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El rey de Inglaterra Enrique VIII selló el Acta de Supremacía en 1534, documento con el cual declaró que él mismo era la cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra, rompiendo así la autoridad del papa Clemente VII sobre ella.

Esa decisión sacudió la Europa de entonces, desafió el poder de la Iglesia de Roma y sentó las bases del anglicanismo. Su sello no solo marcó un documento, sino también la historia de Inglaterra.

En la Escritura cristiana también hay un sello que marca un antes y después en la vida del creyente: el sello del Espíritu (Ef 1:13). Este constituye uno de los grandes beneficios espirituales que recibe un individuo al convertirse en hijo de Dios (Jn 1:12). Pero ¿de qué se trata?

El sello del Espíritu Santo simboliza la propiedad, la autenticidad y el sostén divino en la salvación de un creyente. Por eso, antes de avanzar con los detalles, es fundamental reflexionar más en una pregunta básica: ¿de quién es este sello?

El rol del Espíritu Santo

Mientras que el Padre, el Hijo y el Espíritu trabajan de manera inseparable, Sus roles en la creación, la redención y la consumación son distintos. Las obras particulares del Espíritu incluyen convencer a los no creyentes de pecado y regenerarlos (Jn 3:1-8; 16:7-11).

Como garantía de la obra de salvación de Dios (2 Co 1:22), el Espíritu realiza un conjunto de actividades espirituales que incluye colocar un sello en los creyentes (Ef 1:13); los asegura (Ro 8:16), los santifica (1 P 1:2) y produce en ellos semejanza a Cristo (Gá 5:22-23). Él ora por ellos (Ro 8:26-27), los ilumina (1 Co 2:12-15), les provee de dones espirituales (1 Co 12-14), los guía (Gá 5:16-18), fomenta la unidad (Ef 4:3) y, finalmente, los glorificará (Ro 8:11).

La marca distintiva de que una persona creyente le pertenece a Dios es que en ella habita el Espíritu de Dios

El Espíritu Santo nos hace partícipes de la redención de Jesús, siempre en una unión inseparable con la obra del Padre. Esto se basa en nuestra unión con Cristo (Ef 1:4-6). Jesucristo fue preordenado como cabeza representativa y sustituto por nuestros pecados (Mt 1:21; 1 P 1:18-20), y somos elegidos por gracia para ser llamados eficazmente, conformados a Su imagen y glorificados por el poder del Espíritu (Ro 8:11, 29-30). Es de esta manera que la revelación del Espíritu Santo constituye el fundamento de la vida cristiana.

Pasajes claves

Como vimos, el Espíritu desempeña varias funciones en la vida del creyente; una de ellas consiste en sellarlos. Hay tres pasajes claves en el Nuevo Testamento que sirven para entender mejor en qué consiste esta acción: Efesios 1:13; 4:20; 2 Corintios 1:22.

A partir de estos tres pasajes podemos meditar en, al menos, tres beneficios a los que apunta el sello del Espíritu en los creyentes.

Seguridad de salvación

En Él también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa (Ef 1:13).

Quienes escuchan el evangelio de salvación por fe en Jesús y creen, son sellados con el Espíritu. El comentarista William MacDonald lo explica así: «Esto significa que todo verdadero creyente recibe al Espíritu de Dios como una señal de que pertenece a Dios y que él será guardado por Dios hasta el tiempo en que reciba su cuerpo glorificado». Mediante el sello del Espíritu, Dios le dice a Sus hijos: «Eres Mío», garantizado para siempre.

Vidas acordes al evangelio

Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios, por el cual fueron sellados para el día de la redención (Ef 4:20).

Pablo utiliza el tema de la seguridad eterna del creyente como una razón fundamental para que el cristiano no peque. La ética cristiana se ve impulsada por la garantía que el Espíritu realiza por medio de Su sello al momento de la conversión. Finalmente, el apóstol indica que tal sello es garantía de la redención futura.  El sello del Espíritu nos impulsa a vivir de acuerdo al evangelio desde el momento de la conversión.

Garantía de la redención futura

Quien también nos selló y nos dio el Espíritu en nuestro corazón como garantía (2 Co 1:22).

Aquí encontramos nuevamente la referencia al sello como propiedad y seguridad. La marca distintiva de que una persona creyente le pertenece a Dios es que en ella habita el Espíritu de Dios. Piénsalo: ¡Dios mismo vive en ti! Eso constituye la garantía absoluta e inequívoca de una glorificación futura. Bien afirmaban grandes teólogos de la antigüedad cuando decían que no perdemos el sello aunque fallen nuestras obras, porque es Dios quien lo pone.

Una vida que es controlada por el Espíritu refleja que ha sido sellada para la redención o glorificación futura

Claro, ese sello de propiedad y seguridad no es visible. La gente no puede identificarnos porque tengamos un carné que indica que somos cristianos. Sin embargo, una vida que es controlada por el Espíritu refleja que ha sido sellada para la redención o glorificación futura y, a la vez, confirma que es una verdadera nueva criatura unida a Cristo.

Sellados por Dios

En conclusión, el sello del Espíritu es una expresión metafórica que la Biblia utiliza para referirse a una doble realidad: somos propiedad de Dios y Él nos otorga seguridad de salvación. Eso significa que toda persona vinculada a Cristo por la fe, no solo le pertenece a Dios, sino que recibe una promesa de redención y glorificación futura.

El Espíritu, por tanto, es el sello mismo que afirma con certeza que la obra de salvación que Dios ha iniciado en los que están en Cristo será completada perfectamente cuando Él vuelva. ¡Qué maravilla! El sello del Espíritu nos estimula a dejar de pecar y a esperar con perseverancia y gozo el regreso del Rey.

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