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El tema de los dones espirituales es muy importante para la iglesia, pero ha sido bastante controversial y, en muchos casos, poco entendido. Por eso quiero invitarte a considerar las siguientes preguntas esenciales que nos ayudarán a conocer los aspectos más básicos de los dones espirituales a la luz de las Escrituras.

¿Qué son los dones espirituales?

Un don espiritual “es cualquier destreza que imparte el poder del Espíritu Santo y se usa en cualquier ministerio de la Iglesia”.[1] Estas “destrezas” o “dones espirituales” se han ordenado históricamente en dos categorías: los dones relativos a las capacidades naturales, como la enseñanza, la misericordia o la administración; y los dones extraordinarios, como la profecía, la sanidad o las lenguas. Ambos son dados de forma soberana y particular a los miembros de la iglesia por el Espíritu Santo y su propósito es la edificación de la iglesia.

Sin embargo, es importante reconocer que un don espiritual no es lo mismo que un talento natural. El primero es dado de manera sobrenatural por Dios, con un propósito ministerial específico, mientras que el talento es una habilidad innata dada naturalmente por Dios al ser humano (como por ejemplo, la capacidad musical o deportiva).

Si deseas conocer cuáles son los dones espirituales listados en la Biblia, puedes leer este artículo.

¿Cómo recibimos los dones espirituales?

El apóstol Pablo, hablando acerca de los dones espirituales, nos dice claramente que “todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, distribuyendo individualmente a cada uno según Su voluntad” (1 Co 12:11). Como hemos dicho, a la luz de este pasaje entendemos que los dones son dados por Dios, a sus hijos, mediante la obra del Espíritu Santo.

No obstante, en ese mismo capítulo Pablo exhorta a los corintios a “desear ardientemente” “los mejores dones” (1 Co 12:31; 14:13). Pero si el Espíritu Santo es quien reparte los dones según su voluntad, ¿por qué Pablo exhorta a los corintios a desear otros dones?

Según leemos, Pablo alienta a la iglesia en Corinto a desear ardientemente los dones espirituales. Pero no se trata de una búsqueda individual y egoísta por tener una destreza extraordinaria que me haga brillar sobre los demás. Más bien, es una exhortación a anhelar ver el obrar de Dios, mediante el poder del Espíritu Santo, para la edificación de la iglesia.

Al hablar de “los mejores dones”, Pablo se refiere a aquellos que edifican más a la iglesia y que dan mayor beneficio a los hermanos (1 Co 14:12). Pero si nuestros motivos no son puros, como lo evidencia el caso de Simón el Mago, podemos caer en condenación (Hch 8:20-23).

¿Quieres saber cuáles son tus dones espirituales? Lee este artículo donde te compartimos algunos consejos prácticos sobre cómo descubrirlos.

¿Cuál es el propósito de los dones espirituales?

Los dones espirituales dados por Dios no son para nuestro deleite egoísta y vanagloria. Más bien, el propósito final es la edificación de la iglesia, o en palabras de Pablo, “el bien común” (1 Co 12:7; 14:4; Ef 4:12).

Pablo usa la analogía del cuerpo humano para enseñarnos esta verdad. Todos los cristianos somos parte del cuerpo de Cristo, su Iglesia, e individualmente miembros los unos de los otros (Ro 12:5; 1 Co 12:27). Eso quiere decir que cada uno tiene una función esencial que cumplir para beneficio del resto.

Por su lado, el apóstol Pedro también nos recuerda que cada uno de nosotros ha recibido un don especial, el cual debemos usar para servicio de los demás “como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 P 4:10).

Ya sea que hayas recibido uno o más dones espirituales, recuerda que te han sido dados por Dios a través de la obra del Espíritu Santo, y que su propósito principal es buscar la edificación del cuerpo de Cristo y la gloria de Dios.


[1] Wayne Grudem, Doctrina Bíblica: Enseñanzas esenciales de la fe cristiana (Miami, Florida. Editorial Vida, 2005), p. 396.
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