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Muchas veces le he pedido a Dios que cambie mi sufrimiento. He tenido noches sin dormir y dolores de estómago. He estudiado, buscado asesoramiento, hecho planes y seguido las mejores prácticas. He derramado el corazón en una oración tras otra, pidiéndole a Dios que me quite el dolor. He deseado que termine.

Me resulta fácil ver todo lo que me quita el sufrimiento, todo lo que me pierdo. Veo lo que he perdido. Pero es fácil dejar de ver lo que Dios me da en las pruebas.

Pero ¿que tal si el sufrimiento es más que lo que se nos ha quitado? La Biblia dice que en el sufrimiento y la debilidad se encuentra un gran gozo. ¿Cómo es esto posible? ¿Qué hay de bueno en nuestro dolor? Nunca experimentaremos este gozo si no reconocemos que algunos de los mayores regalos de Dios llegan en nuestros momentos más difíciles.

Dios nos acerca

En tu mejor día, lleno de todas las bendiciones de la buena vida, como la amistad, los banquetes y las canciones, es fácil olvidarse de Dios. Engullimos Sus dones y vivimos con autosuficiencia. Por esta razón, C. S. Lewis dijo: «Podemos ignorar incluso el placer. Pero el dolor insiste en que le pongamos atención. Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia, pero grita en nuestros dolores».

Dios usa tu debilidad para llevarte a una mayor dependencia de Su poder perfecto, a experimentar y disfrutar todo lo que Él es

A menudo solo vemos lo que nos quita el sufrimiento, pero perdemos de vista lo que Dios nos da. El sufrimiento se siente como una invasión, un intruso que nos roba lo que amamos y disfrutamos. Pero es más que una invasión; es una invitación personal de Dios. Él grita en medio de la tormenta para que nos acerquemos y estemos con Él.

Dios revela Su carácter

Has clamado a Dios para que cambie tu vida y Él no lo ha hecho. Pablo experimentó lo mismo. Le suplicó al Señor que le quitara su sufrimiento, y Dios le respondió a Pablo como a menudo nos responde a nosotros: «Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Co 12:9). Dios dice que no le dará a Pablo el don de la liberación, pero le dará algo más grande: la gracia de conocer Su presencia y Su poder.

Hay aspectos del carácter y el poder de Dios que nunca conoceremos si no experimentamos primero nuestra debilidad. Solo supe lo que significaba contar con Dios como mi Padre después de que mis padres se divorciaran. No habría sentido el consuelo de Dios como refugio si mi esposa y yo no hubiéramos enfrentado la infertilidad y múltiples abortos espontáneos. Nunca habría conocido la presencia fiel de Jesús como amigo si no me hubiera mudado a miles de kilómetros, dejando atrás a todos mis amigos y mi familia. No habría sabido lo que significa descansar en Su justicia si no hubiera sido calumniado. Nunca habría sabido que Dios es mi proveedor si no hubiera luchado por pagar las cuentas. No habría sabido lo que significa que Él conoce mi nombre sin la experiencia de sentirme inferior. No habría conocido la libertad del perdón si no hubiera visto mi propio pecado.

Mantenemos la confianza en que Dios es bueno y sabio, y que no nos ha abandonado, incluso cuando no lo entendemos

Dios quiere darte más que un simple conocimiento sobre Él; el Señor quiere que lo experimentes personalmente. ¿Puedes conocer la vida abundante del Pastor sin conocer primero el valle de sombra de muerte (Sal 23:4)? ¿Conoces toda la fuerza de la roca antes de que las olas se estrellen a tu alrededor? Dios usa tu debilidad para llevarte a una mayor dependencia de Su poder perfecto. A través de tu debilidad, el Señor te lleva a experimentar y disfrutar todo lo que Él es.

Dios nos fortalece

Pablo dice: «Con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. […] porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12:9–10).

«Gloriarse» aquí significa tener confianza y fe en Dios, independientemente de las circunstancias. Sé que es difícil. Los mayores dolores de mi vida han sido las oraciones sin respuesta. Sé quién Dios dice que es; lo creo. Pero no lo veo hacer lo que sé que Él puede hacer. He orado: «Señor, sé que tienes poder, así que actúa. Sé que escuchas mis oraciones, así que, por favor, respóndeme. Sé que me amas, así que, por favor, muéstrame Tu amor. Te he visto actuar en el pasado, en Tu Palabra y para otros. Entonces, ¿por qué no ahora? ¿Por qué no para mí?».

«Gloriarse» significa que mantenemos la confianza en que Dios es bueno y sabio, y que no nos ha abandonado, incluso cuando no lo entendemos, incluso cuando anhelamos que nuestras circunstancias fueran diferentes. Gloriarnos en Dios nos hace más fuertes porque dejamos de apoyarnos en nosotros mismos y en las esperanzas que nos fallan, y en cambio encontramos nuestra verdadera fuente de fortaleza y gozo en Él.

Todos vivimos con sufrimiento. Todos experimentamos la desaparición de lo que hemos amado y esperado. Quizá ahora mismo sientas esta infructuosidad y este fracaso. Pero el sufrimiento es más que algo que hay que «superar». Dios está haciendo un millón de cosas en tu sufrimiento, resolviendo innumerables detalles que nunca podríamos imaginar. No sabemos la mayor parte de lo que está haciendo, pero sí sabemos que, si le pertenecemos, el sufrimiento es un regalo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.

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