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Uno de los factores que nos ayuda a proseguir hacia la meta en nuestro caminar espiritual como discípulo de Jesús es la retroalimentación saludable: recibir ánimos, aliento y buenas correcciones de quienes te acompañan en el camino.

Por el contrario, si recibes críticas y juicios desmedidos, te desalientas, te desmotivas y, lo que es peor, crees que hay poco progreso en tu madurez espiritual. Esto, a su vez, alimenta un círculo vicioso que provoca más frustración y desánimo. A veces, eres tú mismo quien te crítica y menosprecia, convirtiéndote en tu peor enemigo y saboteador de tu crecimiento espiritual. O quizás reaccionas con más críticas severas a los demás.

Crecer y madurar como personas a la imagen de Cristo implica dar y recibir evaluaciones sanas y constructivas. La retroalimentación es una parte necesaria del discipulado cristiano.

El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo,
Pero el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento
El temor del SEÑOR es instrucción de sabiduría,
Y antes de la gloria está la humildad (Pr 15:32-33).

Sin embargo, a menudo, desconocemos cómo dar y recibir evaluaciones de forma que nos ayude tanto a nosotros mismos cómo a los demás. ¿Qué nos enseña la Biblia al respecto?

Recuperando la evaluación saludable

El mal uso de la evaluación ha provocado mucho dolor innecesario que paraliza, penaliza e incapacita a las personas para servir en el reino de Dios. También ha provocado que muchos le teman a las instancias de retroalimentación, por lo que la evitan y esto genera estancamiento espiritual.

Por lo general, las personas tendemos a fijarnos en los aspectos negativos de los demás y los verbalizamos, mientras que obviamos y callamos los positivos. Además, nos ceñimos a resaltar aspectos subjetivos centrados en preferencias, en lugar de mencionar los aspectos objetivos basados en los estándares bíblicos. También tendemos a emitir juicios sin compasión, en lugar de usar la evaluación como una herramienta para el aprendizaje y el cambio.

El elogio, si se hace bien, nos alienta a seguir adelante, no a ocupar el lugar que solo merece el Señor

A pesar del mal uso, quiero animarte a recuperar el valor crucial de la evaluación para nuestras relaciones de discipulado cristiano, adoptándola como parte esencial de nuestro aprendizaje y como herramienta que aporte a nuestro camino de transformación espiritual.

Con este fin, me parece que la historia de Jetro y Moisés (Éx 18) nos ofrece varios principios fundamentales que nos pueden ayudar a aprender a evaluar de forma que nos edifique a nosotros mismos y a los demás. Veamos cuatro aspectos que forman parte de una buena relación de discipulado.

1. Lugar para la escucha

Cuando Jetro escuchó todas las maravillas que Dios había hecho por el pueblo de Israel, sacándolos de Egipto, decidió emprender un viaje para visitar a Moisés, su yerno (Éx 18:1-7). Lo primero que observamos es que, en cuanto se reúnen, Moisés le cuenta a Jetro todo lo que el Señor ha hecho en su favor. Jetro recibe con agrado e interés esta confidencia, ofreciendo a su yerno un espacio seguro para que pueda derramar su corazón. El relato nos deja ver que fue una buena charla, de escucha atenta y buenas preguntas. ¡Debió ser una conversación larga!

El respeto y la buena relación que vemos entre Jetro y Moisés nos recuerdan que, para poder ganarnos el derecho a hablar con las personas, debemos ser capaces de practicar una escucha activa: leer entre líneas, preguntar para saber más o aclarar dudas y mostrar interés genuino. Así ganaremos su confianza, respeto y estima.

2. Lugar para el elogio

Cuando Jetro escuchó todo lo que Moisés le había contado, respondió con un bombardeo de elogio y alabanza. Pero es importante observar que, si bien Moisés seguro que se sintió muy alentado por esta reacción, Jetro dirigió su alabanza a Dios, convencido por el testimonio de que Él es más grande que todos los dioses (vv. 10-11). ¡Qué testimonio más poderoso! Al alabar a Dios, el hacedor de los prodigios, Jetro también alienta a Moisés.

Somos, ante todo, instrumentos en las manos de Dios. No debemos olvidar este hecho. Toda instancia de evaluación debe tener lugar para el elogio y este, si se hace bien, nos alienta a seguir adelante, no a ocupar el lugar que solo merece el Señor. Cuando le damos la gloria a Dios en todo, practicamos la humildad y deshinchamos nuestros egos.

3. Lugar para la observación

Al día siguiente, tras el descanso, Moisés retomó su labor como juez para resolver los conflictos del pueblo. Su suegro Jetro, movido por el poderoso relato del día anterior, le acompaña y se toma todo el tiempo necesario para observarle. Este periodo de observación perspicaz intermedio será crucial para el futuro de su yerno.

Del mismo modo, una evaluación sana y constructiva se alimenta de una observación sosegada y sopesada. Es necesario entender bien las circunstancias y valorarlas con sabiduría y discernimiento. Así nos protegemos de emitir juicios rápidos, de reacciones emocionales y no razonadas o de hacer comentarios impulsivos y distorsionados.

4. Lugar para la evaluación

Tras de todos estos pasos, Jetro está preparado para actuar como consejero y ayudar a su yerno. En primer lugar, le hace preguntas para invitar a Moisés a asumir su responsabilidad y evaluar la situación por sí mismo (v. 14). Estas preguntas también le permiten a Jetro asegurarse de que ha entendido bien la situación. En segundo lugar, Jetro le ofrece a Moisés una visión de la raíz del verdadero problema: «Con seguridad desfallecerás tú, y también este pueblo que está contigo» (v. 18).

Con este análisis, Jetro demuestra un genuino amor e interés por el bienestar de su yerno. No solo tiene en cuenta las cuestiones prácticas, sino también los sentimientos. Este bienestar es básico para un servicio eficaz al pueblo.

Si queremos evaluar a otras personas, debemos ser los primeros en estar dispuestos a recibir evaluación

En tercer lugar, su consejo está supeditado a que Moisés dependa del Señor. Es decir, Moisés puede aplicar todos los consejos del mundo, pero sin la perfecta dependencia en Dios, aquel que ya ha cumplido tantas maravillas y le rescató de Faraón, no hay garantías de éxito.

El relato termina de forma hermosa: Moisés decide aceptar y aplicar el consejo de su suegro. Moisés se sintió más comprendido, animado y equipado, y eso le ayudó a aceptar el consejo de su suegro. Seguramente Jetro se quedó para ver a Moisés dar sus primeros pasos en una dirección mejor y más saludable, y celebraron antes de su partida.

Un modelo bíblico

En el Nuevo Testamento vemos que Jesús practica estas mismas disposiciones con Sus discípulos. No solo los envía a predicar, sanar enfermos y expulsar demonios, sino que también los reúne para que le cuenten todo lo ocurrido, en un espacio seguro (Lc 9:1-2, 10). En estos espacios habría mucha escucha, preguntas y consejos y, quizás, alguna reprimenda, como diferentes relatos de los evangelios nos dejan ver.

De esta manera, la Biblia nos guía a un modelo: instancias de retroalimentación saludables que ayudan a crear una cultura de discipulado donde la norma sea animar y construir en lugar de criticar y juzgar.

Si queremos evaluar a otras personas, debemos ser los primeros en estar dispuestos a recibir evaluación. Mostrar vulnerabilidad es la mejor forma de generar confianza e imitación. Sin embargo, también debemos aceptar que, por un lado, no siempre es nuestra responsabilidad evaluar a ciertas personas y, por otro lado, que no todo el mundo, por mucho que ofrezcamos un lugar seguro, estará dispuesto a ser evaluado. En cualquier caso, debemos dejar a esas personas en las manos de Dios y confiar en que Él está a cargo.

Estoy profundamente convencida de que nuestro empeño en crear una cultura de evaluación sana, a la luz de lo que Jesús hizo por nosotros en el evangelio, nos llevará a un mayor crecimiento y madurez espiritual en nuestras iglesias locales, ministerios, organizaciones cristianas y en todo espacio de relaciones entre creyentes.

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