Muchas veces llamamos “mentoría” a lo que en realidad es dependencia, y mucha veces llamamos “consejo” a lo que en realidad es control.
Quizá por tu mente nunca ha pasado la idea de que alguien piadoso con el deseo de servir o de ser ministrado podría terminar en una relación de dependencia o de deseo de control. La verdad es que algo así en realidad puede suceder, y a menudo de forma inconsciente, como en piloto automático, producto de formas de actuar no redimidas, incluso sin mala intención.
En conversaciones con hermanas, me he encontrado varias veces con la frase: “tengo que preguntarle a mi mentora qué debo hacer”, con relación a decisiones simples del día a día o con toma de decisiones que están claramente descritas en la Biblia. Es evidente que la mujer en estos casos ha desarrollado una relación de dependencia con su mentora de forma tal que no sabe o no se atreve a dar un paso sin consultarlo con ella.
También he presenciado situaciones en el lado de las mentoras, frases como: “hasta que no te diga qué hacer, no des un paso”. Una expresión así denota un control extremo de parte de la mentora que, más que un deseo de cuidado, tiene un deseo de que las cosas se hagan como ella entiende que deben hacerse, sin dar espacio a la otra persona para que ore, piense, y actúe.
En estas maneras de actuar, ¿dónde queda la Palabra? ¿Dónde queda la guianza del Espíritu que mora en nosotras? ¿Dónde queda la afirmación de que Dios está en control?
No me malinterpretes. Está claro que la relación de mentoría es bíblica. Aunque las palabras “mentoría” y “mentor” no aparecen en la Biblia, muestran un concepto que vemos desplegado en ella. Relaciones como la de Moisés y su suegro, el sacerdote Elí y Samuel, Pablo con Tito y Timoteo, y nuestro Señor Jesús con sus discípulos, nos muestran esto.
La pregunta que debemos hacernos no es si la mentoría es bíblica o no. Más bien, debemos preguntarnos: ¿Cómo estoy ejecutando mi parte dentro de la relación de mentoría? ¿Deseo ser guiada o deseo sentirme dependiente? ¿Tengo el deseo de aconsejar bíblicamente o el de controlar? ¿Cómo puedo identificar o evitar caer en un tipo de mentoría no bíblica?
La relación de mentoría sana
En una mentoría sana, ambas partes deben entender en qué consiste esta relación de mentor y discípulo, y cuál es el objetivo a alcanzar.
El mentor es la persona que sirve como consejero o guía espiritual del discípulo, y éste a su vez es la persona responsable de aplicar el consejo en su vida para lograr el crecimiento espiritual deseado. El objetivo en esta relación es desarrollar en el discípulo un carácter más parecido a Cristo mientras que el mentor despliega un carácter como el de Cristo, ya que se supone que éste tiene cualidades dignas a imitar, como en el caso de los discípulos y el Señor Jesús (Mt. 16:24-26), o Pablo (1 Co. 11:1).
Déjame explicártelo mejor con la siguiente ilustración:
Un joven pianista fue a donde el famoso compositor, conductor, orador, y también pianista, Leonard Bernstein para pedirle que fuera su mentor. Bernstein le dijo: “Dime qué quieres hacer, y te diré lo que no estás haciendo”. Al analizar esta frase, te percatarás del profundo entendimiento que Bernstein tenía de la tarea de mentoría. El joven pianista inició el contacto y tenía una petición especial y no era que se le ayudara a ser un pianista famoso sino un mejor pianista, por lo que Bernstein le dijo: “Eres responsable de cómo toques y de practicar. Lo único que no podrás hacer por ti mismo es escucharte tocar como te escucharía un gran pianista, y eso es lo que puedo hacer y haré por ti”.
El mentor es un instrumento de confrontación que Dios usa para señalar al discípulo los puntos ciegos que existen en su caminar.
En ese sentido, la relación sana entre mentor y discípulo es aquella en donde el discípulo, al sentir su necesidad o al identificar un área de su carácter en donde quiere ser ayudado, busca la ayuda oportuna e identifica a la persona que quiere que lo ayude. El mentor es solo un consejero, un guía espiritual, un estimulador (Hch. 11:23), un confidente con propósito (He. 3:13), que le ayudará a ver más claramente las cosas a trabajar.
El mentor es el instrumento de confrontación que Dios usa para señalar al discípulo los puntos ciegos que existen en su caminar. Él solo da el consejo y deja que la persona ejecute lo aprendido. El mentor no es el responsable de “tocar y practicar”. Solo brinda el consejo, confía en que Dios está en control, y descansa en que el Espíritu Santo que mora en esa persona hará el resto.
Evaluando mi relación
Tomando lo anterior en cuenta, te invito a revisar el siguiente listado y, si en tu relación de mentoría ves alguna de estas señales, es probable que hayas caído en la dependencia o el control:
El discípulo se ha vuelto dependiente:
- Si no se siente seguro y confiado de tomar una decisión con base bíblica sin antes consultarle al mentor.
- Cuando, sabiendo que el paso a dar es bíblicamente correcto, necesita oír las palabras de afirmación de su mentor.
- Cuando procura imitar a su mentor y no a Cristo.
- Cuando la Palabra no es suficiente para convencerlo de lo que es correcto o no.
El mentor se ha vuelto controlador:
- Cuando toma control y supervisión total de la vida del discípulo de forma tal que exige constante rendición de cuentas en asuntos no relevantes o prioritarios.
- Cuando entiende que el consejo debe venir exclusivamente de él y no de otros consejeros o hermanos en la fe.
Una mentoría saludable es aquella en la que el mentor procura que la otra persona pueda tomar decisiones por sí solo dependiendo de la certeza de la presencia del Espíritu Santo en su vida y la guía de la Palabra de Dios. En una relación sana, el discípulo tiene claro que Dios es la persona a quien debe rendir cuentas constantemente. El Señor es quien discierne los pensamientos y sabe lo que hay en nuestras bocas aún cuando no haya salido palabra de ellas (Sal. 139:4; He. 4:12).
Amada hermana, si estas palabras te han hecho ver que estás en una relación de mentoría que no es saludable, no dudes en arrepentirte y comenzar a caminar de una forma que agrade a nuestro Señor. En el Señor Jesucristo, por su obra en la cruz, podemos encontrar la gracia y el perdón para volver a comenzar.


