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Por primera vez en la historia de los Estados Unidos, la mayoría de los estadounidenses (50.2%) han elegido la cremación en lugar del entierro (48.5%). La Asociación Nacional de Directores de Funerarias espera que esta tendencia cambiante, del entierro a la cremación, continúe en los próximos 20 años, con la tasa proyectada de cremación alcanzando el 78.8% de las muertes para el 2035.

Esto es lo que los cristianos deberían saber sobre la cremación:

¿Qué es exactamente la cremación?

La cremación es un proceso funerario en el que se usa calor intenso para llevar al cuerpo humano a sus elementos básicos. La mayor parte del cuerpo, como el tejido, se vaporiza y deja solo los restos de hueso. Las partículas de hueso restantes se conocen comúnmente como cenizas o incrustaciones.

¿Cuál es el proceso de cremación?

El proceso de cremación ocurre en la cámara de cremación (a veces llamada retorta), un recinto revestido de mampostería que puede producir y soportar temperaturas en el rango de 980 °C a 1100 °C.

El cuerpo fallecido se coloca en un ataúd hecho de madera o cartón y se coloca en la cámara. En unas pocas horas, el cuerpo se vaporiza y se reduce a fragmentos de hueso. Estos fragmentos se retiran de la cámara de cremación y se colocan sobre una mesa donde el operador del crematorio extrae, a mano o con un imán, todos los restos metálicos, como tornillos, clavos, pasadores quirúrgicos o miembros/articulaciones de titanio.

Los fragmentos se colocan en un procesador especial que pulveriza el hueso a un polvo fino. Estas incrustaciones se colocan en una bolsa de plástico dentro de una urna o un recipiente de cremación temporal y se devuelven a la familia del difunto.

¿Menciona la Biblia la cremación?

La primera mención de la cremación en la Biblia es 1 Samuel 31, donde Saúl y sus hijos son quemados y luego enterrados sus huesos:

“Pero cuando los habitantes de Jabes-galaad oyeron lo que los filisteos le habían hecho a Saul, todos los hombres valientes se levantaron y viajaron toda la noche y tomaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-shan, y llegaron a Jabesh y los quemó allí. Y tomaron sus huesos, y los sepultaron debajo del tamarisco en Jabes, y ayunaron siete días”, 1 Samuel 31:11-13.

Los filisteos habían cortado la cabeza de Saúl (v. 9), y los cuerpos probablemente estaban mutilados y en descomposición cuando los hombres de Israel recuperaron los restos. Como dice Rodney J. Decker, “Probablemente se consideró más honorable incinerar a la comitiva real que tratar de transportar los cuerpos mutilados y apestosos a otra parte para las ceremonias funerarias judías habituales”.

Las únicas otras referencias a la cremación se encuentran en el libro de Amós (2:1 y 6:8-10). Ninguna de estas referencias refleja las prácticas funerarias normativas del pueblo de Dios. En 200 ocasiones en el Antiguo Testamento se menciona el entierro como la disposición estándar de los cadáveres.

(Levítico 20:14 y Levítico 20:14 indirectamente mencionan la cremación, ya que implican la pena capital que requiere que el ofensor sea “quemado con fuego”).

¿Es la cremación un pecado, o es una opción ética para los cristianos?

El consenso entre la mayoría de las tradiciones cristianas, incluidos los evangélicos, es que, debido a que la Biblia no prohíbe directamente la cremación, no es un pecado. Como dice Timothy George, “Si bien el peso de la tradición cristiana claramente favorece el entierro, la Biblia en ninguna parte condena explícitamente la cremación”.

Sin embargo, existe una división sobre si es prudente y aceptable que los cristianos elijan la cremación. John MacArthur, por ejemplo, ha dicho que “el estado de lo que queda del viejo cuerpo no es importante”, y que no debemos centrarnos en “cómo deshacernos de nuestros cuerpos terrenales”.

“Obviamente cualquier cuerpo enterrado eventualmente se descompondrá (Ec. 12: 7)”, agrega MacArthur, “por lo tanto, la cremación no es una práctica extraña o equivocada, simplemente acelera el proceso natural de oxidación”.

En contraste, Russell Moore aconseja a los cristianos rechazar la cremación:

La pregunta no es simplemente si la cremación es siempre un pecado personal. La pregunta no es si Dios puede reensamblar “cremaciones”. La pregunta es si el entierro es un acto cristiano y, de ser así, ¿qué comunica?

Por supuesto, Dios puede resucitar a un cristiano incinerado. También puede resucitar a un cristiano quemado en la hoguera, o un cristiano destrozado por leones en un coliseo romano, o un cristiano digerido por un gran tiburón blanco en la costa de Florida.

Pero, ¿son los funerales simplemente la forma en que nos deshacemos de nuestros restos? Si es así, los cementerios son innecesarios también. ¿Por qué no simplemente tirar los cadáveres de nuestros seres queridos en el vertedero de residuos local?

Para los cristianos, el entierro no es la eliminación de una cosa. Es cuidar a una persona. En el entierro, se nos recuerda que el cuerpo no es una cáscara, arrojada a un lado por la persona “real”, el alma interna. Estar ausente del cuerpo es estar presente con el Señor (2 Co. 5: 6-8; Fil. 1:23), pero el cuerpo que permanece todavía pertenece a alguien, alguien a quien amamos, alguien que lo reclamará algún día.

¿Cómo deben los cristianos decidir si elegir el entierro o la cremación?

David Jones, profesor de ética cristiana en el Southeastern Baptist Theological Seminary, describe tres preguntas que debemos considerar:

  1. ¿Qué normas morales se aplican en esta situación?
  2. ¿Qué método demuestra mejor el amor de Dios y el amor al prójimo?
  3. ¿Qué método le daría la mayor gloria a Dios?

Jones explica cómo pensar en estas preguntas y concluye:

A pesar de la preferencia histórica de la iglesia por el entierro, no todas las muertes ofrecen a los seres queridos la oportunidad de elegir el método de entierro. Factores tales como la ubicación y el modo de muerte, los parámetros legales específicos de cada país, así como los recursos de la familia sobreviviente, se aplicarán a las prácticas y decisiones funerarias. Sin embargo, si se les da una opción, los creyentes contemporáneos abiertos a la cremación deberían considerar cuidadosamente la práctica y evaluarla a la luz de la Palabra de Dios.

Después de todo, dentro de la tradición cristiana, los funerales no son simplemente formas de deshacerse de los cadáveres, ni se trata de recordar al difunto o expresar dolor. Más bien, para los creyentes, los funerales deben ser eventos centrados en Cristo, testificando a lo largo del mensaje y la esperanza del evangelio.¹

¿Qué hay de los cristianos que no pueden pagar opciones de no cremación?

Una razón común por la cual los cristianos eligen la cremación es para evitar los gastos relacionados con el servicio fúnebre y el entierro. Un funeral tradicional a menudo puede costar alrededor de $8,000 a $10,000 dólares, mientras que el costo promedio de la cremación es solo de $1,500 a $2,500 dólares.

Antes de elegir la cremación debido al costo, los cristianos deberían considerar opciones de entierro más accesibles.

En los Estados Unidos, la Regla de Funerales, impuesta por la Comisión Federal de Comercio (FTC), hace posible que una persona elija solo aquellos bienes y servicios que desee o necesite, y pague solo por aquellos que seleccione, ya sea que esté haciendo arreglos cuando una muerte ocurre, o por adelantado. El entierro directo y el entierro natural, ambos son incluidos en las opciones que todas las funerarias deben ofrecer.

Un servicio de entierro directo incluye un contenedor modesto de madera (o cartón), sin embalsamamiento, y el entierro inmediato en un cementerio dentro de las 24 horas. Ninguna ley estatal requiere el embalsamamiento o el uso de un ataúd para el entierro, por lo que un cuerpo puede enterrarse directamente en la tierra, en una mortaja, o en una bóveda sin ataúd.

Casi todos los estados también permiten un entierro natural, lo que permite que el cuerpo sea enterrado sin tener que pagar el costo de una bóveda.

Debido a que la tumba promedio (es decir, la parcela funeraria) cuesta $1,000 dólares, y la excavación de la tumba cuesta $1,000, el costo del entierro puede ser aproximadamente igual al costo de la cremación. Sin embargo, el costo podría reducirse aún más, si más iglesias reiniciaran la práctica de usar una porción de su tierra para usarla como un cementerio de la iglesia. Si se ubicaran más lugares de sepultura en las propiedades de la iglesia, podrían proporcionarse de forma gratuita a los cristianos que no puedan pagar una parcela de entierro.


[1] Para un tratamiento más extenso, ver: To Bury or Burn? Toward an Ethic of Cremation” —escrito para el Journal of the Evangelical Theological Society.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Jacquie Tolley
Imagen: Lightstock. 
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