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Nota del editor: 

La doctora Cornelia busca desarrollar recursos para suplir las necesidades de la mujer latinoamericana en el tema de la sexualidad. Si quieres apoyar el proyecto, considera apartar un momento del día para responder esta encuesta anónima.

“Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”, Génesis 1:27.

¿Has pensado alguna vez que el ser mujer es una expresión del propósito de Dios para ti? No eres mujer por accidente; ese y cada detalle de tu vida fue planificado de antemano por nuestro Padre bueno.

Dios creó seres humanos sexuados con el propósito de reflejar Su imagen en la creación. Él planificó que algo de Su naturaleza se mostrara a través de la sexualidad humana.

La Palabra nos enseña que Dios ve el final de la historia antes de que esta hubiera iniciado:

Acuérdense de las cosas anteriores ya pasadas,
Porque Yo soy Dios, y no hay otro;
Yo soy Dios, y no hay ninguno como Yo,
Que declaro el fin desde el principio,
Y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho.
Yo digo: ‘Mi propósito será establecido,
Y todo lo que quiero realizaré’, Isaías 46:9-10. 

Definitivamente, el hecho de que seas mujer no es casualidad. Tu sexualidad es importante. 

Si vives renegando de tu identidad sexual, no aceptando el diseño de Dios para ti, vivirás insatisfecha y sin propósito

El propósito de la sexualidad

El sexo determina el comportamiento, la forma física, e incluso la estructura del cerebro y la forma de pensar o ver la vida. Cuando hablamos de sexualidad, no debemos pensar solo en relaciones sexuales. Al crearnos sexuados, Dios tenía en mente algo mucho más amplio que el acto sexual.

La mujer y el hombre son diferentes, lo cual es evidente en sus cuerpos y en las capacidades físicas y emocionales de cada uno. Esto es útil para el servicio de la sociedad. Los varones tienen una contextura física con mayor musculatura, y pueden ejercer mayor fuerza. Las mujeres tenemos más habilidades relacionales y una inclinación al cuidado de los demás. Nuestros cerebros tienen estructuras diferentes, lo cual nos hace percibir la realidad y responder a ella de maneras distintas. Esta distinción nos permite servir en medio de la comunidad donde Dios nos ha colocado. 

Complementariedad: El hombre es líder y la mujer es ayuda idónea (Gn. 2:18; Ef. 5:23). Dios designó roles a cada sexo para llevar a cabo sus propósitos. Hombre y mujer, iguales en dignidad y diferentes en función para complementarse uno al otro (lo que debe evidenciarse de manera especial en el matrimonio). Desarrollar nuestro potencial no se trata de competir por demostrar quién es mejor; más bien tenemos la hermosa posibilidad de hacer equipo, ser complemento el uno del otro, mientras disfrutamos las diferencias y aprendemos a celebrarlas. 

Conexión: La relación sexual entre esposos produce un vínculo que trasciende a lo físico, involucrando el aspecto emocional y espiritual del ser humano (Gn. 2:24-25). La anatomía y funcionamiento de los órganos sexuales permite una conexión física natural, perfecta, y placentera entre los esposos. Esa experiencia genera y fortalece el vínculo marital. El matrimonio es una parábola que nos muestra la unión de Cristo con su Iglesia; esa unión eterna que en la mente de Dios ya se ha realizado (Ef. 5:29-32). Mientras nosotras esperamos con certidumbre la celebración de las bodas del Cordero, la unión matrimonial debe recordarnos cómo lucirá esto en la eternidad. 

Procreación: Dios dotó a cada sexo con características físicas que permiten funcionar de manera que, al unirse, puedan reproducirse y llenar la tierra, cumpliendo con el mandato que Dios entregó desde el principio de la creación (Gn. 1:28). Por separado, el hombre y la mujer no pueden reproducirse (y tampoco en uniones del mismo sexo). Dios planificó la necesidad de interdependencia mutua para la procreación. El producto de la concepción, los hijos, tiene componentes genéticos de ambos padres entremezclados. ¡Toda una maravilla! Sin la sexualidad esto no podría cumplirse. 

Estructura familiar como base de la sociedad: La masculinidad del esposo-padre le otorga características para ejercer su responsabilidad como líder siervo, proveedor, y protector. La feminidad de la esposa-madre, por su parte, tiene los dones que la hacen ayuda, cuidadora, y capaz para nutrir. Cuando cada miembro de la pareja modela correctamente su rol frente a sus hijos y la sociedad, cumplen el propósito de Dios y bendicen a la familia. Cuando estos roles son invertidos, las consecuencias son evidentes en la relación de pareja y el efecto nocivo en los hijos puede llegar muy lejos en el futuro. 

A través de tu sexualidad puedes descifrar buena parte del propósito de Dios en tu vida

Tu sexualidad no es un accidente

A Dios le importa tu sexualidad, ya que a través de ella puedes descifrar buena parte del propósito de Él en tu vida. Como mujer, es evidente que hay cosas que no estarán en la lista de prioridades de Dios para ti (por ejemplo, liderar el matrimonio o lucir y comportarte varonilmente). El sexo es el signo que caracteriza qué roles le corresponden a cada uno en interacción con el otro.

Tu sexo es parte crucial de tu identidad, y te acompaña hasta que salgas de esta tierra. No lo eliges, Dios lo hace; de hecho, lo hizo de antemano y sin equivocarse. Él sabe que el sexo que tenemos modifica la forma en que vemos la vida y respondemos a la misma. El Señor tomó eso en cuenta para crearte mujer, así como el que nacieras en el momento y en las condiciones en las que naciste. No hay nada improvisado. Todo se ajusta a un plan.

A Dios le importa tu sexualidad porque está incluida en Su plan para ti. Él espera que vivas tu vida mostrando Su gloria desde la feminidad con que te ha dotado, eso te dará plenitud. Lo contrario también es cierto: si vives renegando de tu identidad sexual, no aceptando el diseño de Dios para ti, vivirás insatisfecha y sin propósito.

Dios nos llama a vivir de manera congruente al sexo que Él planificó de antemano que tuviéramos. Esto alegra al Señor y nos bendice a nosotras. Te invito a unirte al propósito de Dios celebrando que eres mujer, mientras le sirves con gozo y contentamiento.

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