6 consejos para el creyente “atrapado” en un trabajo que no le gusta

Quizá sientes ansiedad el domingo por la tarde al pensar que, en pocas horas, tienes que volver a tu trabajo. Si te sirve de consuelo, no eres el único que se siente así.

Según un estudio de la firma encuestadora Gallup, los trabajadores felices en todo el mundo no son la regla, sino la excepción. De los 230,000 empleados encuestados, solo el 13% se mostró satisfecho con su trabajo. “Más de la mitad de los trabajadores del mundo no sienten pasión por sus actividades, conexión con su empresa, ni les interesa innovar o impulsar nuevas iniciativas para su compañía”.

Pensemos bíblicamente sobre esto

Al respecto, las redes sociales están inundadas de soluciones de “microondas” para este problema. Es decir, soluciones rápidas, aconsejadas por psicólogos, sociólogos, y otros. Y aunque algunos sugieren cosas que parecen razonables, el creyente en Cristo no debería actuar según el razonamiento del mundo. Romanos 12:2 dice: “ Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto”.

Recordemos que “el mundo entero está bajo el poder del maligno” (1 Jn 5:19), quien tiene la intención de alejar de Dios a todo hombre, hacerlo desviar cual inútil sin hacer nada bueno, y llenar su boca de amargura e insatisfacción incluso en el trabajo (Ro. 3:12, 14) .

La renovación de nuestra mente es procurar pensar como Dios piensa. Es por eso que, al sentir que no nos gusta el trabajo que hacemos, es valioso saber qué dice la Palabra de Dios acerca del trabajo. Basado en ello, aquí hay seis consejos para ayudarnos a mirar nuestro trabajo bajo la perspectiva de Dios.

1. Examina por qué no te gusta tu trabajo.

Pueden haber muchas razones válidas por las cuáles no te gusta tu trabajo. Por ejemplo, tal vez tu jefe es difícil, la empresa para la que trabajas no reconoce tu labor, no estás desarrollando tu potencial en donde estás, o el sueldo no te parece justo. Sin embargo, te pido que no descartes esta posible razón: tú mismo.

No estás en tu trabajo actual por “cosas de la vida” o “mera casualidad”. Dios es soberano sobre tu vida.

Pide al Señor en oración que te escudriñe y te muestre la verdadera razón de tu situación actual, que muy probablemente está frente a ti y no la ves. Luego toma la acción que sea correcta. Haz tuya la oración de Job: “Enséñame lo que no veo; si he obrado mal, no lo volveré a hacer” (Job 34:32).

2. Recuerda que Dios te dio tu trabajo actual.

Recuerda que tu trabajo en realidad te fue dado por Dios (1 Co. 4:7; Stg. 1:17). Él también te dio dones, habilidades, recursos, fuerzas, e inteligencia para que puedas desarrollarte como trabajador y puedas sostener a tu familia por medio del fruto de tu esfuerzo.

No estás en tu trabajo actual por “cosas de la vida” o “mera casualidad”. Dios es soberano sobre tu vida. Es posible que Él te provea otro empleo, pero no olvides que “Él ha hecho todo apropiado a su tiempo” (Ec. 3:11).

3. Recuerda que estás en tu trabajo para glorificar a Dios allí.

Eres llamado a glorificar a Dios en tu trabajo (1 Co. 10:31). Tienes un propósito definido de antemano por Él (Ef. 1:6, 12). Puedo entender que a veces no es fácil ver este propósito por el momento que estás atravesando. Pero seguro será más difícil para el inconverso poder ver a Cristo reflejado en ti si eres consciente del propósito de tu trabajo y no decides reflejarlo cada día a pesar de tus circunstancias.

4. Evita la queja y la amargura.

Evita presentar tu causa en frente de los demás, y no demuestres amargura. Expón tu causa delante del trono de la gracia, en privado (He. 4:16). No hay nada más triste que un creyente quejumbroso, ya que no tendrá testimonio para después aconsejar a alguien más diciéndole que en Cristo está la fortaleza y el consuelo que necesitamos.

Lo que vives en tu trabajo es parte del plan de Dios para sacar lo mejor de ti.

Si vas a hablar algo, que sea de ayuda y no de desánimo: “No salga de la boca de ustedes ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan… Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos, así como toda malicia” (Ef. 4:29, 31).

5. Sé productivo.

Es importante que te mantengas productivo. Tal vez ya has caído en la monotonía, haciendo solo lo mínimo que te pide tu trabajo, pero mira: ¡Dios nos dejó el ejemplo de ser el mejor y más productivo trabajador del universo! Solamente en los primeros nueve versículos de Génesis 1 encontramos al menos nueve verbos de acción o trabajo: crear, moverse, decir, separar, llamar, expandir, juntar, además de otros.

El Señor Jesús nos habla de su productividad: “Hasta ahora Mi Padre trabaja, y Yo también trabajo” (Jn. 5:17). Por otro lado, Pablo dice a los hermanos de Tesalónica que, para ser un ejemplo entre ellos y no ser carga a ninguno de ellos, él trabajó productivamente. También los exhortó: “Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Ts. 3:10).

6. Ten paz y sé agradecido.

Ten paz y sé agradecido por lo que Dios te ha dado y también por lo que te está haciendo atravesar (Col. 3:15). Lo que vives en tu trabajo es parte de su plan para sacar lo mejor de ti.

Mantén tu anhelo y tu suspiro por algo diferente y mejor. No hay nada de malo en ello. David decía: “Señor, todo mi anhelo está delante de Ti, y mi suspiro no Te es oculto” (Sal. 38:9). Pero en medio de esto, recuerda que estás en tu trabajo para glorificar a Dios y parecerte a Cristo. Tu presencia allí bendice y trae luz a esa compañía o empresa (Fil. 2:16). Mantente contento y refléjalo en tu rostro y en tu actitud hacia todos (Fil. 4:5).

Ten presente que el Señor responde a su tiempo, y no olvida nuestras peticiones. Por tanto, tienes razones más que suficientes para tener paz y ser agradecido en medio de tu trabajo.


IMAGEN: LIGHTSTOCK.

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