Corre como el viento del pecado sexual

Si realmente crees que el pecado sexual está mal y te impide experimentar alegría en Dios, ¿entonces qué hacer? Pues huye del pecado sexual como si te persiguiera un león. 

Pablo les dice a los cristianos en Corinto que “huyan de la inmoralidad sexual” (1 Co. 6:18). Hombres, no pasen por alto la urgencia en sus palabras. Estas palabras me recuerdan a los refugiados que huyen de una zona de batalla devastada por la guerra. “Olvídate de volver a la casa por nuestras cosas. Agarra a los niños, tenemos que correr, ¡ahora!”.

Una anti-lección en la vida de José

En el libro de Génesis, José es un ejemplo positivo de cómo huir del pecado sexual de la manera adecuada. Cuando la esposa de su jefe intentó seducirlo diciéndole, “Acuéstate conmigo”, corrió tan rápido que su abrigo se quedó en las manos de ella (39:12). Presumiblemente, ella estaba en el proceso de quitárselo. Felicitaciones a José. Ella lo agarró; él huyó.

No para restarle a la historia, pero hay algunos otros detalles en el pasaje que debemos considerar. Así es como comienza la historia: 

“Y era José de gallarda figura y de hermoso parecer. Sucedió después de estas cosas que la mujer de su amo miró a José con deseo y le dijo: ‘Acuéstate conmigo’. Pero él rehusó y dijo a la mujer de su amo: ‘Estando yo aquí, mi amo no se preocupa de nada en la casa, y ha puesto en mi mano todo lo que posee. No hay nadie más grande que yo en esta casa, y nada me ha rehusado excepto a usted, pues es su mujer. ¿Cómo entonces podría yo hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?’. Y ella insistía a José día tras día, pero él no accedió a acostarse con ella o a estar con ella”, Génesis 39:6b-10. 

No te pierdas los detalles. José es guapo. José sabe que ella tiene la intención de acostarse con él. José conoce su privilegio y poder como supervisor de todo el estado. José sabe que Dios estaría disgustado si actuara ese pecado. Además, y esto es crucial, José sabe que ella le está diciendo palabras seductoras día tras día. Con esto en mente, observa cómo se nos narra la historia de la huida de José: “Pero un día que él entró en casa para hacer su trabajo, y no había ninguno de los hombres de la casa allí dentro…” (v. 11). 

Espera. ¿Cómo?

Si pudiéramos hablar con José, nos gustaría preguntarle: “¿Por qué estabas solo en la casa? Supervisabas todo, incluso a muchos sirvientes. ¿Por qué no trajiste a algunos de ellos como testigos? ¿No querías testigos?”. 

Mi objetivo no es derribar un héroe bíblico. Mi objetivo es leer bien la Biblia, y leer bien este pasaje significa reconocer lo que José mismo quiere que aprendamos de su vida: todos los hombres son pecadores y necesitan la gracia de Dios. Es común que los libros sobre pecado sexual elogien a José por correr, pero creo que está claro que no corrió lo suficientemente pronto.

Huyendo de

Hombres, no coqueteen con el borde. No veas lo cerca que puedes acercarte sin caerte al precipicio. No veas cuánto tiempo puedes pasar en ESPN.com sin hacer clic en los anuncios escandalosos en las esquinas del sitio web. Lo mismo ocurre con las redes sociales. No te demores en Facebook o Instagram con la esperanza de ver alguna foto candente de tu compañera de trabajo que acaba de tomarse unas vacaciones en la playa.

Y hablando de huir de ciertas mujeres, específicamente huye de dos tipos de mujeres. Huye de las mujeres que encuentras atractivas y de las mujeres que piensan que eres atractivo. Estoy hablando principalmente con hombres casados. Pero incluso si no estás casado, de cierta manera esto debería ser cierto para ti. Existe la atracción saludable, y también existe la posibilidad de fomentar esa atracción saludable y mutua y hacer que vaya más allá del lugar y contexto adecuado. 

Si ves antiguas novias, o la muchacha que te gustaba en el bachillerato, o una exesposa en las redes sociales, deshazte de ello y deja de seguirlas. No deberían estar en tu fuente de noticias, no deberías alimentarte de ello.

No fuimos hechos para luchar contra el pecado de forma aislada. Fuimos hechos para compartir las alegrías y las luchas de la vida junto con otros.

Se ha vuelto controvertido y politizado, pero sigo manteniendo que un hombre cristiano casado no debería cenar en un viaje de negocios con otra mujer que encuentre atractiva o, de nuevo, que lo encuentre atractivo. Y no vayas intencionalmente al gimnasio cuando sepas que alguna de estas mujeres estará allí. “Oh, no esperaba verte aquí en la parte de atrás del gimnasio. No tenía idea de que siempre vienes aquí los viernes a las 4:15 p. m.”. Cultivar este tipo de atracción es un preludio al desastre, incluso si el pecado sexual solo se consuma en tu mente.

Corriendo hacia

Al decir todo esto, sin embargo, debo agregar dos cosas más. Primero, déjame decirte que no debes rechazar a las mujeres en general o culparlas por nuestros problemas. Hombres, debemos encontrar una manera de lidiar con nuestras luchas sin aislar a otras personas que no tienen ningún rol activo o conciencia de nuestra atracción. Las mujeres no son el problema. Nuestro pecado lo es. 

En segundo lugar, permítanme señalar que nunca solamente huimos de algo. También corremos hacia algo. Pablo les dice a los hombres jóvenes: “Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro” (2 Ti. 2:22). No te pierdas cómo termina el verso. Pablo nos dice que tengamos socios para correr. No fuimos hechos para luchar contra el pecado de forma aislada. Fuimos hechos para compartir las alegrías y las luchas de la vida junto con otros. Huimos del pecado mientras corremos hacia el Señor con otros que hacen lo mismo. No corras solo, o demasiado tarde, como José. 


Nota: Este artículo ha sido adaptado del libro de Benjamin Vrbicek: Struggle Against Porn: 29 Diagnostic Tests for Your Head and Heart.


Publicado originalmente en For the Church. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
Compartir
CARGAR MÁS
Cargando