El protestante del lunes por la mañana: Thomas Becon

Martín Lutero no estuvo solo hace 500 años. Y no está solo hoy. Para marcar los 500 años de la reforma, Desiring God preparó una serie con un artículo nuevo cada día por el mes de octubre a través de personajes claves de este evento.

Aunque ha sido pasado por alto casi por completo en la historia de la Iglesia, Thomas Becon fue un prolífico autor de panfletos y éxitos de ventas populares, y un piadoso clérigo de la Inglaterra del siglo XVI durante la Reforma. Viviendo durante el turbulento reinado de cuatro monarcas Tudor, sirvió bajo la supervisión del Arzobispo de Canterbury, Thomas Crammer, componiendo alrededor de cincuenta tratados que tuvieron varias ediciones y continuaron imprimiéndose setenta años después de su muerte.

Sus escritos sobre la piedad son relevantes y útiles para todo cristiano, especialmente para aquellos que tienden a dividir sus vidas en las categorías de “sagrado” y “secular”. Becon, que no reconocía tales divisiones, exhortó a los cristianos de su tiempo a buscar la piedad en el ritmo de sus rutinas diarias.

Pastor en lo oculto

Becon, que nació en Thetford, Norkfold, alrededor de 1512, fue educado en el Colegio St. John's de Cambridge, donde se vio profundamente conmovido y posiblemente convertido bajo las enseñanzas de influencia luterana de uno de sus profesores, Hugh Latimer. Después de graduarse en teología, Becon tomó dos puestos clericales en el sur de Inglaterra, pero tras la ratificación de los Seis Artículos de 1539, Enrique VIII tomó como objetivo a los evangélicos por incumplimiento y “herejía”. En consecuencia, Becon fue arrestado en 1541 por su “malvada y falsa doctrina”.

Tras su liberación, Becon mantuvo un perfil bajo en los bosques de Kent, arropado por varios hombres evangélicos conectados con la corte real. Durante este tiempo produjo numerosos tratados bajo el seudónimo de “Theodore Basil” para evitar ser detectado por las autoridades locales. Al producirse una mayor vigilancia y escrutinio por parte de los magistrados locales bajo órdenes de Enrique VIII, Becon huyó a las Midlands de Inglaterra, donde se ocultó durante cuatro años en las montañas, sin publicar ningún trabajo.

Exilio y vuelta al hogar

Uno de los focos principales de Becon en sus panfletos era cómo los cristianos podían obtener la piedad e integrarla en sus vidas cotidianas. En primer lugar, la Palabra de Dios, defendía Becon, era suficiente para todos los cristianos y era el catalizador de la piedad. La visión de Becon era una mancomunidad inglesa en la que “la gente pueda aprender incluso desde sus cunas… a conocer a Dios, a entender su palabra, a honrarle de forma adecuada, y a caminar en sus santos caminos” (New pollecye of warre).

En segundo lugar, Becon instruía a los cristianos a ver sus vidas como un estado continuo de culto en el que se reflejaba la piedad, incluso en lo mundano de un lunes por la mañana. Para Becon, el culto no se limitaba a las reuniones dominicales, ni tampoco estaba confinado a ciertas disciplinas espirituales, tales como la lectura de la Biblia o la oración. El culto era más bien una incesante actividad que había de entretejerse a través de la liturgia de la vida cotidiana: al comer, al trabajar, al pasar el tiempo de ocio, y al retirarse a dormir.

No hay trabajo “secular”

Becon publicó dos manuales que contenían oraciones modelo para actividades específicas de la agenda diaria. Uno de estos manuales ofrecía oraciones modelo para aquellos que tenían ocupaciones específicas, incluyendo magistrados, clérigos, mercaderes, abogados, marineros, soldados, madres, y niños. Becon defendía que no había ocupación que fuese más esencial que las demás. Argumentó que el trabajo de un zapatero y un sastre era tan importante en el Reino de Dios como el de un abogado o magistrado, porque Dios era el que llamó a cada uno a su vocación.

Mientras que muchos cristianos sutilmente menosprecian ciertas ocupaciones como insignificantes y ven el trabajo fuera del ministerio como “secular”, el tratamiento que Becon hacía de todo el trabajo como una actividad de Dios y para Dios resulta motivador y correctivo. Hemos de aceptar nuestro llamado y ver cuál es el propósito final de nuestro trabajo y vocación: la piedad a través del empleo bendice a una sociedad de forma que todos “puedan reconocerte a ti, el dador de todo lo bueno, y glorificar tu santo nombre” (Flour of godly praiers).


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Manuel Bento.
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