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Arranca tu ojo de su cavidad: Tres lecciones para luchar contra la pornografía

Si el título te hace sentir incómodo, ahora tienes una mejor idea de la provocación en las palabras de Jesús:

“Si tu mano o tu pie te hace pecar, córtalo y tíralo. Es mejor que entres en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te hace pecar, arráncalo y tíralo. Es mejor que entres en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego”, Mateo 18:8-9.

Hoy en día, esta admonición es quizás la más apropiada al referirnos al feroz ataque virtual de la pornografía. No estando reservada para los cines indecentes en el centro de la ciudad o las revistas escondidas en la mesita de noche de papá, esta droga llega directo a nuestros televisores, teléfonos, y tabletas. La epidemia de pornografía ha alcanzado las mismas proporciones que las de una crisis de salud pública. Y aún peor, de acuerdo a la Palabra de Dios, pone en peligro nuestras almas.

Entonces, ¿qué podemos aprender de la exhortación dada por Cristo en Mateo 18 sobre cómo liberarnos de la pornografía? Por lo menos tres cosas:

1. El pecado está “aquí adentro”

Sí, también está “allá afuera”, pero nota que Jesús no permite que lo externo se convierta en excusas. Nadie puede decir que (en esta ocasión) la pornografía los “hizo” caer. No eres responsable por el pecado elegido deliberadamente por otras personas, pero tampoco ellos son responsables del tuyo. No es la tentación la que te hace pecar, es tu “pie”. No es la visión pecaminosa la que te hace pecar, es tu “ojo”.

No te librarás de tus pecados culpando a otro ni poniendo excusas.

En resumen: asúmelo. Toma responsabilidad. Pueden haber todo tipo de factores que contribuyen a tu susceptibilidad a cometer ciertos tipos de pecado, pero no te librarás de ellos culpando a otro ni poniendo excusas. Es culpa tuya y de nadie más. Mientras más pronto lo admitas, más pronto podrás salir de eso.

2. Los riesgos son más altos de lo que piensas

Creo que esta es la razón por la cual la mayoría de las personas inmersas en la pornografía no se liberan a través de la fuerza de voluntad contra la culpa. Tienen que llegar a ver el costo aproximado que la droga de la pornografía está tomando en sus vidas. Por lo general, no es hasta que lo han perdido todo (o casi todo), que llegan a un sincero arrepentimiento. Mientras la esposa siga “perdonando” sin consecuencias reales, mientras se mantenga solo dentro de los círculos privados de aquellos que fruncen el ceño con simpatía y dicen que orarán, el pecado puede ser manejado, y luego el ciclo vuelve a repetirse.

Pero cuando la esposa dice: “Hasta aquí. Se acabó”, de repente ven el costo. Lo que sus lágrimas quizás no hicieron, su ausencia lo logra. Cuando la ausencia de arrepentimiento va más allá de tus “conocidos” y llega hacia los pastores o empleadores donde habrá una pérdida real de reputación, ingresos, y demás, de repente sientes la bancarrota en la que has estado involucrado todo el tiempo. ¿Por qué esperar esos momentos?

La pornografía te costará más de lo que en verdad quieres dar.

En resumen: Tienes que ver hacia dónde te diriges antes de que llegues ahí. Jesús no usaría la expresión de cortarte una mano o sacarte un ojo si la indulgencia habitual de la lujuria fuera una cosa pequeñita que puedes manejar. La pornografía gratis te costará más de lo que en verdad quieres dar. El resultado final de una vida dedicada al pecado es el infierno. Por lo tanto:

3. El arrepentimiento debe ser radical

Si piensas que cortarte un brazo o arrancarte un ojo suena duro, considera lo que Cristo dice acerca de seguirlo diariamente: “Debes tomar tu cruz”. Está hablando nada menos que de la muerte. Para experimentar la vida en Cristo, debemos morir a nosotros mismos.

Esto significa, como mínimo, que la ofensa de la cruz debe ser aplicada a la ofensa de tu pecado, porque murió allí con Él. Saca el martillo y los clavos. Encuentra una lanza. Instalar filtros y tener grupos donde rindes cuentas están bien, pero tal vez no necesitas un teléfono inteligente. Quizás no necesitas un televisor en tu casa. O un tiempo a solas, o un cuarto privado con una computadora o laptop.

Tal vez debas contarle a tu esposa. A tu pastor. A tus padres. A alguien que te “de miedo”. ¿Por qué? Porque los riesgos son altos, y el arrepentimiento debe ser radical.

Y debido a que el evangelio es verdad, sin importar las consecuencias terrenales, puedes estar seguro de las espirituales. Cualquier dolor vale la pena si nos pone en el camino de la rectitud. Cualquier dolor. Cualquier dolor es preferible al dolor del pecado en privado que desencadena un resultado infernal. Si no puedes manejarlo, mátalo. No temas a la vergüenza o pérdida más que a la ira de Dios. Y huye hacia sus brazos amorosos. Él verdaderamente es mejor. Su gracia es verdaderamente suficiente. Su gloria es verdaderamente más cautivante, más satisfactoria, más deliciosa que cualquier manjar podrido en pixeles.

Puedes hacer lo que sea necesario, sabiendo que Él no tomará de ti lo que más necesitas.

Así que no tengas miedo de arrancar tu ojo de su cavidad. El Señor te dará uno nuevo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Harold Bayona.
Imagen: Unsplash.
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