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No conozco a nadie sabio que sea fanático de la confrontación.

Aún así, creo que todos los creyentes pasamos por momentos en los que sentimos un peso en el corazón, después de considerar las Escrituras y llegar a la conclusión de que debemos confrontar a un hermano. Para muchos de nosotros esto es un proceso incómodo y nuestra mente rápidamente busca razones para evitar esa incomodidad que trae la confrontación.

Aprendiendo la verdad del amor

He estado en conversaciones en las que fui confrontado, pero la forma en que lo hicieron me dejó con una sensación de culpa, soledad y vergüenza. Así que, si eres parecido a mí, cuando anticipamos las emociones negativas que podrían surgir de nuestra confrontación, muchas veces nos convencemos de que no vale la pena hacerlo, de que es mejor quedarnos callados antes que ofender a otra persona.

Sin embargo, dejando a un lado nuestra percepción y reacción emocional, la Biblia nos enseña cómo manejar la confrontación. Nos enseña cómo es fundamental y beneficia al cuerpo de Cristo: «Al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo» (Ef 4:15, énfasis añadido).

Déjame contarte una experiencia personal, la cual me enseñó la verdad sobre el amor en la confrontación.

Vivimos en un mundo sediento de la verdad. Nuestras relaciones serán fortalecidas por medio de compartir momentos bíblicos de confrontación

En mi adolescencia, solía memorizar versículos bíblicos aunque no entendiera lo que significaban realmente. Recuerdo cuando repetía por toda la casa en voz alta: «Mejor es la reprensión franca / Que el amor encubierto» (Pr 27:5). En varias ocasiones se lo dije a mi hermano mayor, sin entender realmente lo que le decía.

Entonces, una noche mi hermano me confrontó con algo que yo había hecho. Con mi orgullo adolescente herido, le respondí con un reproche sobre algo que él me había hecho y que nunca había exteriorizado. En ese momento de tensión, mi hermano me preguntó con sinceridad: «¿Por qué no me lo dijiste antes?». Le dije que lo amaba y que no quería ofenderlo, pero él me respondió con gentileza: «Siempre andas diciendo que es mejor la reprensión franca que el amor encubierto, pero no lo estás viviendo».

En ese momento las estrellas se alinearon; al fin entendí lo que decía el proverbio.

Es fácil convencernos de que no necesitamos sacar a luz lo que es incómodo; sin embargo, hay muchas situaciones que debemos resolver de esta manera. Cuando nos convencemos de que es más amoroso no decir las cosas y guardar «las ofensas» para no confrontar, caemos en una trampa de la que la Biblia claramente nos advierte. Además, Efesios 4 nos recuerda que tenemos una mejor instrucción, la cual tiene que ver con la transformación creciente en el cuerpo de Cristo que se produce mientras la verdad es dicha en el contexto del amor.

3 principios para hablar la verdad en amor

Si estamos conscientes de la naturaleza de nuestro corazón pecaminoso y comprometidos con el amor como el ADN del cuerpo de Cristo (cp. Jn 13:34-35), entonces podemos caminar en una dinámica relacional que hable la verdad en el amor que nos define como discípulos de Jesucristo.

Aquí te comparto tres principios para tomar en cuenta al momento de hablar la verdad en amor, ya sea en una confrontación o en un momento en el que debemos representar a Cristo ante un mundo caído.

1. Tanto tus motivaciones como la forma en que confrontas deben basarse en el amor.

Si detectamos una motivación de querer señalar, insultar, avergonzar o menospreciar a la otra persona, no estamos caminando en el amor. Esto no quiere decir que nunca debemos decir algo que ofenda, ya que el mismo Jesús vio que Su palabra era ofensiva para los que no entendían quién era (cp. Lc 7:23). Pero sí quiere decir que nuestra motivación no es ofender.

En ese sentido, las motivaciones pueden ser importantes para determinar la validez de un mensaje, pero la forma en que lo decimos también debe ser un reflejo del amor redentor de Cristo.

2. Hablar la verdad debe ser algo que fortalezca a la Iglesia.

El mensaje de Efesios 4, donde se habla de comunicar la verdad en amor, nos recuerda que es todo el cuerpo de Cristo el que debe crecer por medio de esta dinámica.

Las motivaciones importan para determinar la validez de un mensaje, pero la forma de decirlo también debe ser un reflejo del amor redentor de Cristo

Por lo tanto, debemos cuidarnos de buscar exaltarnos, sentirnos superiores o mostrarnos más «avanzados» cuando vamos a corregir a un hermano en la fe. La verdad es algo poderoso que no debemos utilizar para promover nuestra agenda. En cambio, debemos comunicar la verdad con cuidado y humildad, buscando fortalecer al cuerpo de Cristo, aún cuando sea doloroso de escuchar o de decir en el momento.

3. Las redes sociales no son el lugar adecuado para señalar o confrontar.

Obviamente los primeros seguidores de Jesús no tenían acceso a las redes sociales y nosotros vivimos en un mundo moderno diferente al de ellos en muchas maneras. Sin embargo, los principios de Dios son eternos y son aplicables a nuestro manejo de plataformas digitales.

Cuando buscamos confrontar a alguien en redes sociales, no solo lo hacemos de manera pública, sino también sin el contexto de una relación real. He escuchado historias de personas peleando sobre doctrina en redes sociales solo para descubrir que discutían con bots de inteligencia artificial, los cuales contribuyen al espectáculo para favorecer un algoritmo que busca generar más conmoción.

Debemos manejar con mucha sabiduría la forma en que comunicamos la verdad en las redes sociales. Ya que es a través de una transmisión masiva, pienso que las redes sociales no son el lugar para confrontar. Es mejor buscar una relación directa y real con la persona que se busca corregir.

Abrazando la verdad en amor

Vivimos en un mundo sediento de la verdad. Nuestras relaciones entre hermanos serán fortalecidas por medio de compartir momentos bíblicos de confrontación, y al hacerlo, toda la iglesia irá creciendo a la estatura de Cristo.

Sin embargo, debemos tener presente que nuestro corazón es engañoso y las palabras que decimos tienen un efecto poderoso en la otra persona. Por eso, evaluando tanto las motivaciones, la forma, la meta y el lugar en el que hablamos, podemos alcanzar el estándar bíblico de decir la verdad con amor, tal como Jesús lo hizo entre nosotros.

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