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La mayoría de nosotros somos una mezcla de emociones y experiencias. Lo bueno, lo malo y lo feo nos invaden con regularidad. La clave está en lo qué hacemos con estos sentimientos y experiencias.

¿Cómo influye el ser creyente en la forma en que vemos nuestro mundo, en especial cuando nos enfrentamos a las preocupaciones y al dolor?

En su libro El refugio secreto, Corrie ten Boom cuenta la historia de cómo esperó con ansias su primer viaje en tren. Aunque faltaba mucho para su viaje, iba con regularidad a ver a su padre y le preguntaba si tenía los boletos. Una y otra vez le decía que los tenía. Se dio cuenta de que su problema era una falta de confianza en su padre; ella no creía que él se podía ocupar de todo. A ella le preocupaba que perdiera su boleto y que de alguna manera ella no lo tendría a mano el día que le tocara viajar. Ella aprendió con esa lección que Dios nos da el boleto el día que hacemos el viaje y no antes. Por supuesto, Él es mucho mejor que nosotros en mantener el boleto a salvo.

En nuestro peregrinar a través del dolor, la decepción, la pérdida de seres queridos y los fracasos personales, podemos aprender que esto es cierto. Por tanto, debemos confiar en Él.

El día que hacemos el viaje del tiempo a la eternidad, si conocemos a Cristo, sabemos que Él nos dará el boleto. Si ese día es hoy, entonces el boleto está en camino. Si no es así, ¿de qué sirve permanecer despierto y dejar que nuestras emociones nos controlen y que nuestras preocupaciones se acumulen sobre nosotros? No estamos a merced de fuerzas arbitrarias e impersonales; estamos en la mano de nuestro Dios amoroso. Eso nos lleva al primer recordatorio que puede traer paz en tiempos de tribulación.

1. Nuestros años están en las manos de Dios

«Pero yo, oh Señor, en Ti confío; digo: “Tú eres mi Dios”. En Tu mano están mis años; líbrame de la mano de mis enemigos, y de los que me persiguen. Haz resplandecer Tu rostro sobre Tu siervo; sálvame en Tu misericordia» (Salmos 31:14-16).

«En Tu mano están mis años» es una afirmación de seis palabras para recordarle a los cristianos que, a pesar de los desastres y las dificultades, estamos bajo el cuidado del Dios todopoderoso.

No estamos a merced de fuerzas arbitrarias e impersonales; estamos en la mano de nuestro Dios amoroso

En los primeros versículos del Salmo 31, es evidente que David está angustiado. A medida que seguimos leyendo, pareciera que lo encontramos en una posición de confianza unos versículos más tarde, solo para que regrese inmediatamente a un estado de angustia. Este ciclo de dolor y alegría no es una experiencia inusual para el peregrino cristiano. De hecho, la recurrencia de la desilusión y el malestar es bastante común en el camino de la fe.

Pero Dios nos dice: Vengan a mí todos los que están cansados ​​y cargados. Vengan a mí con todas sus cargas, miedos, pánicos, ansiedades y angustias. Tomen mi yugo sobre ustedes. Vivan bajo mi reinado amoroso porque mi yugo es fácil y mi carga es ligera, y hallarán descanso para sus almas para siempre (ver Mateo 11:28-30).

Esta es nuestra seguridad. Nuestros años, cortos o largos, ricos o pobres, tristes o felices, están en sus manos. Él nos dará buenas obras que hacer cada día. Luego, en nuestro último día, nos llevará a salvo al lugar donde nuestros días son infinitamente largos, inimaginablemente ricos e indeciblemente felices.

2. La Biblia reconoce nuestras emociones 

El dolor es un ejemplo de una emoción que puede abrumarnos al máximo. Puede que conozcas esta experiencia demasiado bien. Recuerdo su primera intrusión en mi vida cuando era adolescente y murió mi madre. Nada podría volver a ser como antes.

No es necesario vivir mucho tiempo como creyente para descubrir que la fe no nos aísla de sentimientos como el dolor y el miedo a experimentarlo. Pablo escribió sobre la experiencia cercana a la muerte de su amigo Epafrodito: «Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir. Pero Dios tuvo misericordia de él, y no solo de él, sino también de mí, para que yo no tuviera tristeza sobre tristeza» (Fil 2:27).

La idea de perder a Epafrodito rompió el corazón de Pablo. Comprendió que la muerte no era el final, pero también reconoció que al experimentar la pérdida, o aun en la perspectiva de ella, hay un verdadero dolor.

El dolor es duro porque algo se ha perdido y ciertas alegrías ahora se han ido irremediablemente. Pero también sabemos que el dolor es una realidad de la que las Escrituras hablan de manera clara, una realidad que un día será redimida por un gozo mucho mayor. Sabemos que el dolor es una realidad que nuestro Salvador conoce de manera personal.

3. Jesús permite que el dolor y la esperanza coexistan

Mientras Jesús estaba junto a la tumba de su amigo Lázaro, Él, la segunda persona de la Trinidad, se entristeció con los que se habían reunido allí. Aunque estaba a punto de resucitar a Lázaro de entre los muertos, todavía lloraba porque estaba sinceramente triste. El misterio en esta escena es que Jesús se identificó tanto con nuestra humanidad que derramó lágrimas genuinas por la pérdida de su amado amigo (Jn 11:33-35).

Aunque la Biblia nos presenta la realidad de la victoria de Cristo sobre la muerte y la tumba, no nos llama a una especie de triunfalismo brillante y despiadado. Más bien, como escribe Alec Motyer: «Las lágrimas son apropiadas para los creyentes; de hecho, deberían ser mucho más copiosas porque los cristianos son más sensibles a cada emoción, ya sea de alegría o de tristeza, que aquellos que no han conocido nada sobre cómo la gracia de Dios nos ablanda y vivifica».

El dolor es una realidad que nuestro Salvador conoce de manera personal

El hecho de que nuestros seres queridos que murieron en Cristo estén ahora con Él aligera, pero no quita, la angustia de la pérdida y la soledad. Seguimos anhelando el día en que ese dolor haya cesado.

Hasta que llegue ese día, podemos encontrar consuelo al saber que Jesús fue «Varón de dolores y experimentado en aflicción» (Is 53:3), cuando lo miramos como nuestro ejemplo, cuando vemos que Él es «la resurrección y la vida» (Jn 11:25) y mientras lo miramos por nuestra eternidad. Saber esto es lo que permite que la esperanza reine en nuestros corazones, aun cuando existen preocupaciones y dolor muy reales en nuestras vidas.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Nota del editor: 

Este artículo fue adaptado de las devociones del 13 y 14 de junio en Truth for Life: 365 Daily Devotions (Verdad para la vida: 365 devociones diarias) por Alistair Begg.

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