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En nuestros días, la relación entre la ciencia y la fe se concibe como casi imposible. Aunque no existe un conflicto real entre las dos disciplinas —es más un conflicto entre las comunidades que las practican—, la tensión parece real. Uno de los grupos que más sufre con esta confusión son aquellos miembros de la iglesia que gustan del conocimiento, que aman la ciencia y todo lo que tenga que ver con el desarrollo de la mente, a quienes llamaré en este escrito «cristianos intelectuales».

Utilizo la palabra «sufrimiento» a propósito, porque sé por experiencia propia que ciertas preguntas no resueltas pueden traer angustia. Incluso, en algunos casos tristes, puede terminar llevando a alguien que afirma ser creyente a alejarse de la fe por un tiempo o, en el peor escenario, para siempre.

Algunos tienen preguntas sobre cómo se reconcilian la fe y la ciencia, pues encuentran temas donde la respuesta no es tan sencilla. Por lo general son cuestiones e interrogantes que requieren tiempo de estudio, meditación y oración. Pero, a mi parecer, muchas congregaciones cristianas son comunidades donde hablar de estos temas se vuelve difícil, pues no hay mucha sabiduría al respecto.

En la iglesia muchas veces no sabemos cómo lidiar con situaciones así, por lo que quisiera animarte con tres consejos —desde mi experiencia como creyente científica— que son de ayuda para acompañar a un hermano pasando por este tipo de dificultades.

1. Busca ser un buen amigo

La gente intelectual tiene una vida mental muy activa. Se hacen preguntas constantemente, están siempre leyendo algo, están siempre aprendiendo. Sin embargo, la proporción de cristianos intelectuales no es muy alta, por lo que es común que tiendan a sentirse solos.

Los hermanos intelectuales luchan con los mismos pecados que todas las demás personas

Los hermanos intelectuales, como cualquier persona, quieren encontrar relaciones y espacios donde compartir sus gustos e intereses. Ansían tener compañeros de intelectualidad, hermanos con quienes sentarse a discutir temas profundos, un libro que amaron o un video que les hizo cuestionarse cosas. Pero muchas veces no encuentran en la comunidad de la iglesia con quienes hacer esto, de manera que cuando sienten dificultades para reconciliar temas de ciencia y fe, asumen que no tendrán con quien compartir sus inquietudes.

Sin importar si te consideras intelectual o no, te animo a convertirte en compañero de hermanos así. Aunque quizá sientas temor al principio de no sentirte preparado para hablar con alguien que consideras intelectual, la realidad es que no necesitas tener un doctorado para sentarte a conversar y generar una relación de hermandad y amistad.

Lo único que necesitas es demostrar amor por estos miembros de la congregación y una manera de hacerlo es mostrar interés en los temas que le interesan. Ya que algo que los distingue es que aman aprender, cuando encuentran a un hermano que se emociona por entender cosas nuevas pueden encontrar también ahí a un compañero con quien compartir sus luchas.

Anímate a preguntar sobre sus intereses, qué canales de YouTube ve, qué libros le han gustado últimamente y también pregunta por sus cuestionamientos intelectuales: ¿Hay temas con los que batalle su mente? ¿Hay preguntas que ansía poder responder? ¿Hay temas que tiene temor de conversar? Quizá no entiendas todas sus luchas, pero tu trabajo será, al igual que con cualquier hermano, llevar la carga con él (Gá 6:2).

2. Exhorta con amor y humildad

Los hermanos intelectuales luchan con los mismos pecados que todas las demás personas, y el orgullo es uno de los más frecuentes. Por lo mismo, muchas veces cometen el error de callar sus luchas, aún cuando hay hermanos amorosos que los escuchan y se interesan por los temas que les aquejan.

Aunque es verdad que a veces las luchas intelectuales pueden ser difíciles de comprender, los pecados deben ser llamados por su nombre. De modo que, si has sido un hermano compasivo que ha acompañado a un hermano a llevar sus luchas, que ha trabajado para entender los temas que le interesan, pero él camina con orgullo e insiste en pensar que nadie le entiende o que nadie está capacitado para responder sus dudas, debes confrontarlo en amor, tal como se nos manda (Ef 4:14-15). La iglesia necesita cristianos intelectuales humildes que aman al Señor y a Su iglesia más que al conocimiento.

Pero todos debemos practicar la humildad. Así que es bueno recordar que, mientras amonestamos a un hermano y amigo, debemos ser mansos y mostrar amor. Puede ser que este hermano intelectual ya haya intentado hablar con alguien en quien confió y fue juzgado o tratado con crueldad. Puede ser que realmente sea un tema muy complicado de resolver y quizás ni siquiera tú tengas una postura al respecto o no sepas cuál es la postura de tu iglesia. Por eso te animo, mantente humilde cuando estés tratando las luchas de los demás, pero cumple con tu deber de invitar a tu hermano al arrepentimiento en asuntos de orgullo.

3. Aférrate al poder del evangelio

En medio del proceso de acompañar a tu hermano, interesarte por sus luchas y sus intereses y exhortarlo a arrepentirse de su orgullo (si es que lo hay), no olvides que el evangelio es la respuesta profunda para todos.

El evangelio es la respuesta profunda para todos

Si observas a través del tiempo que tu amigo no quiere ceder ante su orgullo o no quiere compartir sus luchas con nadie, quizás sea tiempo de considerar que tal vez no es un verdadero hermano. ¿Ves frutos de arrepentimiento en su vida más allá de sus batallas intelectuales? Un miembro de la congregación que posee mucho conocimiento (teológico incluso) puede no ser salvo y tu misión es predicarle.

Por otro lado, si ves frutos de arrepentimiento en la vida de este hermano, recuerda que el evangelio también es para los creyentes. Todos necesitamos a Jesús, para salvarnos de nuestros pecados, sin duda alguna; pero también para vivir capacitados por Su Espíritu, aún en los cuestionamientos internos más profundos (Ro 8:26-27).

Así que, mientras batallas junto a tu hermano sobre sus luchas intelectuales, vuelve una y otra vez a las gloriosas verdades del evangelio. Te puede sorprender de nuevas formas cómo el evangelio es profundamente rico para nuestras necesidades más sentidas.

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