De manera general, podemos decir que las personas tenemos cuatro contactos con el dinero:
- La forma en la que lo adquirimos.
- La forma en la que lo gastamos.
- La forma en la que lo damos.
- Y los sentimientos que nos producen los tres puntos anteriores.
¿Por qué digo esto? Porque la Palabra nos advierte que «la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores» (1Ti 6:10), y esto se evidencia en cómo entendemos nuestra forma de adquirir, gastar y dar.
Amar el dinero es un sentimiento pecaminoso que nos llevará a la ruina, y una de las primeras decisiones que produce ese amor equivocado es dejar de dar y ofrendar.
Por lo tanto, es muy importante ofrendar, pues dar es una estrategia que Dios nos ha concedido para librarnos de amar el dinero. Asignar ofrendas en nuestro presupuesto librará a nuestro corazón de este sentimiento idolátrico y mantendrá nuestra mente sobria para confiar en la obediencia a Dios. Esto es muy importante porque ignorarlo puede llevarnos a extraviarnos de la fe, como Pablo le advirtió a Timoteo.
En otro artículo señalé la importancia de priorizar ofrendas de diversos tipos, por lo que en esta ocasión quiero compartir tres consejos sencillos sobre cómo incluir ofrendas para la iglesia local en nuestro presupuesto familiar. Pero antes de eso, quisiera resaltar que ofrendar también evidencia un corazón agradecido y lleno de contentamiento.
Un ejemplo de dar alegre y generoso
El rey David mostró un corazón agradecido y lleno de contentamiento cuando oró después de recolectar una ofrenda voluntaria para la construcción del templo: «Oh SEÑOR, Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificarte una casa para Tu santo nombre procede de Tu mano, y todo es Tuyo» (1 Cr 29:16).
Me impresiona cómo un pueblo entero dedicó ofrendas generosas, mostrando su compromiso de dar más de lo habitual (vv. 6-9). Además, David demuestra alegría y adoración a Dios, cuando reconoce: «Toda esta abundancia… procede de Tu mano, y todo es Tuyo» (v. 16; cp. vv. 10-14).
Si recordamos que todo le pertenece al Señor nos libraremos de la obligación y ofrendaremos por gratitud y amor
Esta iniciativa de dar comenzó con Dios, quien capacitó el corazón del pueblo para dar aquello que Él les concedió de manera material. Dios produjo el querer como el hacer en Su pueblo para dar estas ofrendas. Aunque las Escrituras no nos dicen por cuánto tiempo asignaron esta ofrenda para entregarla, creo que el hecho de que se hable de «esta abundancia que hemos preparado» muestra que requirió un tiempo amplio y un esfuerzo constante para llegar a la meta. Algo que también se requiere cuando se ofrenda para la iglesia local.
Dando para la iglesia local
Las ofrendas que damos en nuestras iglesias locales tienen el propósito de cubrir las necesidades e iniciativas que la congregación tiene por delante. El liderazgo eclesiástico proyecta cómo se deben emplear con sabiduría esas ofrendas regularmente. Pero es fundamental que nosotros, como miembros de nuestra iglesia local, contemos con un apartado de ofrendas dentro de nuestro presupuesto familiar que nos permita proveer para estas necesidades.
Por eso quiero compartirte estos tres consejos sencillos para que los tengas en cuenta. Al mismo tiempo, recuerda que de este modo aprendemos a dar con un corazón agradecido y lleno de contentamiento, mientras también nos cuidamos del amor al dinero.
1. No ofrendes por simple obligación.
Si ofrendamos solo por obligación, lo estamos haciendo con la motivación incorrecta y nos hemos alejado de la alegría de honrar a Dios. Pero si recordamos que todo le pertenece al Señor nos libraremos del mero sentir de la obligación y responderemos en gratitud y amor.
Por eso, antes de ofrendar pregúntate: «¿Estoy ofrendando solo por obligación?». Si tu respuesta es sí, ¡detente! Necesitas ir con Jesús, ser muy honesto y decirle: «Señor, estoy ofrendando por la motivación incorrecta, pero quiero renovar mi entendimiento porque deseo tener la experiencia de dar con gratitud y amor». Además, haz de Filipenses 2:13 parte de tu petición: «Señor, obra en mí tanto el querer como el hacer, por Tu buena voluntad».
2. Asigna una cantidad determinada y constante.
Pensemos una vez más en el pueblo de Israel cuando ofrendaron para el templo. Me imagino que cada familia asignó una cantidad determinada y constante para llegar a la abundancia que David menciona. También Pablo instruyó a las iglesias a apartar una cantidad semanal para enviar una ofrenda para los hermanos en necesidad (1 Co 16:1-2). Así que, asigna una cantidad determinada para cada domingo y dala de forma constante durante todo el año, para que esto sea una dinámica que busque honrar a Dios y no una carga.
La manera en que manejemos nuestras finanzas revelará la intencionalidad de nuestro corazón
Ahora alguien podría preguntar: «¿Siempre debe ser la misma cantidad?». Esto no está determinado en las Escrituras, pero sí podemos entender lo siguiente: puesto que Dios es un dador alegre —pues nos ha dado a Su Hijo (Ro 8:32)—, podemos imitarlo en dar y hacerlo con alegría (2 Co 9:7). Dios no deja de dar y siempre lo hace con una abundancia singular; por lo tanto, te animo a establecer en tu corazón determinada cantidad constante y asigna una fecha en la que puedes incrementar esa cantidad.
3. Coloca a las ofrendas en el primer lugar de tu presupuesto familiar.
Este punto posiblemente suene muy básico, pero no lo es. Por el contrario, es uno muy intencional. Generalmente, «lo urgente» es lo primero que atendemos y dejamos a un lado «lo importante», o incluso lo olvidamos. Entonces, para que no te suceda ninguna de las dos, comienza tu listado de presupuesto con este primer rubro: «Ofrendas».
Necesitamos recordar que somos capaces de amar el dinero, pero que hemos resuelto dar. La manera en que manejemos nuestra finanzas siempre revelará la intención de nuestro corazón.
Da y que Dios sea glorificado
Como hijos de Dios estamos siempre bajo el escrutinio de la sociedad en la que vivimos. Nuestra fe siempre será confrontada con la congruencia entre nuestros actos públicos y privados. Por lo tanto, te animo a que sea un gozo para ti, como lo fue para el pueblo de Dios al inicio de la construcción del templo, dar para tu iglesia local y experimentar la alegría de hacerlo mientras Dios es glorificado.
Recuerda: ofrendar es la evidencia de un corazón agradecido y lleno de contentamiento, que tiene su amor en Dios y no en el dinero.



