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Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de Soltero por ahora: La búsqueda del gozo en la soltería y el noviazgo (Poiema Publicaciones, 2018), por Marshall Segal. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

Quizá la tentación más grande en la soltería es asumir que el matrimonio saciará nuestras necesidades, arreglará nuestras debilidades, organizará nuestras vidas, y desatará nuestros dones. Lejos de ser la solución, Pablo parece pintar el matrimonio como un problemático Plan B para la vida cristiana y el ministerio (1 Co 7:6-8). Cásate si debes hacerlo, pero te advierto que seguir a Jesús no es más fácil cuando te unes a otro pecador en un mundo caído. Aunque el matrimonio puede traer gozo, ayuda, y alivio en ciertas áreas, multiplica inmediatamente las distracciones, porque pasamos a ser responsables por otra persona —sus necesidades, sus sueños, y su crecimiento. Este llamado es sublime y bueno, pero es demandante y nos alejará de muchas otras cosas buenas.

Si Dios te permite casarte, nunca más tendrás un tiempo como el que tienes ahora. Una temporada de soltería no es las ligas menores del matrimonio. Tiene el potencial de ser una temporada única de devoción a Cristo y de ministrarle a otros sin restricciones. Con el Espíritu en ti y el calendario despejado, Dios te ha dado los medios para hacer una diferencia duradera en su Reino. Tienes toda bendición espiritual en los lugares celestiales (Ef. 1:3), así que estás listo para salir hacia donde Dios quiere que le sirvas.

¿Pero a dónde voy y qué hago? No puedo responderle eso a todos, pero a continuación hay cinco lecciones que pueden ayudarte a cambiar el mundo (o al menos la pequeña parte donde vives) mientras no te hayas casado. Con la ayuda y dirección de Dios, tienes la libertad de invertir tu tiempo, tus recursos, tu juventud, y tu flexibilidad en relaciones, ministerios, y causas que pueden llevar mucho fruto —de vivir como un soltero que está satisfecho y que ha sido enviado.

1. Recuerda que la verdadera grandeza suele verse como debilidad

Cuando Jesús finalmente le explicó a sus discípulos qué tipo de rey era Él —lo que realmente significaba ser verdaderamente grande— les dijo: “El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará” (Mr. 9:31). ¿Cómo respondieron ellos? Se fueron discutiendo quién de ellos era el mayor (Mr 9:34). En lugar de escuchar a Jesús cuando hablaba de su muerte y redefinía la grandeza en términos de sacrificio —en términos de ser el último por amor— ellos peleaban por ser el mayor. De acuerdo a Jesús, el mayor no aparentaría ser mayor. De hecho, la verdadera grandeza frecuentemente se ve como debilidad, derrota, e incluso muerte.

Si aspiramos a la grandeza, tenemos que entregarnos a esas necesidades pequeñas y cotidianas que nos rodean, y que suelen ser pasadas por alto.

La mayor parte del tiempo, en lugar de perseguir la grandeza a través del sacrificio, me encuentro esperando que Dios haga que mi vida sea un poco más cómoda, que mis relaciones sean un poco más fáciles, o que mi ministerio sea un poco más fructífero. Pero, en lugar de ello, Él dice: “Pero entre ustedes no es así, sino que cualquiera de ustedes que desee llegar a ser grande será su servidor, y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos” (Mr. 10:43-44). Los siervos de este mundo gobernarán el próximo. Los esclavos de este mundo serán reyes para siempre. La verdadera grandeza no es del tipo que aparece en letras grandes en nuestro sitio web favorito. Si aspiramos a la grandeza, tenemos que entregarnos a esas necesidades pequeñas y cotidianas que nos rodean, y que suelen ser pasadas por alto.

2. Toma en cuenta a las personas que Dios ya ha puesto a tu alrededor

Dios te puso en el planeta y en tu sector para que tú y todas las personas en tu vida puedan buscarlo a Él. Esa es la misión que Dios te ha asignado en tu edificio, tu vecindario, o tu campus universitario —donde sea que vivas, estudies, o trabajes. Pablo dice que Dios “de un solo hombre hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios. Esto lo hizo Dios para que todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren” (Hch. 17:26-27 NVI).

Dios ha determinado nuestro lugar de residencia —nuestro hogar, en nuestro vecindario, en nuestra ciudad— para que lo busquemos y ayudemos a otros a que hagan lo mismo. A veces, Dios nos utiliza para convertir a alguien a través de una breve interacción con un extraño en el gimnasio o en una cafetería. Pero la forma más común de discipulado es las amistades, y estas requieren de algún interés, hobby, o espacio común —un lugar donde los caminos se crucen. Incluso el apóstol Pablo, que siempre estaba viajando, encontró tiempo para esa clase de relación, evangelismo, y discipulado personal (1 Ts. 2:8). Piensa en las personas que Dios ya ha puesto en tu vida, como sea que las haya puesto ahí, y haz lo que sea para animarlas a buscar a Jesús.

3. Practica la abnegación mientras estés soltero

“No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás” (Fil. 2:3-4 NVI). Será más difícil practicarlo durante el matrimonio, así que practica ahora. Debemos pensar en algunas personas o familias a quienes podamos servir en nuestra vida de solteros. Nadie espera que cuides o proveas para otros por ahora —nadie, excepto Dios. Seamos conscientes de las necesidades de los demás, especialmente de aquellos en nuestra iglesia, y consideremos cuáles necesidades podríamos suplir. Puede ser dinero o comida, o solo tiempo y energía. Quizá especialmente tiempo y energía.

Nadie espera que cuides o proveas para otros por ahora —nadie, excepto Dios.

No importa cuánto ganemos, se nos ha dado mucho. Debemos gastarlo sabia y libremente en las necesidades de los demás. Financieramente, solo sostienes a una persona. Por supuesto, ahorra modestamente para tiempos en que necesites más, pero mientras esperas, busca maneras en las que puedas proveer para otros. Mientras no tengas que comprar alimentos para cinco, cena para dos, o un sinfín de pañales, asegúrate de que tu presupuesto sea para bendecir a otros, y desarrolla actitudes y hábitos de sacrificio por otros. Esos hábitos serán de inmensa ayuda para tu futuro cónyuge y harán que Jesús brille maravillosamente ante los que te rodean.

4. Di sí a lo espontáneo

Es un hecho —el matrimonio mata la espontaneidad; no del todo, pero sí bastante. Uno de tus mayores regalos espirituales como soltero es tu . Sí a una llamada telefónica al azar. Sí a un café. Sí a ayudar con una mudanza. Sí a visitar a un enfermo. Sí a ver una película por la noche o ir a un evento. Tienes la increíble libertad de decir sí cuando las personas casadas ni siquiera pueden contemplar la posibilidad. Cuando no existe un cónyuge, no existe la posibilidad de herirlo con las decisiones abnegadas e impulsivas que hagas para servir a otros. Si te casas, no siempre tendrás la misma libertad. Debes estar dispuesto a decir sí y a ser una bendición para otros, incluso cuando no tengas un gran deseo de hacerlo.

5. Haz cosas radicales para Dios

Así como eres libre para decir sí a cosas espontáneas, también estás disponible para decir sí a cosas que requieren más de ti, y que como casado no te podrías permitir. Sueña en grande, invierte más. Planifica reuniones diarias de oración o alguna actividad evangelística que puedas hacer con regularidad. Comprométete con la enseñanza y el discipulado de varios hombres o mujeres más jóvenes que tú. Organiza un nuevo proyecto cristocéntrico de servicio a la comunidad. Haz todo lo anterior.

Con el Espíritu de Dios en ti y una resolución a invertir bien tu soltería, te sorprenderías de cuánto pueden lograr tú y tus amigos que aún no están casados.

Con el Espíritu de Dios en ti y una resolución a invertir bien tu soltería, te sorprenderías de cuánto pueden lograr tú y tus amigos que aún no están casados, especialmente cuando sueñan y trabajan juntos. Sé radical, pero no imprudente. La idea no es que te desgastes de una forma descuidada y poco sabia, así que toma decisiones en oración y en comunión con personas que te amen y sepan cuándo decirte “no”.

Dirigí un estudio bíblico en el centro de rehabilitación. Cuando aún no estaba casado, también mentoreaba a estudiantes de secundaria a través de Young Life y comencé un grupo pequeño de estudiantes universitarios en la iglesia. Fui parte de viajes misioneros a la República Dominicana, India, y Etiopía. Trabajé con otros para comenzar unas clases de inglés y un ministerio para refugiados que vivían cerca de la iglesia. En tu caso, puede ser que vivir para la gloria de Dios este año signifique enseñar en una escuela cristiana en Corea del Sur, o servir en la escuela dominical ayudando a dos o tres estudiantes con alguna discapacidad mental. Tenemos amigos que están haciendo estas cosas, y Dios se refleja hermosamente en ellos.

¿Cómo puedes utilizar tus dones para hacer algo radical o que requiera una inversión de tu tiempo para hablarle a otros sobre Jesús?


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Imagen: Lightstock.
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