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A veces olvidamos un importante hilo de anticipación mesiánica cuando leemos el Antiguo Testamento. Nos fijamos en el modo en que se prefigura a Cristo en la labor profética de Moisés, la labor sacerdotal de Aarón y la labor real de David, pero a veces pasamos por alto a las mujeres que prefiguran a Cristo.

Cuando la segunda persona de la Trinidad tomó carne humana, vino como hombre. Pero esto no significa que las figuras femeninas del Antiguo Testamento no puedan arrojar más luz sobre la obra multifacética de nuestro Salvador. Si estamos dispuestos a ver que un objeto inanimado como el tabernáculo prefigura el ministerio de Jesús, seguramente podemos ver que las mujeres creadas a imagen de Dios también lo hacen.

Las figuras femeninas del Antiguo Testamento pueden arrojar luz sobre la obra multifacética de nuestro Salvador

Considera tres ejemplos.

La salvación aplastante de Jael

Jueces 4 señala el lugar destacado de dos mujeres en la victoria que Dios obtiene bajo el mando de Barac. En primer lugar, Débora ofrece a Barac un consejo sabio y una reprimenda severa. El resultado es una batalla entre el israelita Barac y Sísara, comandante de los cananeos. Dios concede la victoria por mano de Jael, la mujer que clava una estaca de la tienda en el cráneo de Sísara. Dale Ralph Davis llama a esto una «salvación aplastante».

El golpe mortal de Jael en Jueces 4 es un eco de la promesa de Génesis 3:15 de que la cabeza de la serpiente sería aplastada. Las acciones de Jael prefiguran al Mesías, que aplastaría no solo la cabeza de un comandante, sino la del propio Satanás.

El amor incondicional de Rut

Cuando los pastores predican a través del libro de Rut, a menudo señalan que la redención de Rut por parte de Booz es un anticipo de la obra de Cristo. Yo también lo he predicado.

Pero Rut también prefigura a Jesús. Casi al final del primer capítulo, cuando la angustiada Noemí regresa a Belén, leemos uno de los discursos más conmovedores de la narrativa del Antiguo Testamento. Rut se aferra a Noemí (1:14) y dice:

No insistas en que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, yo iré, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú mueras, allí moriré, y allí seré sepultada. Así haga el Señor conmigo, y aún peor, si algo, excepto la muerte, nos separa (Rt 1:16-17).

La mayoría de los comentaristas señalan las acciones de Rut como un ejemplo de discipulado y devoción. Exhortan a sus lectores a seguir su ejemplo. Pero en las acciones de Rut también vemos el amor de Dios por los Suyos. El término hebreo traducido como «se quedó con ella» en el versículo 14 es el mismo que se utiliza en Génesis 2:24 para la unión del primer hombre y la primera mujer. Sugiere un vínculo estrecho e irrompible.

Dios nunca abandonó a Noemí. A pesar del desvío de su familia y del sufrimiento resultante, el amor de Dios permaneció constante. El apego de Rut a Noemí lo demuestra. El narrador de Rut quiere que veamos un eco del amor de pacto de Dios por Su pueblo.

Las acciones de Rut prefiguran el modo en que Cristo sostiene a Su pueblo. Aunque temamos que nuestra fe falle, Jesús promete que nadie nos arrebatará de Su mano (Jn 10:28). Aunque nos desviemos como la familia de Noemí y busquemos la salvación en otra parte, el amor de Cristo permanece constante. Nos agarra con firmeza y promete que nada nos separará de Su amor (Ro 8:38-39).

Las acciones de Rut prefiguran el modo en que Cristo sostiene a Su pueblo. Aunque temamos que nuestra fe falle, Jesús promete que nadie nos arrebatará de su mano

La mediación valiente de Ester

El libro de Ester no nombra a Dios explícitamente. ¿Cómo puede un libro así prefigurar al Mesías? Lo hace a través de su reina.

Ester actúa con valentía luego de escuchar la situación difícil de su pueblo y recibir el estímulo gentil de Mardoqueo. Toma su vida en sus manos al acercarse al rey sin ser invitada. Ester aboga por su pueblo, defendiendo su causa. De hecho, ella garantiza su seguridad a través de su defensa. Su éxito se basa en su estatus a los ojos del rey, que la amaba más que a todas las demás mujeres (Est 2:17).

Una lectura rápida de Hebreos o de la primera carta de Juan revela de inmediato los puntos en común entre las acciones de Ester y las de Cristo. En Hebreos, Jesús entra en el lugar santo para ser mediador en nuestro favor (Heb 9:11-15, 23-28). Está en la sala del trono celestial por su estatus, hablando en nuestro nombre (Heb 10:1-18). ¿No prefigura la mediación de Ester a la de Jesús?

Juan nos enseña que Jesús se presenta ante el Padre para abogar por nosotros para que no suframos el juicio debido al pecado (1 Jn 2:1). Ester, asimismo, se presentó ante el rey para abogar por su pueblo para que no sufriera la muerte a manos de Amán. ¿Acaso la defensa de Ester no prefigura el ministerio celestial del Mesías?

Las maneras en que el Antiguo Testamento anticipa al Mesías son tan variadas y multifacéticas que a menudo pasamos por alto su profundidad. Al igual que cuando contemplamos un cielo nocturno sin nubes y nuestros ojos ven más y más estrellas en la medida en que pasamos más tiempo mirando, también el hecho de detenernos a contemplar el Antiguo Testamento revela capa tras capa de anticipación mesiánica.

Disminuye la velocidad y busca más. Haz una pausa para mirar. Jesús es anhelado y anunciado de diversas maneras en el Antiguo Testamento. Que el Espíritu nos ayude a verlas todas, considerando también a las mujeres que prefiguran a Cristo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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