolos que impulsan nuestra gula. ¿Cómo hacemos eso?

Comenzamos adquiriendo una perspectiva correcta, viendo la comida como un regalo de Dios y no un “dador” como si fuera dios. Los glotones esperamos que la comida nos de más de lo que está diseñada para dar. Por eso, la priorizamos erróneamente.

Mira lo que dice Pablo:

“Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho. Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna. Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos, pero Dios destruirá a los dos. Sin embargo, el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros mediante Su poder” (1 Corintios 6:12-14).

La gula es esclavizarnos a nuestro apetito. Este tipo de relación está fuera de lugar. Pablo dice que la comida es para el estómago y el estómago para la comida y ambos serán destruidos, es decir, ambos son temporales. Entonces, no tiene sentido elevar la comida o nuestra hambre a un lugar de autoridad sobre nuestra voluntad. El contexto de este pasaje en 1 Corintios 6 es una discusión sobre el arrepentimiento de la inmoralidad sexual, pero el principio sigue siendo el mismo. La comida tiene un propósito y no es servir a nuestra orgullosa adoración de nosotros mismos.

Perdemos por completo la función de la comida cuando la vemos como un fin y no como un medio. No tenemos que dejar de disfrutar la comida para dejar de disfrutarla demasiado. De hecho, lo que descubrimos al practicar el autocontrol y comer para la gloria de Dios es que terminamos disfrutando más la comida cuando la disfrutamos correctamente.

Nuestro cuerpo es “para el Señor”, dice Pablo, y “el Señor es para el cuerpo”. Nos está ordenando que nos apartemos del mal uso que hemos hecho de los dones de Dios en busca de satisfacción y, en cambio, nos volvamos a Dios mismo como la satisfacción que hemos buscado en el sexo o la comida. Por eso es importante no solo saber qué es la comida (un regalo con un propósito específico) sino quién es Dios (nuestro Padre que promete no dejarnos insatisfechos).

Cuanto más nos acerquemos a Dios, menos dependeremos de sus dones terrenales. En resumen, la gula es desconfianza en la provisión de Dios, que es desconfianza en el carácter de Dios.

Cuando comemos demasiado, es un reflejo de que en el fondo no confiamos en el gozo que Dios da fuera de esa comida, que no confiamos en su sustento fuera de esa comida. ¿Comes como si no hubiera un mañana? ¿Por qué? ¿No sabes que no debemos preocuparnos por lo que comamos o bebamos, que si Dios cuida de que las flores y las aves tengan lo que necesitan, Él hará lo mismo por nosotros?

Conocer a Dios es confiar en Él. Entonces, cuanto más procuramos conocer al Dador, menos abusaremos de sus dones. Esto es lo que David descubrió en sus momentos más oscuros y de austeridad:

“A Ti miran los ojos de todos,
Y a su tiempo Tú les das su alimento.
Abres Tu mano,
Y sacias el deseo de todo ser viviente.
Justo es el Señor en todos Sus caminos,
Y bondadoso en todos Sus hechos” (Salmo 145:15-17).

Hay verdadera satisfacción y deleite (las cosas que los glotones buscamos en la comida) solo en el Creador de la comida

Ese conocimiento de nuestro Padre celestial finalmente lleva a David a decir varias veces: “el SEÑOR es mi porción”. Esa porción es generosa. ¡Y deliciosa! “Prueben y vean que el Señor es bueno. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia!” (Sal 34:8).

Hay verdadera satisfacción y deleite (las cosas que los glotones buscamos en la comida) solo en el Creador de la comida. Él nos da sus dones buenos para ser recibidos con agradecimiento y para ser disfrutados, pero para su gloria, no la nuestra.

Pablo da nuestra última instrucción sobre cómo matar al dios de nuestro vientre y comer para la gloria de Dios:

“Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que Uno murió por todos, y por consiguiente, todos murieron. Y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-15).

Cuando somos glotones, nos impulsa el amor por nosotros mismos y el gozo vacío de la comida. Pero cuando el amor de Cristo nos apremia, ya no vivimos para nosotros mismos, sino para la gloria de Dios. Entonces, ¿cómo nos orientamos fuera de la compulsión glotona a la compulsión del amor de Cristo? “Habiendo llegado a esta conclusión”: si Cristo murió por mí, yo puedo morir a mí mismo. La gula no es solo un problema de alimentación; es un problema de creencias. Es nuestra incredulidad lo que nos lleva a comer en exceso, por lo que creer es nuestra salida.


Publicado originalmente en For The Church. Traducido por Equipo Coalición.
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