Este es el cuarto artículo en una serie de 12 súplicas a los predicadores de la prosperidad. Los artículos fueron publicados originalmente en el libro de John Piper, ¡Alégrense las naciones!. Lee el anterior aquí.
Enriquecerse no es el punto del trabajo. Pablo dijo que no debemos robar. La alternativa era trabajo duro con nuestras manos. Pero el propósito primordial no fue meramente guardar o incluso tener. El propósito fue “tener para poder dar”.
“El que roba, no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad” (Ef. 4:28). Esta no es una justificación para enriquecerse a fin de dar más. Es un llamado a ganar más y guardar menos a fin de poder dar más. No hay razón para que una persona que prospere más y más en su negocio deba aumentar su estándar de vida indefinidamente. Pablo diría, “Pon límite en tus gastos y ofrenda lo demás”.
Yo no puedo determinar tu “límite”. Pero en todos los pasajes que estamos mirando en esta serie, hay un impulso hacia la simplicidad y la generosidad, no hacia las posesiones lujosas. Cuando Jesucristo dijo, “Vendan sus posesiones y den limosnas” (Lc. 12:33), parece que Él no quería decir que los discípulos eran adinerados y podían dar de su abundancia. Pareciera como si tuvieran tan pocas posesiones que hubieran tenido que vender algo para tener con qué ofrendar.
¿Por qué animarían los predicadores a la gente a pensar que deben poseer riquezas a fin de poder dar con generosidad? ¿Por qué no animarles a mantener sus vidas con más sencillez y ser dadores aun más generosos? ¿No agregaría a su generosidad un fuerte testimonio de que Cristo, y no las posesiones, es su tesoro?




