6 consejos para jefes cristianos

Estar en una posición de autoridad no solo trae ciertos privilegios, sino también grandes responsabilidades. El mundo entiende muy diferente estos privilegios y responsabilidades a lo que Dios dice. Para muchos, ser un buen jefe es sinónimo de productividad, y por eso existe un sinfín de estudios y estrategias de mercado que nos ayudan a alcanzar estas metas. Pero para el creyente, ser un buen jefe va más allá de la productividad y las metas laborales.

¿Eres jefe o eres líder?

Si en tu trabajo tienes personal a tu cargo, es importante que te hagas esta pregunta: ¿eres jefe o eres líder? Entender la diferencia entre ambas cosas te ayudará a enfocar tus esfuerzos en lo que es verdaderamente importante para la gloria de Dios (Col. 3:17).

Ser jefe no es igual a ser líder. El jefe vela por sus propios intereses, pero el líder tiene cuidado de sus subordinados y los dirige con su ejemplo. El jefe tiene una posición impuesta que le da la autoridad para exigir lo que él quiera, y en muchos casos, lo hace por medio de infundir temor. Pero el líder dirige a su equipo a través de su influencia, y les motiva a cumplir los objetivos con firmeza y amor.

Si deseas crecer en tu liderazgo, entonces escucha con atención los siguientes consejos.

Serás un mejor jefe en la medida que reflejes a Jesús en tu vida.

  1. Aprende de otros líderes. Aunque los libros sobre liderazgo empresarial abundan, las mejores lecciones las encontrarás en la Biblia. Las historias de Moisés, Josué, David, o Salomón, no solo nos permiten aprender de sus éxitos, sino también de sus fracasos y errores. Por sobre todo, enfócate en Aquel quien fue y es el líder perfecto: Jesús (Heb. 12:2).
  2. Trata a tu subordinado como a ti mismo. Mientras que el mundo nos enseña que un jefe no debe “ensuciarse las manos”, la Biblia nos recuerda que debemos ser benevolentes y modelar lo que queremos que nuestros subordinados hagan, tal como lo hizo Jesús (Mt. 20:25-27).
  3. Usa más el “nosotros”, y menos el “yo”. El egoísmo ha dominado a muchos jefes que terminan atribuyéndose los éxitos, sin tomar en cuenta el esfuerzo de su equipo. En cambio, la Biblia nos hace ver constantemente la importancia del trabajo en conjunto (1 Co. 3:6, 12:13, 21). ¿Cómo puedes saber si estás siendo un líder egoísta? ¡Escucha tus propias conversaciones! Si frecuentemente dices: “yo hice”, “yo traje”, “yo inventé”, “yo logré”, tarde o temprano te quedarás solo.
  4. Sé flexible. Procura estar abierto al cambio, pues en ocasiones te darás cuenta que hay mejores maneras de hacer las cosas. El apóstol Pablo usaba métodos distintos para lograr sus objetivos, dependiendo del tipo de audiencia a la que apelaba. A veces hablaba en hebreo, para contar la historia de Israel y sus profetas (Hch. 13, 22), y otras veces en griego, para testificar del Dios Creador a los atenienses (Hch. 17:16-34). “A todos me he hecho todo, para que por todos los medios salve a algunos” (1 Co 9:22).
  5. Exhorta en privado. Si debes llamarle la atención a algún subordinado, hazlo en privado. Si lo haces frente a otros terminarás humillándolo, en lugar de alentarlo a mejorar. Se ha dicho antes que el líder reprende en privado, pero elogia en público.
  6. Guarda tus palabras y actitudes. Es común que un líder trabaje con altas demandas, las cuales provocan tensión, y que deba lidiar con personalidades conflictivas que le lleven a perder los estribos. Por eso es importante entregar el control de nuestras vidas al Espíritu Santo, de modo que no caigamos en el error de usar palabras corrompidas o actitudes indignas de un hijo de Dios (Ef. 4:29-31; Pr. 16:32).

Serás un mejor jefe en la medida que reflejes a Jesús en tu vida. De esta manera, podrás fijar tu mirada más allá de las metas y la productividad, para enfocarte en influenciar a tu equipo y llevarlos no solo más cerca de sus metas laborales, sino mejor aún, más cerca del conocimiento de Dios.


Imagen: Lightstock.
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