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“Pero los Fariseos y los intérpretes de la ley (expertos en la Ley de Moisés) rechazaron los propósitos de Dios para con ellos, al no ser bautizados por Juan” (Lucas 7:30).

En el capítulo 7 del evangelio según Lucas, vemos al Señor yendo por diversos lugares sanando y predicando el evangelio. Aquí lo vemos afirmar el ministerio de Juan al conectar su llamado a arrepentirse, pero también llamando a la gente a creer en Él como el Mesías.

El pasaje dice que, “Al oír esto, todo el pueblo y los recaudadores de impuestos reconocieron la justicia de Dios, y fueron bautizados con el bautismo de Juan” (v. 29). Esta es la obra del Espíritu trayendo convicción al llevar a las personas a, como dice este versículo, “reconocer la justicia de Dios”.

Sin embargo, y a pesar de estar cerca de la obra de Dios, puede haber otra respuesta completamente diferente. El versículo de hoy dice que los intérpretes de la ley, en contraste al pueblo y los recaudadores de impuestos, “rechazaron los propósitos de Dios para ellos”. 

Y es que Pablo, en su carta a los Efesios, nos habla de dos tipos de justicia: nuestra justicia y la que procede de Dios. Nuestra propia justicia viene de confiar en nuestro récord para estar bien con Dios. Es confiar en nuestras obras y medida de rectitud ante los demás que nos pone sobre ellos, y que espera el reconocimiento y afirmación de Dios mismo.

Esto es “rechazar los propósitos de Dios”, pues Él ha provisto un “camino mejor” para nuestro bien. Nunca podríamos por nuestras propias fuerzas, por más que lo intentáramos, llegar a la luna brincando. Así de imposible es ganarnos la salvación siendo lo suficientemente justos para estar bien ante el Dios perfecto y santo.

Nuestro problema, como Lucas apunta en su evangelio al describir a otro experto intérprete de la ley, es querer justificarnos a nosotros mismos (Luc. 10:29).

Las buenas noticias para ti y para mí son que podemos recibir por Dios mismo la justificación necesaria a través de la aplicación del récord perfecto de Jesús, al poner nuestra confianza y esperanza solo en Él. “[Y] ser hallado en El, no teniendo mi propia justicia derivada de la Ley, sino la que es por la fe en Cristo (el Mesías), la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe” (Flp. 3:9).

Su provisión a través de su obra de redención en la cruz por nosotros es lo único que nos puede hacer estar bien con Dios. Ser “hallados en Cristo” nos pone en posición para poder experimentar las bendiciones espirituales de Dios para los suyos en las implicaciones prácticas del evangelio; bendiciones como la libertad de ya no tener que buscar justificarnos ante los demás. 

Piensa en esto y encuentra tu descanso en Él.


Imagen: Lightstock.
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