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Dime lo que cantas y te diré quién eres. Dime qué canciones se eligieron cantar en tu iglesia el domingo pasado (y en qué orden se cantaron) y te diré a qué tipo de iglesia asistes.

Aunque estas frases son exageradas, el punto que buscan demostrar es verídico: La música que cantamos cuando nos reunimos como iglesia nos moldea tanto como la predicación que escuchamos.

El reformador Martin Lutero entendió muy bien el poder que la música tenía para moldear a la iglesia y dijo que «la música es uno de los dones más bellos y gloriosos de Dios, del cual Satanás es un enemigo acérrimo, y con ella se ahuyentan muchas tribulaciones y malos pensamientos… la música es un don divino, estrechamente ligado a la divinidad [es decir, al estudio de la teología]».

Lo que cantamos llena nuestra mente de la Palabra de Dios y del evangelio de Cristo o la distrae de aquello que nuestra alma más necesita. En este sentido, cada canto entonado es un acto de discipulado. Por todo esto, es crucial que los pastores y líderes, llenos de la Escritura, estén involucrados en la selección de aquellos himnos y canciones que moldearán la teología y espiritualidad de la congregación.

Los siguientes consejos sirven como guía a todo líder que busque edificar a su iglesia en la selección sabia de canciones dominicales:

1. Los cantos deberían ser congregacionales

Debemos comenzar por entender que la reunión dominical no es un servicio «para mí», sino una convocatoria de Dios a todos los miembros de Su iglesia para que se reúnan como familia a ofrecer una adoración aceptable a Él.

Por lo tanto, la adoración es un momento congregacional en lugar de individual, más enfocado en ministrarnos unos a otros con las verdades bíblicas centradas en el evangelio que en presenciar algo que me complazca.

Los cantos congregacionales usualmente poseen las siguientes características:

  • Contenido centrado en Dios, la Biblia y el evangelio. Esto ayuda a que sea un servicio de adoración.
  • Un ritmo musical que no cambia constantemente. Su naturaleza recurrente hace que todos —niños, adultos y ancianos— puedan seguir el cántico con facilidad.
  • Tonos musicales amigables que puedan cantar todo tipo de personas. Por lo general, no se exceden en arreglos dónde un individuo pueda exhibir sus habilidades musicales individuales, sino que se mantiene en una «modestia musical» que incluye a todos.
  • Un enfoque en el mensaje que se está comunicando a través de la letra. Invita a la iglesia a meditar en verdades profundamente cristianas y lleva a los incrédulos a meditar en el significado de esas verdades.

Una iglesia bíblica está marcada por la entonación grupal de salmos, himnos y cánticos espirituales ricos en la teología de la Biblia: «Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones» (Col 3:16).

2. Los cantos deben poseer un contenido bíblico y teológico sustancial

Aunque se ha vuelto una práctica común, la iglesia no debería acostumbrarse a entonar cantos vacíos de teología cristiana, los cuales solo repiten frases generales aplicables a cualquier religión. Por ejemplo, son frecuentes los mantras espirituales ambiguos del estilo: «Ven aquí, te recibimos», «Quiero perderme en tu presencia para siempre», «Me rindo, me entrego, me postro».

Frases como estas se repiten una y otra vez por varios minutos, llenando a la congregación de emoción, pero ¿qué dicen? Muchas de ellas podrían ser cantadas por musulmanes, hindúes, budistas o testigos de Jehová sin ninguna incomodidad. Cuando una iglesia prioriza de manera regular canciones de este estilo, se desnutre de la verdad que le da vida.

Una canción no es buena para la iglesia solo por tener un ritmo pegadizo o una melodía inspiradora, sino porque edifica mediante la verdad bíblica

Sin embargo, himnos y canciones como «Santo, Santo, Santo», «Ante el trono celestial» o «Mi vida es Cristo» serían imposibles de cantar para personas de otras religiones sin ser confrontados con la esencia de la fe cristiana. De eso se tratan las canciones ricas en la Palabra de Dios.

Por eso es recomendable que los cantos busquen exponer algún pasaje o doctrina bíblica para la edificación de la iglesia. Los himnarios son de gran ayuda porque usualmente categorizan sus canciones por este tipo de temas: doctrina de Dios, Trinidad, Cristo, Espíritu Santo, doctrina de la salvación, doctrina de la iglesia, gloria eterna, etc.

Una canción no es buena para la iglesia solo por tener un ritmo pegadizo o una melodía inspiradora, sino porque edifica mediante la comunicación de la verdad bíblica. «¿Qué hay que hacer, pues, hermanos? Cuando se reúnan, cada cual aporte salmo, enseñanza, revelación, lenguas o interpretación. Que todo se haga para edificación» (1 Co 14:26). La edificación es la meta de todo lo que se hace el domingo en la iglesia, incluido el canto congregacional.

3. Los cantos deberían provenir de una fuente confiable y no controversial

Las canciones que cantamos discipulan a la iglesia y les apuntan a los maestros cristianos que las compusieron. En la historia del cristianismo los cantos jugaron un rol importante en los debates teológicos. Cuando el obispo Arrio, en el siglo IV, escribió una canción para enseñar su herejía que negaba la divinidad plena del Hijo, muchos predicadores contrarrestaron el arrianismo creando otros cantos que capacitaban al pueblo con la sana doctrina sobre la persona de Jesucristo.

Aunque Arrio hubiera compuesto otros cánticos sin errores doctrinales sobre otros temas, no por eso los predicadores sanos habrían usado esas canciones en sus reuniones dominicales. Ellos sabían que el pueblo sería atraído al compositor y a toda su enseñanza, por lo que debían tener mucho cuidado.1

Traslademos este principio de prudencia a nuestros días. ¿Qué deberíamos hacer cuando grupos con ética, teología y prácticas corrompidas producen algunos cantos sanos y hermosos? Mi consejo pastoral, para tu consideración, es que deberíamos proteger a la iglesia y no guiarla hacia un camino peligroso.

Debemos tener temor y temblor de guiar a nuestros hermanos menos maduros hacia ministerios de falsos maestros que predican fuertes desviaciones del cristianismo bíblico. Recordemos lo que dijo el Señor: «Cualquiera que haga pecar a uno de estos pequeñitos que creen en Mí, mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y lo hubieran echado al mar» (Mr 9:42). Sin embargo, esta es una cuestión delicada y se debe introducir con gracia, paciencia y cuidado a la iglesia y su liderazgo.

4. Los cantos deberían aportar a alguna sección del servicio en particular

El servicio dominical se beneficia de contar con un orden específico, diseñado para encarnar el mensaje del evangelio de principio a fin. Pasajes bíblicos, como Isaías 6, ilustran un progreso en la adoración.

Cualquiera que sea el orden establecido en tu iglesia para guiar a la congregación hacia Cristo cada día del Señor, los cantos congregacionales que se elijan deben ayudar o alinearse con alguna de las secciones del servicio que han establecido. Por ejemplo, en mi iglesia usamos los cantos para apoyar los siguientes propósitos:

  1. Llamado a adorar: se podría iniciar el culto con un canto alegre que convoca al pueblo de Dios a brindar alabanza al Señor: «Vengan, cantemos con gozo al SEÑOR» (Sal 95:1).
  2. Acercamiento a Dios: canciones que nos recuerden que Dios es el enfoque de la reunión y no nosotros. Usualmente, se eligen cantos que enfatizan Sus perfecciones y Sus obras.
  3. Proclamación de la salvación en Cristo: siempre debemos entonar himnos y canciones que nos prediquen el evangelio con precisión y poder, recordándonos que podemos acercarnos a Dios solo por la sangre de Cristo. Nos ayudan a meditar en la salvación que hay solo en Cristo, solo por gracia mediante la fe.
  4. Preparación para la predicación de la Palabra: es recomendable cantar un ruego a Dios que prepare a la congregación para poner toda su atención a la exposición de la Biblia.
  5. Conclusión del servicio en respuesta a la Palabra: es recomendable responder en cantos de adoración, ruego o gratitud, como consecuencia natural al mensaje predicado.

Una tarea sagrada

Elegir los cantos del domingo es una tarea sagrada, seria y con consecuencias eternas. Lo que cantamos moldea lo que creemos y lo que creemos determina cómo vivimos. Por eso debemos escoger cada canto con oración, estudio bíblico, discernimiento y amor por la iglesia; no por la moda del momento.

Que nuestras voces se unan cada semana no para entretenernos ni simplemente para «expresarnos», sino para proclamar con claridad y belleza las glorias del evangelio de Cristo.


1. Bruce L. Shelley, «Church History in Plain Language, Fourth Edition», (Nashville, TN: Thomas Nelson, 2013), 107-08.
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