¿Cómo lidiar con los coqueteos en el trabajo?

Cuando llegas al trabajo sabes que probablemente te vas a encontrar en medio de un intercambio de palabras, actitudes, o miradas coquetas entre tus compañeros. Y tal vez tú mismo has sido parte de esto, y te has sentido culpable y confrontado por Dios al reconocer que no te condujiste como es digno de un hijo suyo. Luego intentas justificar tus acciones con el fin de apaciguar tu conciencia y sentirte un poco mejor.

Si has estado en una situación como esta, o si piensas que algo así jamás te pasará a ti, te invito a considerar tres verdades que te ayudarán a entender qué hay detrás del coqueteo y cómo lidiar con ello.

1. El coqueteo es jugar con fuego.

Cada vez que la Biblia habla del coqueteo fuera de una relación matrimonial, lo hace advirtiéndonos de su peligro.

Lo que puede parecer sutil y pequeño al inicio, pronto te puede llevar a la más grande destrucción. Recuerda que esta es la misión de Satanás, y no descansará hasta lograrlo (Jn 10:10a).

Cada vez que la Biblia habla del coqueteo fuera de una relación matrimonial, lo hace advirtiéndonos de su peligro. El autor de Proverbios nos exhorta a valorar la enseñanza bíblica acerca del coqueteo inapropiado, que trae daño a nuestra relación con Dios y con los demás (6:24-26; 7).

Como cristianos, debemos cuidar de manera radical nuestra pureza sexual, y guardarnos de lo que decimos, lo que hacemos, y lo que insinuamos. Evita participar en interacciones que no traen gloria a Dios, y que te impiden predicar la gran verdad de que “Jesús ha venido para que tengamos vida, y para que la tengamos en abundancia” (Jn. 10:10b).

2. El coqueteo es un obstáculo para el evangelismo.

Si somos creyentes arrepentidos, y si Cristo nos ha redimido, entonces nuestra prioridad debe ser que otros lo conozcan también. Debemos compartir el mensaje del evangelio con nuestras palabras, pero la manera en que nos comportamos va de la mano con nuestro mensaje. Dios usará nuestra integridad para hacer brillar la luz de la salvación en los lugares oscuros donde trabajamos.

Usemos la armadura de Cristo, su Palabra, la oración, y el ayuno para pelear contra el deseo de ser vistos, aplaudidos, y vernos atractivos ante otros. Dejemos que Dios reemplace nuestro temor de querer ser aceptados por los hombres, con el temor de Dios, el cual desea agradarle y vivir para nuestro Señor y Salvador.

Este intercambio es una obra del Espíritu Santo, únicamente posible cuando nos rendimos a Él, aun en las circunstancias más difíciles. Esta rendición será un paso de obediencia que traerá mucho fruto.

3. El coqueteo es la ausencia de límites en nuestras relaciones.

El coqueteo puede parecer algo inocente para muchos, pero ¿a dónde nos puede llevar una relación en donde se han perdido los límites de respeto entre un hombre y una mujer?

Cuando ponemos límites de manera sabia y saludable, Dios es glorificado.

Muchas veces pensamos erróneamente que poner límites en nuestras relaciones del día a día resulta en una actitud tosca o antisocial. Pero cuando ponemos límites de manera sabia y saludable, Dios es glorificado. Él nos llama a huir del pecado sexual (2 Ti. 2:22). Así que, al saber que el pecado sexual puede comenzar sutilmente a través de conversaciones y coqueteos, debemos detenernos antes de que suceda, e incluso cuando vemos que ya está sucediendo.

El autor de Proverbios nos exhorta a no ser arrogantes al minimizar nuestro comportamiento, sino más bien a ser diligentes, en dependencia del Señor, para apartarnos del mal a toda costa (Pr. 14:16).

Es mi oración que tu vida refleje a Cristo en el trabajo y en cualquier lugar donde encuentres la tentación a pecar, y que pongas límites sabios y amorosos con la gente que te rodea. Estos parámetros no son egoístas, ni orgullosos, sino más bien demuestran el amor de Cristo al proteger el corazón de otros, y el nuestro, de deshonrar a Dios (Stg. 4:7). Necesitamos de la fuerza y sabiduría divina para dirigir nuestros pasos, y así, en lugar de amoldarnos al mundo, seremos de impacto con nuestra pureza en palabra y conducta.


Imagen: Lightstock.
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